miércoles, 26 de septiembre de 2012

Darkness / Saw IV: Programa doble


Miedo en el martes noche. Como si de una clásica sesión dominical se tratara tenemos un programa doble, y de terror, todos los martes noche, en la Sexta 3. En esta semana dos más. Por un lado, la oscuridad. Por otro, una nueva entrega de Saw. Nos disponemos a pasar tres horas y cuarto de terror. Comenzamos.

Darkness es una película española del año 2002. Los 102 minutos de la película  responden al género del terror y fue  dirigida por el ilustre, inquietante, exitoso  y capacitado director catalán Jaume Balagueró.  El mismo director participó activamente en el guión y lo firma conjuntamente con Fernando de Felipe. La dirección de la oscura fotografía fue obra de Xavi Giménez, mientras que la música correspondió a Carles Cases.

Como director exitoso contó con un presupuesto 10.600.000 dólares, recaudando 34.409.206 dólares ($) USA. Vamos, otro éxito para el realizador catalán, y van muchos.

La película fue protagonizada por Fele Martínez, Anna Paquin, Lena Olin, Ian Glen, Fermí Reixach, Stephan Enquist y Giancarlo Giannini. La cinta fue rodada en inglés.

Ya de por sí, los títulos de crédito anuncian que una masacre ocurrió hace tiempo, cuarenta años, en un lugar indeterminado de un área rural española. Se ve sangre, un chico que corre, unos chicos que huyen y la guardia civil buscando gente. Siete niños, gente sin rostro, un círculo que debe ser completado. Y sangre, mucha sangre...
Cuarenta años más tarde de ese luctuoso acontecimiento, una familia se instala en una casa en el campo. Escenas felices de instalación, barbacoa incluida con vecinos alejados y un familiar más, el abuelo. Con todo, el tiempo se oscurece. Mala premonición. Procede la familia de los Estados Unidos y vienen a España  ya que el padre (Ian Glen- sí, es el mismo de Juego de tronos) nació y pasó su infancia en este país. La madre (Lena Olin) trabaja como enfermera en el hospital donde trabaja su suegro (Giancarlo Giannini) como médico. La hija mayor (Anna Paquin) no está demasiada contenta con el traslado, y se plantea volver a los EE.UU. Y el hijo pequeño (Stephan Enquist) no hace más que pintar niños descabezados en su cuaderno de dibujo. La casa en la que viven está en medio del campo, sin vecindad alguna. Lo que no saben es que en ese lugar hay algo muy oscuro y antiguo, tan viejo como el mundo. Un secreto que está relacionado con un acto de pura maldad, un abominable hecho ocurrido en hace cuarenta años.

Desde el inicio vemos que el niño es quien más presiente una malévola presencia en la casa. Poco tiempo después será la hija quien detecte esa maldad en la casa. Un día de lluvia, cuando el padre lleva al hijo al colegio, entra en crisis. En ese momento nos enteramos que el padre tiene problemas de salud, de salud mental en concreto, y que ponen en peligro no sólo su propia vida, sino también la de la integridad de la familia. La hija empieza a sospechar que algo extraño sucede en esa casa. Nada es casual, tal vez todo está calculado desde el principio. Una oscuridad empieza acechar, especialmente al niño, quien incluso aparece con moratones. Éste además observa como en la habitación cuando la oscuridad lo invade todo aparecen unos niños que están muertos.  Es algo oscuro y muy antiguo que permanece inmóvil, escondido y en silencio. Sólo espera, agazapado en la penumbra durante años, trazando planes. De hecho, su medio es la oscuridad. Sólo en ella puede manifestarse y desplazarse. El padre entra en la oscuridad a través de su locura, y lo lleva a un trastero oculto. Una gramola y un cuadro lo vinculan al pasado oscuro, un pasado que va tomando vida. La locura en la casa prosigue, especialmente en el padre. La familia como entidad parece dinamitarse. El niño agredido, la madre ida, el padre desquiciado. Es la hija la única que angustiada sigue en sus cabales. Inicia acompañada de un amigo una sobre la casa. La investigación le lleva aun arquitecto que le informa que él  no levantó una casa, sino una especie de templo para una secta adoradora de la oscuridad. El vincula la secta a los asesinatos de seis niños cuarenta años antes. No sabe quien lo había financiado pero si sabe que tienen que ver con el próximo eclipse. El arquitecto no quiere decir más.

Ella tiene dudas, especialmente de su padre cada día más perdido. En un momento dado retorna a casa, tras una nueva crisis de su padre y descubre un enorme pozo o un nido en uno de los agujeros que ha realizado su padre durante una de sus crisis de locura. Ayudada por su amigo y ante un nuevo momento crítico que vive su hermano consigue la colaboración del antiguo arquitecto, el cual suministra una dirección. Sin embargo, la chica procede a pedir ayuda a la única persona que junta ahora parece sensata: su abuelo. Decide ir a casa del viejo médico, cuando está en ella recibe una llamada telefónica de su amigo, que a su vez ha recibido información por parte del arquitecto – que por cierto, es asesinado en el túnel de un metro cuando iba auxiliar a la chica y  a su amigo – le da una dirección, y ante su sorpresa y estupor, reconoce que se encuentra en ella. Es su abuelo, uno de los monstruos sectarios que propuso la creación de la casa. Reconoce que efectivamente fue él, uno de los siete miembros que decidieron sacrificar a sus hijos en honor a la oscuridad y su malvada fuerza. Escucha con asombro como el único chico que se salvó fue precisamente su padre, puesto que el no cumplía una de los elementos del rito: no quería a su hijo. Pero ahora, 40 años más tarde, es su hijo que no su hermano el que debe morir en la casa-santuario. Mientras en la misma, el padre desquiciado parece haber agredido al niño, la madre incapaz logra salvarlo momentáneamente. El abuelo – que previamente ha anulado al amigo de la hija-  libera en tanto a su nieta para que sea ella quien ejecute el plan. Su llegada a la casa coincide con el caos más absoluto. Su padre en un delirio completo, el  hijo arrebatado por los niños de la oscuridad, la madre perdida en la misma y sin luz. La oscuridad se expande, el padre en su locura decide atiborrarse de medicamentos, sufriendo un atascamiento traqueal. La madre médico procede a realizar una traqueotomía. Están en el salón nido. Al no tener valor, es la hija quien lo realiza. Pero la oscuridad es poderosa, haciendo desaparecer el tubo para la traqueotomía, por lo que el padre muere desangrado, secuestra al pequeño y aliena a la madre. Ella se enfrenta con valor consiguiendo recuperar a su hermano, pero “Darkness” tiene una capacidad de transformación increíble y consigue transformarse en su madre ante los hermanos, en la hija ante la madre y en amigo salvador, ante los hermanos. Vemos como muere la madre, como acaban con el doble de la misma, pero el amigo salvador que llega en coche es nuevamente una transformación de la oscuridad. Y hacia ella se dirigen, ahora transformándose en túnel. La oscuridad puede con todo... y con todos.

La crítica estadounidense la criticó duramente, calificándola como "oscura en todos los sentidos". Eso no impidió que ganara en la sección oficial largometrajes a concurso Festival de Sitges de 2002.

En España, M. Torreiro en el Diario El País dijo de ella que "Tiene Darkness, junto a tonterías de guión propias de un principiante (...) y abusos en el empleo de ciertos recursos (...) un buen pulso narrativo (...) y un empaque visual que la hacen un producto atractivo".

Sin solución de continuidad comienzan los títulos de crédito de la segunda película. Por cierto, espectacular el de una de las productoras con su tornillo y su alambre. Claro así se explica uno la complejidad de las máquinas ideadas por ese ingeniero que como enfermo terminal actúa como un terminator.



Saw IV es la cuarta película de la saga Saw y continúa, al parecer, con la historia ya referida de  Saw III, que por cierto, me he saltado. Prosigue la historia exterminadora de Jigsaw, un asesino y su obsesión por enseñarle a la gente el valor de sus vidas.

Saw IV fue dirigida por el director de Saw II y Saw III Darren Lynn Bousman. Junto a él se encuentran los co-creadores de este mina cinematográfica que parece no tener fin (estamos en la siete) James Wan y Leigh Whannell regresando como productores ejecutivos a los que se suman Mark Burg y Oren Koules. A diferencia de los tres primeros filmes, Saw IV no fue escrita por Wan o Whannell, sino por Marcus Dunstan y Patrick Melton; Basado en un argumento de los anteriores y Thomas Fenton.

La música es del tradicional de la serie, Charlie Clouser. La fotografía es David A. Armstrong  y el montaje Kevin Greutert.

Los protagonistas es el sempiterno  y malvado Tobin Bell al que se suman Lyriq Bent (Sargento Rigg), Scott Patterson (Agente Peter Strahm), Costas Mandylor (Mark Hoffman), Justin Louis (Art Blank) Betsy Russell (Jill Tuck), Athena Karkanis (Agente Lindsey Pérez), Donnie Wahlberg (Eric Matthews) y Sarain Boylan (Brenda).

La Productora fue Lions Gate Entertainment  contó para el filme de 10.000.000 de dólares US$.
Durante una excesivamente descriptiva autopsia del malvado John Kramer, fue encontrado en su estómago un Microcassette recubierto de cera. La cinta iba dirigida hacia el detective Mark Hoffman, y ésta le informa que será puesto a prueba y que los juegos van a continuar.
En paralelo, y en una sala, dos desconocidos, Trevor y Art Blank, despiertan encadenados por el cuello a un Cabrestante. Los párpados de Trevor están suturados, al igual que la boca de Art, haciendo que la comunicación entre ambos sea imposible. Cuando se activa el cabrestante, el pánico hace que Trevor desde su ceguera ataque a su aparente oponente,  y Art se defienda. Art parece tener ventaja y lo mata, recogiendo así la llave para su liberación.
En otra escena en paraleo, el sargento Rigg y el detective Hoffman encuentran el cadáver de la agente Kerry. Al poco tiempo llegan dos investigadores del FBI: Peter Strahm y Lindsey Perez. Debaten acerca de cómo John o Amanda pudieron poner el cuerpo de la Detective en ese lugar (ya que se encontraba atada de los brazos a unas cadenas) ya que John tenía cáncer y Amanda era una mujer de tamaño menor a la detective.
El objetivo del juego en este Saw IV es el Oficial Rigg, al que vimos con total protagonismo en la segunda entrega, quien tiene una obsesión por salvar la vida de las personas. El reto consiste en que tiene 90 minutos para llegar a una habitación donde están el Oficial Eric Matthews – protagonista igualmente en la segunda entrega- , el Forense Hoffman, y Art Blank. Pero para llegar a ese lugar debe pasar por unas pruebas previas, donde hay gente en peligro. El común denominador son que todos aquellos a los que tienen que salvar han cometido delitos anteriormente.
Mientras los dos investigadores del FBI,  Peter Strahm y Lindsey Perez, siguen pistas que los conducen con la ex-esposa de Jigsaw, Jill Tuck. Entretanto, Rigg es atacado en su casa, lugar en el cual comienza el juego para Rigg.
El Oficial Rigg despierta en la bañera de su casa, después un televisor se enciende y la mascara de Jigsaw le dice que tiene la oportunidad de enfrentarse a su obsesión, pero solo tiene 90 minutos antes de que el Detective Matthews y Hoffman mueran. La trampa de Matthews y Hoffman consiste en una especie de caja metálica, en cuyo extremo izquierdo hay un gran bloque de hielo, sobre el cual está atado del cuello el Detective Matthews, mientras que del extremo derecho está Hoffman en una silla, atado de brazos piernas y con un trapo en la boca para que éste no hable, al lado de él se encuentra un aparato eléctrico. La "caja" está un poco inclinada hacia la derecha, de modo que a medida que el hielo se derrita, el agua bajará hacia donde Hoffman. En 90 minutos el hielo se descongelará, haciendo que Detective Matthews muera ahorcado debido a que la base de hielo desaparecerá, y provocando simultáneamente la muerte de Hoffman, ya que el agua bajará y alcanzará el aparato eléctrico, provocando así la muerte de Hoffman por electrocución. A la vez, Art Blank está involucrado en un juego, en el cual para que todos sobrevivan, Rigg debe llegar en los 90 minutos de tiempo.
Después, éste entra a una habitación donde una mujer con máscara de cerdo está amarrada. Después un televisor se enciende, en el que dice que debe "Ver lo que yo Veo" y que la puede salvar o irse. Para salvarla, debe encontrar la combinación de una máquina que le irá retorciendo el cabello hasta desangrarla. El Oficial Rigg empieza a buscar pero al no encontrar nada le dispara a los engranajes, esto detiene la máquina momentáneamente, pero después la máquina sigue pero mas rápida. Él busca la combinación en los engranajes y la salva, pero la mujer queda con el cuero cabelludo destrozado. Rigg se va a buscar algo para curarla, pero cuando llega la mujer tiene un cuchillo. Éste, al luchar con ella la tira contra un vidrio y la mata. Rigg, posteriormente encuentra una cinta que va dirigida a la mujer, que se llama Brenda, en la que dice que un oficial va a salvarla, pero que ella puede escoger entre ser arrestada o matar al oficial. Después Rigg ve en el cuchillo de la mujer la letra "G" y 2 llaves, una del "Motel Alexander", y otra desconocida. Mientras la policía recibe una denuncia de la casa de Rigg. Los agentes Peter Strahm y Lindsey Pérez se dirigen a ella.
Rigg entra en el Motel Alexander donde un portero, el dueño,  juega con su perro. Sube a la habitación, donde una cinta le dice que debe secuestrar al dueño. Después de llamar a Iván – el dueño- lo retiene. La pide que abra una puerta que dice "Siente lo que yo Siento". Al abrirla un televisor se enciende y se ve una grabación del dueño violando a una mujer. Rigg le dice que se encadene. Iván lo obedece y se encadena, luego Rigg le da unos martillos. Para vivir, Iván tiene que quitarse los ojos. Antes de salir, Rigg ve la letra "G" en una cadena, después Iván presiona un martillo y se quita un ojo en el segundo 45, luego va a presionar el segundo pero la máquina se activa y le quita los brazos y las piernas. Iván muere y su cuerpo será encontrados por los dos investigadores del FBI.
Rigg se dirige a una escuela que está cerrada, donde tuvo su primer caso. En el pasado, en esa escuela, una niña (Jane), se negaba a testificar que era maltratada por su padre (Rex), al igual que la esposa del hombre (Morgan). Allí Rigg encuentra dos cuerpo, los de Rex y Morgan. Ella se despierta y le cuenta a Rigg que ha sobrevivido a una prueba. La prueba fue primero para la mujer, que se despertó colgada del cuello junto a su esposo. Al descubrirse así se llaman. Estaban atravesados por alfileres enormes. La mujer los tenía en puntos poco importantes de su anatomía, pero a su espalda el marido los tenía en puntos vitales, tales como sus arterias principales. La grabación de Jigsaw se lo hace saber y le dice que si los aceros que la laceran, moriría el hombre, si no, moriría su esposa desangrada. La prueba era para ver si podía separarse de aquello que la dañaba tanto. Al llegar Rigg, en la pared estaba escrito "Salva como yo Salvo", él tenía que juzgar si ella había pasado la prueba y liberarla con la segunda llave. Los cuerpos de ambos serán encontrados por los agentes del FBI.
En ese mismo edificio el agente Peter Strahm y la agente Lindsey Perez encuentran el muñeco de Jigsaw. Escucha la grabación, tras la misma se explosiona una trampa que tenía y le dispara a la agente en la cara, haciendo que sea llevada al hospital.
Finalmente, Rigg se debe enfrentar a su obsesión, deduce donde estaban sus valorados agentes y va al Edificio Gideon, lugar donde los secuestraron. Al acercarse más a la habitación, encuentra una caja, la cual contiene una pistola y un cartucho para ésta. Mientras continúa, se topa con un pasillo, en el cual están todas las frases anteriormente vistas en las víctimas que Rigg juzgó. Luego, un flashback hace recordar a Rigg algo que Jigsaw le dijo al iniciar su prueba "no puedes salvarlos, sólo ellos pueden salvarse".
En el momento en que Rigg está por abrir la puerta, Art Blank le entrega una pistola al Detective Matthews, luego, Art dice: "El tiempo casi se acaba, pronto seremos liberados". Justo en ese momento, Art voltea hacia la puerta, y ve la silueta de Rigg, observa el cronómetro y aun faltaban 5 segundos para que el juego terminara. Matthews, sorprendido y desesperado, le dispara a la silueta de Rigg. Instintivamente, Rigg abre la puerta, disparándole a Art, hiriéndolo, pero justo en el momento en que Rigg abre la puerta, se desata un seguro atado a dos bloques inmensos de hielo, los cuales se liberan matando al Detective Matthews, ya que estos le aplastan la cabeza.
Todo ocurrió por culpa de la obsesión de Rigg por salvar al Detective Matthews. Finalmente, Art le replica a Rigg que Jigsaw lo puso a prueba y este le dispara en la cabeza a Art. Este último cae al suelo con una cinta en la mano. En esta cinta Jigsaw le dice que si está escuchando esto, es porque falló la prueba, que su obsesión por salvar a la gente lo perjudicó, porque hizo cosas sin pensar, y que ellos se tenían que salvar a sí mismos, si hubiera obedecido esto, Eric estaría vivo.
Mientras escucha la cinta, el Detective Hoffman se pone de pie, descubriéndose como el nuevo aprendiz de Jigsaw. Hoffman se acerca a Rigg, desconecta las computadoras y se dirige a la puerta de salida, abandonando a Rigg diciendo "Fin del Juego" (Game Over en la versión Americana).
Mientras ocurría todo esto, el Agente Strahm estaba buscando a Rigg, y llega al cuarto donde yacían muertos Jigsaw, Amanda, Lynn y Jeff, este último aún con vida - en ese momento señala la Wikipedia que se muestra que los eventos ocurridos en Saw IV ocurren simultáneamente con Saw III. Jeff es asesinado por Strahm como modo de defensa. En eso llega Hoffman y deja encerrado a Strahm con los 4 cadáveres que hay en esa habitación.
Tiempo después, se revela que todo fue el recuerdo de la prueba que tuvo Hoffman mientras escuchaba la cinta que Jigsaw tenía en su estómago al principio de la película.
Como vemos un nuevo y brutal caos. El único detalle de relevancia es descubrir los inicios de la locura de John Kramer / Jigsaw y vincularlos a la pérdida de su descendencia por culpa del desgraciado accidente que sufre su mujer por parte de un drogadicto al que ayudaba en su terapia. Vemos como irá perdiendo la cabeza, con ella pone fin a su aparente feliz matrimonio, su venganza brutal al causante del aborto, y su enfermedad y accidente posterior. No apta para cenas pesadas.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Ella portaba una cinta amarilla


Hace años se hizo famosa una canción que iba sobre una cinta amarilla. La cinta amarilla hacia referencia a las cintas que colocaban los familiares o novias de los solados norteamericanos que estaban en el frente, creo que de Vietnam. Sin embargo, en esta ocasión la cinta amarilla hace referencia a la que porta Olivia Dandridge en su pelo con el objeto de mostrarle a su amado, que piensa en él. Hasta el final no sabremos quién es. Es evidentemente un toque de lirismo de John Ford, ese director tuerto que decía que sólo hacía western. Esta claro que no decía la verdad, hacía muchas cosas más que películas del oeste. Dirigía películas de amor, de compañerismo, de comedia, de irlandeses, de pobreza, de grandeza, de venganza o de respeto al pasado. En resumen, hacía películas, grandiosas películas que han pasado a la historia como clásicas y de las que ya hemos realizado alguna mención como aquella del “Hombre tranquilo”. 

La película conocida en España como “La legión invencible” y que llevaba como título original “She Wore a Yellow Ribbon”, es decir, “Ella lleva una cinta amarilla”, es una película de 1949 protagonizada por John Wayne y dirigida por John Ford. La producción estuvo en manos del propio Ford y de Lowell J. Farrel y Merian C. Cooper para la Argosy Corporation y la RKO, compañía que la distribuye. 

El maestro Ford se basó en un guión de James Warner Bellah. Especial relevancia tiene el capítulo de la música y, sobre todo, de la fotografía que estuvo a cargo de Richard Hageman y de Winton C. Hoch, respectivamente y que desarrollaremos más tarde. 

La película de 103 minutos de duración está protagonizada por parte de la “troupe” de Ford, formada en este caso por John Wayne, Joanne Dru (Olivia Dandridge) , John Agar (Lt. Flint Cohill) , Ben Johnson (Sargento Tyree) , Harry Carey Jr. (2nd Lt. Ross Pennell), Victor McLaglen (Top Sgt. Quincannon), Mildred Natwick (Abby 'Old Iron Pants' Allshard), George O'Brien (Major Mac Allshard) y Arthur Shields (Dr. O'Laughlin) y Jefe John Big Tree ( Chief Pony That Walks).

La acción se sitúa en 1876, unos meses después de la derrota de Custer, en un territorio desértico castigado por los indios que ahora tras la victoria en Little Big Horn están envalentonados. Después de la muerte de George Armstrong Custer en 1876, parte del 7º Regimiento de Caballería se encuentra bajo el mando del capitán Nathan Brittles (John Wayne), un oficial al que en seis días pasará al retiro en el fuerte Starks. Tras ello abandonará definitivamente la vida militar. 

Es el capitán Nathan Brittles un viejo oficial abatido dada su retirada y sin un destino claro por carecer de un sitio donde ir y con quien ir. Se lo está pensando y parece optar por California, pero podría ir a cualquier lugar o a ninguno. Se retira del ejército y mira hacia atrás con nostalgia y con tristeza (su mujer está muerta y parece que sus hijos está enterrada en el fuerte. 

El futuro es de pura soledad, su única familia es la que vive en el fuerte. En esta semana debe realizar su último servicio: conducir a Sudross Weells a Abby (Mildred Natwick) la esposa de su superior, el mayor Mac Allshard (George O'Brien), , y a la sobrina de éste, Olivia Dandridge (Joanne Dru) para que aborden una diligencia con rumbo al este del país. También se le recomienda expulsar a nativos cheyennes que con otras tribus (kiobas, apaches, comanches,…) merodeaban en la zona que acaban de asaltar la diligencia que traía al pagador del ejército; la encomienda no satisface al capitán Nathan Brittles y muy a pesar de las protestas de éste la realiza. 

Antes de salir Olivia se pone, además de un traje que llama la atención del capitán (“Permítame que le diga que lleva usted la vestimenta más asombrosa que jamás he visto” ), un lazo amarillo en honor de su enamorado. Enamoramiento que se disputan desde antes de la salida dos tenientes, Lt. Flint Cohil (John Agar) y Ross (Harry Carey Jr.). 

Desde la salida el camino se presenta dificultoso en parte por la pesada carreta que ralentiza el paso, en parte por lo abrupto del terreno y la presencia de los indios que aparecen desplazándose, al igual que los bisontes. Del grupo sale un observador y, a su vez, recibe a un grupo de soldados que son perseguidos y atacados por los indios. Al llegar al punto de partida de la diligencia el puesto ha sido atacado. 

Al final misión se ve frustrada por acciones bélicas de los nativos. Entre medias se ve como un intermediario que intenta vender los rifles de repetición es asesinado por los indios. Además, tratará de alcanzar el tercer objetivo de su misión. 
De regreso en el fuerte Starks con parte de la compañía y con las damas, Brittles quiere volver por una patrulla que ha dejado al mando del teniente Flint Cohill (John Agar) en Paradise River. Sin embargo, el Mayor Mac Allshard se lo impide pues esa noche pone fin a su vida como militar. Desoyendo en parte las órdenes del mayor y sabedor que todavía le quedan unas horas como capitán, decide el arresto de su compañero de armas el Sgt. Mayor Quincannon (Victor McLaglen), al que también le quedan unas semanas como militar para protegerlo. El capitán se marcha en apoyo de sus hombres, y trata de llegar a un acuerdo de paz con los nativos y logra entablar conversaciones con Pony-That-Walks (Jefe John Big Tree), sin éxito. El jefe de dice, además de su cercana senectud, "Tú venir conmigo. Cazar muchos búfalos. Emborracharnos juntos. ¡Aleluya! ¡Aleluya!". Pero no puede impedir la guerra. 

Ante el fracaso, decide embestir a los indios quienes al final son forzados a regresar a sus reservas. Tras despedirse un mensajero lo retiene en el camino pues en el fuerte Starks, Brittles ha recibido una carta del Departamento de Guerra del país con un nuevo nombramiento y un ascenso como nuevo oficial de mayor rango. A su llegada al fuerte una fiesta se celebra en su honor, tras el baile de rigor, el se retira para volver a regar las flores de la tumba de su mujer y un elogio a la caballería pone fin a la película. 

Se trata de la segunda película de la "Trilogía de la Caballería", del tándem John Ford y John Wayne—después de Fort Apache (1948) y antes de Río Grande (1950)—. El título original está tomado de la segunda estrofa del himno que acompaña los créditos iniciales. Obtuvo el Oscar a la mejor fotografía en color. 

Miguel Ángel Palomo en el Diario “El País” dijo de ella que era "De insólita belleza plástica (...) una de las películas de Ford más amargas y radicales. Una obra maestra." Brendon Hanley en Allmovie señaló que «La segunda de la 'trilogía de la caballería' de John Ford y John Wayne le otorga a Wayne la oportunidad de demostrar su talento como actor, y no desilusiona». 
Paul Brenner en filmcritic.com dijo «El desempeño de John Wayne demuestra sin ninguna duda que es un gran actor» e igualmente señaló que «A pesar de sus evidentes defectos, La legión invencible se sobrepone, y concluye rebosante del western tradicional». 
La legión invencible es un western melodramático realizado al mejor estilo de John Ford. La obra constituye un homenaje a la caballería, a la importancia de su misión en la creación del país, a los enormes sacrificios asumidos por sus hombres. 

El protagonista encarna las virtudes del cuerpo: lucha sin tregua, planea las acciones con inteligencia, las ejecuta con precisión, vela por la seguridad de los hombres y practica la constancia hasta sumar 40 años de servicio. Pese a su fuerza, es un ser humano que lleva en el alma el desgarro de la pérdida de su mujer e hijos, cuya sepultura visita con frecuencia. La próxima jubilación será su último calvario: fuera del batallón no tiene nada. 

La obra combina momentos épicos (salida del batallón del fuerte, dispersión de los indios, galopadas de Ben Johnson), los humorísticos (roces de Flint y Pennell, y sobre todo la acciones del sargento borrachín y pendenciero Quincannon) y líricos (visitas del capitán al camposanto). El homenaje a la caballería incluye una apuesta clara por la paz. "Somos viejos para hacer la guerra, pero podemos impedirla", le dice Brittles a Caballo Loco. 

La fotografía, ganadora del Oscar, es de Winton Hoch, un habitual de Ford, que consigue probablemente algunas de las imágenes más bellas , cosa que también hizo en "Centauros del desierto", que se han rodado estéticamente en los westerns. La fotografía, en la que Ford puso especial interés, aporta una narración visual deliciosa, ambientada en "Monument Walley" de Utah y Arizona. Es el “The Ford Country” o como lo llamaron los indios navajos a un saliente de su paisaje con el nombre de “John Ford Point”., filmado como nunca hasta entonces. Un paisaje sometido a tormentas, cubierto por la nieve o simplemente rodado con unos colores rojos intensos que dibujan un crepúsculo fascinante. Pero también son esos caballos, que sudan, que miran a la cámara, que respiran y que actúan como protagonistas principales de esta historia conciliadora y que Ford usa, en muchos momentos, para cerrar definitivamente la brecha de la contienda civil visible en el entierro de un antiguo soldado del sur o en el respeto que siente Brittles por el hombre del sur que es el Sargento Tyree. 

Ofrece la película escenas de acción muy bien construidas y un dibujo bellísimo. Cada fotograma parece un cuadro extraído del museo de Frederic Remington, afamado pintor americano del XIX, inspirador de la estética del film. La dirección de la fotografía corrió a cargo del galardonado Winton Hoch ("Centauros del desierto"). 

La música exalta la acción con solemnidad, aporta himnos militares interpretados a coro, melodías suaves (soledad) y festivas (bailes). La banda sonora, excelente, de Richard Hageman que combina lo popular y tradicional con lo lírico. El guión se basa en el relato "War Party" de James Warner Bellah. En el libro de Scott Eyman “John Ford. Filmografía completa”, publicado por la Editorial Taschen, descubrimos que “la legión…” refleja las virtudes líricas de Ford. Según Scott Eyman, "La legión invencible" es una acumulación de viñetas, algunas de ellas bellísimas. Y es una de las películas más coloristas de Ford, con lo que éste suple un guión poco cohesionado. Se trataría de una balada lírica -como dice Eyman-, con la que se disfruta con la fotografía maravillosa de Winton Hoch, con escenas tan memorables y reconocidas como la de la tormenta o la del entierro con la bandera de la Confederación, y con esa narración sencilla que preside las películas de Ford. Podríamos decir que esta película es poesía, y como tal hay que entenderla. Ha dicho Javier Coma, gran estudioso de la obra de Ford, en su libro “La gran caravana del western”, que esta cinta es el vértice artístico de la llamada Trilogía de la Caballería No hay que perderse la escena inicial con los caballos de la diligencia desbocados, ni como el protagonista le da las últimas novedades a su mujer enterrada mientras riega las flores de su sepultura, y la del retorno al fuerte tras su jubilación. Los bailes, los funerales, los cementerios, la tropa en marcha…elementos comunes en una filmografía que elogia los valores tradicionales y de los que Ford se sentía orgulloso y defensor: la familia, el honor, la solidaridad, el respeto por los pueblos indios o la posición de mujer como elemento primordial en la sociedad.
No es un western de acción, sino un poema que muestra con melancolía los últimos días del capitán Nathan Brittles, fijándose con sencillez en la vida cotidiana del ejército. Si en ""Fort Apache"", el tono del film era mayoritariamente épico, en éste predomina el lirismo, la nostalgia, e incluso la elegía, con un retrato mucho más intimista y con menos concesiones a las escenas de acción. 
Capítulo aparte merece la interpretación de John Wayne que, a mi entender, es una de las mejores de toda su carrera. La soberbia interpretación de John Wayne, envejecido y encanecido por exigencias del personaje, es una de las mejores de su filmografía. La dirección demuestra sabiduría en el movimiento de actores y en la fluidez de una narración que traspira humanismo. 
John Ford no priva a esta película de su mirada mitómana, en este caso, en torno al ejército de caballería pero en cada plano, incluso en los más dinámicos, predomina la mirada afligida del capitán. Una mirada de viejo que juzga la vida como algo breve, que se escapa en un abrir y cerrar de ojos. 
La película cuenta con la "gran familia" de Ford, ya que así consideraba que un film salía adelante, con su grupo de guionistas (Nugent y Bellah son un lujo), compositores, fotógrafos, actores (extraordinario McLaglen), toda gente de confianza, tal y como sucede con la camaradería del ejército. 
Sin embargo, frente a estas secuencias en las que Ford vuelca todo su lirismo y sentimientos más profundos, destaca cierta concepción cíclica, en la pequeña subtrama paralela que implica a la joven Olivia (Joanne Dru) sobrina del mayor Allshard (George O'Brien), cuyos favores se disputan los jóvenes tenientes Flint (John Agar) y Ross (Harry Carey Jr.). Ford lo utiliza en un doble sentido, primero desde el punto de vista de Nathan, quien no puede evitar recordar los viejos tiempos, y al mismo tiempo proporciona un hilo de continuidad, una especie de relevo. Todo ello aderezado con las típicas secuencias de "descanso" en las que el film cede su protagonismo al siempre excelente Victor McLagen, interpretando al fiel escudero del capitán, y que compartirá con él el obligado retiro. Sin olvidarnos de los tradicionales bailes, una constante en el cine del genial director de origen irlandés. 
La acción está en este film algo más subordinada, aunque el director se sirve de ella para proporcionarle al capitán Brittles una despedida honrosa. Ford vuelve a exaltar los valores más puramente castrenses como la camaradería. Quizás use un tono un tanto idealizado, pero que sin lugar a dudas conecta con todo el lirismo que destila el film. También es cierto que circula un cierto pesimismo, y una sensación amarga, por la forma en la que el ejército trata a sus soldados, quienes a pesar de haber entregado toda su vida al ejército, éste no es capaz de corresponder a tan grande sacrificio. 
La película es un homenaje al legendario Regimiento del 7º de Caballería, la U.S Cavalry, considerada una legión invencible y a su conocido himno titulado "Garry Owen". Este regimiento de los EE.UU. todavía existe, como es obvio hoy en día no es a caballo sino que ha sido reconvertio en una unidad de infantería mecanizada; pero eso sí, mantiene la vieja tonada irlandesa de "Garry Owen" como su himno oficial. Tal es así, que incluso a los miembros de ese cuerpo se los conoce como los "Garry Owen" canción que puede oírse al principio y más adelante también a lo largo de la película. 


Let Bacchus' sons be not dismayed But join with me, each jovial blade Come, drink and sing and lend your aid To help me with the chorus: Instead of spa, we'll drink brown ale And pay the reckoning on the nail; No man for debt shall go to jail From Garryowen in glory. We'll beat the bailiffs out of fun, We'll make the mayor and sheriffs run We are the boys no man dares dun If he regards a whole skin. Our hearts so stout have got no fame For soon 'tis known from whence we came Where'er we go they fear the name Of Garryowen in glory. 

La película tuvo un presupuesto de 1,6 millones de dólares y generó por venta de taquillas la cantidad de 5,4 millones de dólares , más 2,7 millones de dólares por la venta de alquiler en los videoclubes, además recibió dos nominaciones a diferentes premios y/o festivales de cine 
Además es el comienzo de un subgénero dentro de las películas del oeste, como es el llamado “western crepuscular”, que queda inaugurado con esta maravillosa película y que se haría muy popular en la década de los sesenta y sobre todo setenta. Este crepúsculo se verbaliza en el diálogo magistral con el jefe indio: "Somos viejos para hacer la guerra pero podemos impedirla".

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Más de los mismo en Saw II

Saw II es una película norteamericana estrenada en el 2005 que se encuadra en el género de terror y la primera secuela de la película Saw. Fue dirigida y escrita por los australianos Darren Lynn Bousman en colaboración del co-escritor de la primera parte, y Leigh Whannell.

Como hemos dicho la dirección correspondió a Darren Lynn Bousman, mientras que la producción fue de Mark Burg, Gregg Hoffman y Oren Koules quienes invirtieron 4.000.000 de dólares ($) para la productora Lions Gate Entertainment. El guión lo firmó el propio director Darren Lynn Bousman y viene a ser tan complejo como el primero, también formado por Leigh Whannell.

La música es de Charlie Clouser, Marilyn Manson, Papa Roach y Buckethead. La fotografía estuvo a cargo de David A. Armstrong, mientras que del montaje se encargó Kevin Greutert.

Los actores protagonistas son Tobin Bell (Jigsaw / John Kramer),        Shawnee Smith (Amanda Young), ambos procedentes de la película inicial. Igualmente participan el detective Eric Matthews (Donnie Wahlberg),  Erik Knudsen como su hijo Daniel Matthews; el brutal Xavier interpretado por Franky G; la compañera de suplicio de Daniel, Addison Corday que es realmente Emmanuelle Vaugier. Participan igualmente Dina Meyer (Detective Allison Kerry) , Glenn Plummer        (Jonás), Beverley Mitchell (Laura), Timothy Burd (Obi), Lyriq Bent  como el Sargento Rigg, Noam Jenkins como Michael, Tony Nappo (Gus), John Fallon (Tech), Leigh Whannell  (Adam Stanheight)

La película se inicia cuando Michael Marks, una especie de delator policial, despierta en una habitación solo, semidesnudo, con un ojo lastimado y un dispositivo alrededor de su cuello similar a un casco metálico dividido en dos con clavos en su interior. La televisión se enciende y aparece el títere Jigsaw, quien le explica (mostrándole imágenes de Rayos X) que tiene sólo un minuto para perforar su ojo con un bisturí y sacar la llave de la máquina que lo libraría de una muerte segura.
Al ser incapaz de cortarse el ojo, Michael grita ayuda desesperadamente hasta que el dispositivo se cierra haciendo que los clavos entren su cabeza, rostro y cráneo. El hombre muere.

En paralelo encontramos como el detective Eric Mathews está sacando a un joven de una comisaría. A la salida de la misma, Eric echa en cara a su hijo que deje de meterse en líos, mientras el hijo le reprocha que habla más como policía que como padre.

Al llegar la noche, el detective Eric Mathews, arrepentido por ser tan severo con su hijo adolescente, decide disculparse con su hijo pero a pesar de llarle no logra contactar con él. Con todo es interrumpido por la detective Kerry, quien le informa sobre otra víctima de Jigsaw. En la escena del crimen, el cadáver resulta ser Michael, revelándose que se trataba de un informante del detective Eric. Además de que en la escena del crimen también encuentran una pista, una pintada en el techo, que involucra al detective Mathews.

En la comisaría, Eric, tras recordar un detalle en el video de Jigsaw, resuelve el acertijo y localiza la guarida del salvaje y maalvado Jigsaw. Junto a un escuadrón y la detective Kerry los policías llegan hasta una fábrica abandonada que resulta ser la guarida secreta de Jigsaw. En dicha fábrica, uno de los policias cae herido, aunque de inmediato el asesino sorprendentemente no opone resistencia y se deja capturar. Sin embargo, al ser arrestado el maniático les advierte que deben preocuparse más bien por otra cosa, señalando una segunda habitación. Kerry se dirige a la habitación encontrando un reloj en cuenta regresiva y unos monitores que trasmiten en vivo a ocho nuevas víctimas encerradas en una habitación, entre las cuales se encuentra Daniel, el hijo de Eric.

Kerry le sugiere a Eric que acceda a las exigencias del asesino (básicamente hablar con él a solas), mientras el equipo se encarga de descubrir el origen de las transmisiones y resolver el enigma detrás del reloj inverso. Jigsaw, quien prefiere ser llamado “John”, le explica a Eric que su juego sólo consiste en quedarse con él y esperar a que el tiempo se termine. Durante su conversación, Jigsaw indaga incansablemente en el carácter algo brutal del detective, tratando al parecer de que éste comprenda por qué actúa como lo hace en su vida y de que trate de comprender, a través mayormente de metáforas y razonamientos, un poco lo que ha significado para el ver tan distorsionada su vida, todo acompañado de unas pocas aseveraciones morbosas, tanto en sentido directo como figurado. Da a entender al detective que no merece recuperar a su hijo porque lo único que lo mueve a intentarlo son sus propios intereses; cosa que según Jigsaw se demuestra en que sólo al verlo a punto de morir en esa casa se preocupa por él, ignorando todo lo que había sufrido antes de llegar allí. Pero el detective, preocupado por el bienestar de su hijo, se dirige a ver qué sucede en los monitores.

En la casa abandonada y en una sala las ocho víctimas intentan descubrir lo que sucede, pero una de ellas, quien resulta ser Amanda, víctima a la que conocimos en la anterior versión de Saw, es la que encuentra la cinta de Jigsaw. La siniestra voz les explica a las personas que la casa está cerrada y que se abrirá en tres horas, pero que el veneno tóxico que respiraron mientras dormían los matará en dos, de manera que el grupo debe recolectar los antídotos escondidos en la casa. Si bien en un principio el grupo se negó a seguir las reglas, al descubrir que quebrantarlas significaría su muerte las víctimas se abren paso por la casa pasando por diferentes habitaciones llenas de trampas para alcanzar los antídotos. Lo comprueban de inmediato cuando uno de ellos utiliza una llave que no sirve para abrir la puerta. Un disparo al ojo pone fin a su vida.

No obstante, dicha experiencia solo los reduce en número y la evidente falta de confianza entre todos crece hasta que el grupo se divide. Conforma avanza por el edificio van cayendo en parte por la propia brutalidad del grupo. El grupo en el que se encuentra Daniel descubre que la razón por la que fueron reunidos por el asesino es porque todos fueron atrapados por el mismo detective: Eric Mathews, quien los incriminó cruelmente de tráfico de drogas, llegando incluso a falsear evidencia con el fin de atraparlos.

De regreso en la sala de centro, el más violento de las víctimas llamado Xavier, se entera de que uno de los tantos acertijos de Jigsaw relacionado con la combinación de una caja fuerte detrás de las mentes de todos es literal. En consecuencia el hombre comienza a escudriñar inmoralmente los cadáveres de sus fallecidos compañeros y a asesinar cruelmente a los vivos con el fin de conseguir todos los números de los fallecidos. El de hecho se convierte en un auténtico exterminador poniendo fin a la vida de varios de sus compañeros de cautiverio (golpes con palos de pinchos, cuchillos,etc…). Alguna muere desangrada (una yonqui)  intentando recuperar el antídoto, otros por efectos del gas. Hasta que solo quedan Daniel y Amanda, quienes se ven en la obligación escapar de él.

El detective Eric completamente desesperado por ver dichas escenas, comienza a golpear y torturar a Jigsaw, mientras este no vacila en seguir tratando de herir sus sentimientos, hasta que el asesino, finalmente aprisionado y a punto de que Eric lo mate, le sugiere la oportunidad de ir hasta la casa pero con la condición de ir ambos solos y en secreto. El detective acepta y los dos se dirigen hasta la casa abandonada.

De regreso en la casa, Daniel y Amanda descubren una puerta secreta y tras escapar por esta, ambos llegan hasta el mismo baño de la entrega anterior, topándose con el cadáver momificado de Zep, y el supuesto cadáver de Adam y la pierna de Dr. Gordon en putrefacción. Xavier finalmente aparece en el mismo baño preparado para matarlos y después de comprender que él tiene grabado igualmente un número, decide cortarse una parte de su nuca con tal de descubrir su propio número. Cuando culmina esta atrocidad es asesinado por un Daniel que parece que había muerte por efectos del gas.

El escuadrón policíaco descubre el origen de la señal y se dirigen hasta el mismo lugar. Pero al llegar los policías descubren que las “transmisiones en vivo” no eran otra cosa más que videos reproduciéndose. En la fábrica abandonada, el tiempo marcado en el reloj se acaba y una caja fuerte existente en la misma se abre. En su interior se encuentra un desconcentrado Daniel.

Mientras, Mathews y Jigsaw llegan a la verdadera casa abandonada y, una vez adentro, Eric llega al mismo baño pero allí solo encuentra una persona con máscara de cerdo quien le pincha y lo seda. Al despertar Eric descubre que está encadenado y una cinta con la voz de Amanda quien le explica que perdió su juego con Jigsaw, además de revelarse como la aprendiz y sucesora del mismo. Acto seguido aparece Amanda, quien encierra a Mathew tras declarar “Fin del juego”. La última escena muestra a un Jigsaw desfigurado en el auto de Eric sonriendo.

La película como vemos sigue el hilo de la primera, con menores sorpesas e igual brutalidad. Por lo que una semana más tarde, y en la Sexta 3, vimos más de lo mismo, pero en su segunda parte.

martes, 18 de septiembre de 2012

La estrechez de la Calle Mayor

Hay películas que son grandes, pero que pasan en silencio al olvido. El cine español de los 50 produjo grandísimas obras. Era una industria como siempre afirmaron Berlanga o Fernando Fernán Gómez. Hoy los grandes son otros (Almodóvar, Amenábar o el director de Torrente). Los de antaño han pasado al olvido más absoluto. Ni cine barrio se acuerda de ellos. El blanco y negro es una especie de tiña. No es imaginable en un horario entre seis y nueve de la noche. Trabajo cuesta pensar que algunos grandes, grandísimos, como Berlanga, Bardem han pasado al olvido más absoluto.

Hace años muchos, muchos años, hubo un programa de televisión que presentaba Fernando Méndez Leite y que nos mostraba la historia del cine español. Nos acercó a lo que era una gran industria,  politizada muchas veces, pero siempre profesional. Producto de esa gran industria surge Calle Mayor, una película que mostraba las estrecheces y sobre todo las humillaciones que sufrían aquellas mujeres que no lograban casarse. Eran viejas prematuras, ciudadanas de segunda. Estaban condenadas al olvido, a la nada. Y esta película va de eso, pero también de las apariencias, de la falsa moral, de la mediocridad de muchas vidas y de la cobardía. Todo esto se refleja en la estrechez de la Calle Mayor.
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Calle Mayor – conocida en Estados Unidos como Lovebreaker , Main Street a nivel internacional y en Francia con “Grand Rue” es una película española de 99 minutos de duración y dirigida en 1956 por  Juan Antonio Bardem. Está basada libremente en la obra de teatro de Carlos Arniches La señorita de Trévelez que el propio Bardem adoptó firmando finalmente el guión.

La producción la encabezaba Cesáreo González para Suevia Films e Iberia Films, siendo realmente una coproducción pues participaron franceses tal y como se aprecia en el equipo técnico y en parte del elenco de actores/actrices.

En el apartado técnico señalar la música es de Isidro B. Maiztegui y Joseph Kosma. La fotografía, magnífica, en Blanco y negro  fue obra de Michel Kelber. El montaje fue asumido por Margarita Ochoa y la escenografía Enrique Alarcón. El vestuario obra de Humberto Cornejo.

La película está protagonizada por Betsy Blair (Isabel) , José Suárez (Juan) , Yves Massard (Federico Rivas), Manuel Alexandre (Luciano), Lila Kedrova (Pepita), Josefina Serratosa (Obdulia), Alfonso Godá (José María, Pepe “El Calvo”)  y Julia Delgado Caro (señora en la procesión), Dora Doll (Tonia), Luis Peña (Luis), José Calvo (Doctor), Matilde Muñoz (Chacha), René Blanchard ( Editor), María Gámez (Madre), José Prada (Evaristo) .  

La película se estrenó en España el 5 de diciembre de 1956, y ganó el Premio de la crítica FRIPESCI del Festival Internacional de Cine de Venecia y estuvo a punto de llevarse el León de Oro, que acabó desierto ese año, a pesar de contar con el mayor número de votos. Curiosamente se estrenó antes en Francia (octubre de 1956) que en España. Fue elegida en Bruselas una de las 50 mejores películas europeas de la historia. Además de los países que la produjeron se estrenó en otros como la República Democrática Alemana, Portugal ambas en 1957. Y un año más tarde se hizo en Estados Unidos y Alemania Occidental. En Suecia en 1959 y en el inicio de los 60 en Dinamarca.

La historia se inicia con una voz en off nos indica que a continuación se nos va a narrar una historia. En este momento se crea un doble nivel de ficción, ya que por un lado tenemos el mundo de este narrador y, por otro, el de la historia que el mismo nos introduce, y que se inicia a continuación. Esa voz en off nos presenta la historia la historia que vamos a ver y la vida rutinaria en una ciudad de provincia.

Una vez empieza esta historia que constituirá el discurso de la obra, un nuevo elemento se añade a esta trama de ficciones. Un carro fúnebre avanza parsimoniosamente por las desiertas calles de una ciudad. Cuando el carro se detiene dos hombres descienden de él y descargan un ataúd que llevarán hasta una casa próxima. Cuando estos desaparecen por el portal lo que nos viene a la mente es que alguien ha muerto en aquella casa. Pero instantes después lo que resultaba una obviedad resulta ser falso. Los dos hombres que instantes antes habían entrado serenamente en la casa portando el ataúd, salen ahora despavoridos, a la vez que vemos caer el ataúd de madera des de arriba. El desconcierto es tan sólo momentáneo, ya que enseguida comprendemos lo sucedido. La situación resulta no ser más que una macabra broma perpetrada por unos juerguistas. La víctima de la broma, un hombre a quien se suponía había que enterrar, y que ahora sale al balcón hecho una furia insultando a los dos individuos y gritando: “¡No estoy muerto, no estoy muerto!”.  Se trata de un grupo de amigos de una ciudad de provincias en los años 50 que para salir de su aburrimiento se dedican a gastar bromas como la de enviarle a un anciano profesor un ataúd, que tira a la calle. El eje vital de esa ciudad provinciana es su Calle Mayor.



Efectivamente, todos los personajes que en un momento u otro pasan por la Calle Mayor, sustentan sus vidas a través de fantasías construidas de forma más o menos consciente. El caso paradigmático tal vez sea el del grupo de amigos responsable de bromas como la que hemos visto al principio. Se trata de cinco hombres hastiados de la vida sin esperanzas que viven en esa ciudad de provincias, y que para escapar de la realidad se dedican a la diversión despreocupada. No se trata, pues, de simple aburrimiento como apunta el intelectual Don Luis. Pero como resulta imposible huir completamente del contexto de uno, los cinco hombres, hijos de su sociedad, terminan realizando las mismas prácticas que sus conciudadanos; es decir, la intromisión en la vida de los demás. Su entretenimiento pasa forzosamente por el otro, y aquí esto se materializa en la realización de bromas (una forma de creación de ficciones que, en su caso, adquieren una notable complejidad). De modo que terminan viviendo a costa de la vida de los demás, tal como hace el resto de la ciudad, cuyo deporte principal es el comentario impertinente sobre lo que hace o deja de hacer el prójimo y una despreocupación absoluta por los sentimientos de este. Por ello no debe verse en la actitud de estos hombres una falta de sentido ético.


Pero hay otro protagonista absoluto, la calle. Todo lo que se quiere mostrar y es mostrable por allí pasea. El dinero, la familia, la sociedad al completo. La calle mayor es un escaparate de lo que existe. Pues buen, por allí pululan un grupo de amigos. Entre estos hombres encontramos a Juan(José Suárez), , un recién llegado. Su mudanza no ha venido motivada por un progreso, todo lo contrario. Tal como se nos dirá, Juan albergaba, años atrás, grandes esperanzas sobre su futuro, unas esperanzas que a buen seguro no se verán satisfechas en esta pequeña ciudad. Juan está, pues, en proceso de hundimiento. Trabaja en un banco, y todo a lo que aspira ya es a subir pequeños peldaños en la oficina. Es por ello que se ha unido a “el calvo” y los demás para olvidarse de sus problemas. Aunque él es un poco diferente. Tal vez porque aún no se ha hecho a la idea de su nueva situación, los problemas le siguen rondando por la cabeza constantemente. Esta sensación de falta de libertad y de inhibición le hace susceptible a la presión del grupo, y a la postre provoca que se deje manipular por ellos. Y deciden una víctima propiciatoria. Una chica que pasea por la Calle Maor: Isabel. Hará ver que se ha enamorado de Isabel, una chica que a su edad es “mocita” (como se decía entonces) y va para solterona, a pesar de ser bastante agraciada, y no es ni tonta, ni mala persona.
La vida de la cuadrilla nos acerca a la noche en la una ciudad de apariencias con alcohol y prostitución.

Por su lado, Isabel es una mujer que, a su manera, también ha estado rehuyendo la realidad. Primero a través de la resignación, con la que se hace creer que no tiene posibilidad de hacer cumplir sus sueños, pero que tampoco pasa nada. De este modo no se molesta ni siquiera en intentarlo, evitando con ello un posible fracaso. Sueña con los trenes que parten de la estación y con las vidas de los personajes de las películas americanas, pero lo observa como un mito inalcanzable. Pero de repente la suerte parece sonreírle y su actitud pasa al otro extremo. De la aceptación pasa a la ilusión extrema. Ella se ilusiona como una muchacha de 16 años ante el amor fingido de él. Resulta espectacular la escena en la que ella va a rezar a la Iglesia, acompañada de su madre (por cierto, viuda de un militar muerto en la guerra y andaluza) y comprueba con temor y con nerviosismo si Juan está allí. Con el cruce de miradas se ve su ilusión y también la de su madre. La felicidad se adueña de ella y de la casa, como comprueba su chacha.  Las relaciones absolutamente castas se intensifican.
Ella ilusionándose y él enmarañándose. Y cuando le asaltan dudas (“¿Me quieres?”), ella misma rectifica inmediatamente y se autoconvence de que todo va bien, aunque la actitud de Juan parezca indicar claramente lo contrario. Como la apuesta con los amigos genera dudas le incitan a que le declare públicamente su amor y  que se conviertan en novios formales.
El proceso de enamoramiento es visible cuando ella aparece repitiendo su nombre (Juan, Juan, Juan….) tumbada en la cama,  mientras que él se tortura en su habitación, maldiciendo su apuesta y el daño que puede realizar.
Él la quiere, dice a su amigo de Madrid, como a una hermana o como se quiere a un animalito. Pepita, una de las chicas del lupanar al que va, y con la que tiene confianza, le dice que le diga la verdad, pues los remordimientos le dañan.

Tras la petición, ella habla de matrimonio y de planes de futuro y él calla cobardemente. La cosa va creciendo en intensidad hasta que él no encuentra como salir del engaño. Cuando le dice “¿Y si todo fuera un engaño?” ella le responde “Si se cayera la luna, si no me quisieras…”. Mientras tanto pasean juntos por la Calle Mayor, donde todo el mundo se conoce y llegan a planear incluso la boda. Isabel ama los sueños, pero Juan (ya) no. La escena de la visita a los pisos en construcción es sintomática. En las cuatro columnas un techo y el suelo ella ya se imagina un hogar con todo dispuesto, mientras que él lo único que ve es un vacío que representa la vida que tendrá si no sabe salir de la situación y termina casándose con Isabel.


Pero las ilusiones no son una exclusiva de ellos. Como la madre de Isabel y su criada, que se ilusionan pensando en el matrimonio de esta. Y también como Don Luis el filósofo, que ha decidido dejar de escribir, harto de buscar la verdad, y así poder tomarse una copa de vino tranquilo, tal como le dice al periodista Federico, el amigo de Juan.

Precisamente Federico es la nota discordante en todo este panorama, pero es que él no es de esta comunidad. Viene de Madrid, la gran ciudad, y no entiende la vida del pueblo. Él es un hombre que toca con los pies en el suelo. En una ciudad de provincias la vida está vacía, por eso la gente se dedica a cosas como meterse en la vida de los demás, ya que las suyas no tienen interés (son más dignos de compasión que de desprecio). Federico reconoce en un momento del filme que es en esta pequeña ciudad donde está descubriendo lo verdaderamente auténtico.

Es el día de la fiesta mayor de la ciudad, y se espera que Juan hará oficial, durante el baile, su compromiso con Isabel (aunque todo el mundo ya lo sabe). Juan debería ir a buscar a Isabel a su casa, pero no llega. Cansada de esperar –y, tal vez, con nuevas dudas – Isabel se dirige al lugar donde por la noche tendrá lugar el baile. Nada más entrar, la imagen se ve asaltada por un halo de irrealidad. Isabel comienza a observa la sala, aún vacía, con expresión ilusionada, imaginando lo que espera que ocurra pocas horas después. La puesta en escena (los movimientos de cámara y la iluminación, principalmente) se encargan de reforzar la fantasía de Isabel. Ella no sabe que Juan no vendrá, porque las contradicciones internas le han podido y ha decidido huir.

No volveremos a saber de él, es un personaje derrotado. Pero entonces aparece Federico que viene a desvelarlo todo, y le dice: “Todo es mentira: el baile, las cadenetas, Juan… el amor de Juan”. En ese momento todas las ficciones se desmontan. Se acabó la broma, se acabó el engaño, y aparece la cruda realidad.


Juan, como el cobarde que es, le cuenta todo a Federico. Éste le dice que le giga la verdad a Isabel, pero huye, y será su amigo quien muestra a Isabel la cruel verdad. Le propone que se marche en tren con él a Madrid y que escape de la atmósfera asfixiante de la ciudad, pero ella duda, en una impresionante imagen en la que el expendedor de billetes de pregunta una y otro vez ¿Adónde quiere ir?. Isabel en la estación tiene que decidir si sube al tren con Federico para empezar una nueva vida en Madrid. La música y los efectos sonoros suben de tono, y el montaje y las imágenes buscan una tensión contundente hasta entonces no vista.

Federico le ha ofrecido la oportunidad de comenzar una nueva vida dejando atrás los desagravios sufridos, ella no lo acepta. Lleva demasiado tiempo viviendo en una burbuja que la protege de la realidad. Subir a ese tren con Federico y marchar a Madrid significa enfrentarse a la vida, lo cual es un acto demasiado valeroso sobre todo para una mujer que ya estuvo resignada.

El tren se marcha, y como un yunque ella queda lastrada en la ciudad. La vuelta de Isabel a casa derrotada, una imagen de una poética incluso forzada, con la mujer andando sola por medio de la carretera y la torrencial lluvia empapándola. Mientras llueve a cántaros ella marcha por el centro de la calle, desprotegida de los soportales de la Calle Mayor, una calle grande de estrechas miras.

La película se comenzó a rodar en Palencia, pero por problemas políticos, que llevaron a su director Juan Antonio Bardem 15 días a la cárcel, se dejó de rodar allí. Tras interceder varias personas por él (incluido Chaplin) fue finalmente liberado pero ya no quiso volver a esta ciudad y el resto del rodaje se hizo en Cuenca, Logroño y en los estudios Chamartín de Madrid. La calle a la que hace referencia el título es en la actualidad la  calle Portales y la Plaza del Mercado de la capital riojana.

En 2006, coincidiendo con el 50 aniversario de la película, el Ayuntamiento de Logroño puso una placa en la calle donde se rodó y colaboró en la edición del libro Retorno a Calle Mayor. Seis miradas sobre la película de Juan Antonio Bardem.
Destaca sobre todo todas, la actuación de Betsy Blair. Es curioso ver décadas después cómo se llevaban los noviazgos entonces. Blair, una actriz estadounidense que estuvo casada con Gene Kelly, y que tuvo que venirse a Europa a trabajar tras verse en las listas negras norteamericanas.
La película fue la elegida por la Academia española para representar a España en los Óscar, pero finalmente no fue elegida.
Calle Mayor se recrea de forma especial en ese paseo porticado que preside toda la vida de la ciudad de Logroño y cualquiera que haya estado en la calle Portales de Logroño la reconocerá, pese a que al iniciar la película se hace hincapié en que la historia sucede en una ciudad de provincias indeterminada. Curiosamente mientras se oye la voz en off mientras que se una panorámica de Cuenca, al igual que todas las tomas en el exterior de la ciudad.
Aunque no hay mención a ninguna ciudad en concreto sí que en un momento un personaje habla de su prima de Logroño.
Lo que era la España de esos años, porque ahí no acabaron los problemas del director, censura aparte. La película era una coproducción con Francia. El festival de Venecia quiso que fuera, pero España se negó, así que fue Francia quien la llevó como “Grand Rue”. Acabó ganando el premio de la crítica FIPRESCI, una mención para Betsy Blair y se quedó a un paso de ganar el León de Oro, que acabó desierto pues la mayoría de votos que obtuvo no fue suficiente, pero se llevó otros muchos premios en otros festivales y fue elegida en Bruselas como una de las 50 mejores películas de la historia.
Bardem además de dirigir escribió el guión, que se basó libremente en la La señorita Trevélez, de Carlos Arniches, que ya había sido llevada al cine por Edgar Neville en 1935. En las dos participó María Gámez, como dato curioso.
Bardem y ella se conocieron en el festival de Cannes donde ambos resultaron premiados por Muerte de un Ciclista y Marty respectivamente. Allí el director le propuso hacer Calle Mayor. En el reparto también vemos a un joven Manuel Alexandre (fallecido en 2010) y entre otros a Lila Kedrova, una actriz rusa que ganó un Oscar como secundaria en Zorba el Griego unos años más tarde y que también huyó de su país, viviendo en Francia desde joven. Hablando de Oscars esta fue la película elegida por la Academia española para ir a los Oscars, pero no llegó a ser finalista.
Siempre se habló de una segunda parte, retomando alguno de aquellos personajes y los actores que aún estaban vivos, que nunca llegó a hacerse. Se rumoreaba incluso en los últimos años de vida de Bardem que un guión andaba rondando por ahí y que la producción era inminente, pero nada de nada. Ahora, tras la desaparición de Juan Antonio Bardem parece que la cosa sería más difícil.
Bardem desarrolló a la perfección el “realismo crítico” en su vertiente más dura y directa, que ya iniciara en “Muerte de un ciclista”, y que poco a poco le irá distanciando del estilo más sarcástico de su compañero Luis García Berlanga.
En “Calle Mayor”, examina la mediocridad de la vida en una pequeña ciudad de provincias, en la lastimosa España de los cincuenta (a pesar de la narración del prólogo, impuesta por la censura, que la sitúa en un lugar indeterminado).
El guión describe la ejecución de una macabra broma, maquinada por el grupo de señoritos que “se aburren”, contra una infeliz solterona, a la que, sin ningún respeto, nada les importará enterrar en su definitiva e irreversible frustración.
El verdadero acierto de Bardem, no va ha ser solamente la dura descripción de tan desagradable hecho. El estudio de las reacciones de los personajes centrales, víctimas del entorno en el que les ha tocado vivir; el examen del comportamiento de unos gamberros, que en su vida profesional responden brillantemente, pero que el ambiente cotidiano no les ofrece ninguna alternativa coherente a su conducta personal; y el análisis de la deprimente sociedad en la que se desenvuelven todos ellos, nos ofrece un completísimo mosaico de lo que era esta nación; encorsetada por una moral pacata e hipócrita, y por unas costumbres machistas y misóginas. Todo ello bendecido por una absoluta incultura, promovida desde los círculos del poder político y religioso.
La película, además del argumento central y del angustioso ambiente en el que se desarrolla, destila continuas referencias puntuales que completan la denuncia de un anquilosamiento social y cultural, que reclamaba urgentemente la huida hacia renovados objetivos.
Esta es sin duda una de esas películas de nuestro cine. La historia es impresionante y su trasfondo aún mejor, la interpretación sublime. Contiene un gran reparto, unos decorados caros e impactantes, propios del cine de nuestro tiempo. El filme consigue lo que pretende de manera muy satisfactoria, transmitir sentimiento y reflexión al espectador. Estarán de acuerdo conmigo en que además de estar infravalorada es una de las mejores obras de todos los tiempos.