lunes, 6 de abril de 2026

La ley de Teherán



El Corán prohíbe enérgicamente el uso de drogas, porque causa división, odio, enemistad o impide la oración a Alá. Sura 5;91: El plan de Satanás es (sino) incitar la enemistad y el odio entre vosotros, con intoxicantes y juegos de azar, y apartaros del recuerdo de Alá y de la oración: ¿acaso no os abstendréis? 

Sin embargo, algunas naciones islámicas prohíben el uso, la venta y la producción de drogas. Uno de los países con mayor problema es Irán. Hay muchos drogadictos: dos millones ochocientos mil, un porcentaje desproporcionado de la población: El año pasado, el ministro del Interior de Irán declaró que el 3% de la población del país es adicta a las drogas, principalmente a la heroína. 

A nivel internacional, esta cifra es elevada, pero no se encuentra entre las más altas del mundo. Sin embargo, si se considera el grupo de edad comprendido entre los 15 y los 64 años, el porcentaje asciende al 5,4%. Según Aslani, más de 2,8 millones de iraníes consumen estupefacientes con regularidad y, según datos de 2017, casi el 5,4% de los iraníes de entre 15 y 64 años son drogadictos.” 

El resultado de todo ello es una Tremenda película del año 2019 una auténtica joya del cine imagen de un fascinante thriller de acción sobre el tráfico de drogas en Irán que se convirtió en su estreno en la película más taquillera del país persa y un éxito para el productor Jamal Sadatian cara visible de la productora Boshra Film. Saeed Roustaee es el director y guionista de Metri Shesh-o Nim.

La historia nos cuenta como el jefe de la policía antidrogas de Teherán es Samad. Es duro e incansable en la búsqueda de los cabecillas del narcotráfico. Su principal objetivo es capturar al líder supremo: Naser. 

Tras muchos esfuerzos y pérdidas, Samad ( Payman Maadi ) que es un detective de narcóticos que persigue al capo de la droga Naser Khakzad ( Navid Mohammadzadeh ).

Samad es un personaje decidido. Es inflexible, obstinado. Habla alto, es nervioso, y los primeros planos decisivos y testarudos resaltan su personalidad. Su tarea es ardua; debe ser cruel, poseer un orgullo innato y despreciar a los adictos y criminales. Puede controlar su ira, pero su aversión es pesimista y vengativa. Un día, una redada lleva a la captura de un traficante de poca monta, quien a su vez conduce a un pez gordo, que de alguna manera como su sobrina , la antigua novia del jefe de los narcotraficantes, la bella Elham (Parinaz Izadyar), está conectado con el notorio narcotraficante, Naser, un hombre violento y colérico. Sufre de profundas debilidades depresivas, como lo demuestra su intento de suicidio. Será salvado por su archienemigo, Samad. 



La película que comienza con una impactante persecución a pie por las calles de Teherán está protagonizada por el policía Samad Majodi, un agente concienzudo y decidido que lleva años intentando detener a Nader Khakzad, el mayor narcotraficante de Irán. En un país en el que la posesión de drogas ya sean 10 gramos o 10 kilos está penada con la muerte, los traficantes juegan a lo grande, introduciendo nuevas drogas que están produciendo un crecimiento exponencial de la drogodependencia y con medio de la violencia , de la corrupción y de la brutalidad de la justicia representada por el juez (Farhad Aslani) . Su desmoralización se acentúa en el encuentro con su familia, antes de la sentencia de muerte. Tras su arresto, se le confiscan la vivienda, los beneficios sociales, los estudios en el extranjero, la casa de los padres de su esposa y sus hijos. Muere con el corazón roto al ver su sufrimiento. 



La comisaría es un caos. Incluso en el juzgado, los casos se resuelven con rapidez y sin piedad. Y luego está la cárcel. Es una turba de seres humanos repugnantes y traicioneros. Las celdas están llenas de reclusos, todos de pie, sin espacio para sentarse, desnudos en su repulsiva carnalidad. Es el realismo de la película. 

Una escena relevante es el ahorcamiento. Los numerosos ejecutados llegan al patíbulo cuando aún está oscuro. Comprenden que ya no hay esperanza. Lloran, gritan, se orinan encima; el miedo a la muerte les provoca incontinencia urinaria. Las escenas en el patíbulo se alternan con las de los familiares desconsolados mientras recogen los cadáveres. 

Por su parte, Samir que ve el ahorcamiento desde la distancia se rinde, está desencantado, ha ganado muchas batallas pero la guerra está perdida: "¡Había solo un millón de drogadictos cuando empecé como policía y después de todos estos años, arrestando, encarcelando, ahorcando, ahora son 6,5 millones!". 

Los adictos son numerosos, marginados de la sociedad, buscados por la ley, ejecutados por el Estado y la religión. Su fisicalidad es bestial tanto en las cárceles como en sus inmundas celdas. Duermen en tuberías de hormigón, en sus camas sucias. Viven entre la basura y el plástico. Solo salen a buscar heroína o porque llega la policía. Cuando llega la policía antidrogas, todos huyen, creando una fuga coreografiada.

Cientos de personas corren por el medio de la carretera, intentando evitar el tráfico. Un plano general muestra la repugnancia hacia los desdichados; ya no hay tiempo para ellos. Ha llegado su fin. 

La adicción las drogas ha cambiado en Irán y ya no es por algo oculto. Podemos ver a muchos adictos todos los días es en las calles, y cada vez son más" clica al director de la película y guionista de la ley de de, Saeed Roustayi, para la que realizó una minuciosa investigación sobre el mundo del narcotráfico en el país. 

Ganadora del premio el mejor director en el Festival de Tokio, la película también obtuvo el correspondiente a mejor actor que recayó en el actor Navid Mohammadzadeh, quien da vida al narcotraficante principal un personaje lleno de claroscuros ya que si bien quiere beneficiarse de su situación con el negocio es un hombre preocupado por el bien de su familia. El policía interpretado por Payman Maadi, protagonista de la película ganadora al Óscar a mejor filme de Albert inglesa " Nader y Simin, una separación ". La película contó con la fotografía de Hooman Behmanesh, el montaje de Bahram Dehghan y la música de Peyman Yazdanian.  

La película que en inglés se tituló Just 6.5 que responde literalmente al título en iraní Metri Shesh-o Nim , y que significa: Seis y medio por metro , aquí titulada Ley de Teherán  es una película iraní de suspense y drama de 2019 escrita y dirigida por Saeed Roustaee . 

Fue bien recibida por la crítica en el 76.º Festival de Cine de Venecia y ganó varios premios, incluido el Crystal Simorgh a la Mejor Película según la elección del público , en el 37.º Festival de Cine Fajr donde se proyectó  pero tuvo que ser reprogramada debido a dificultades técnicas para mostrarla el primer día.  .




El director fue premiado como director y guionista en el Festival Internacional de Cine Independiente de Burdeos  En los 47 Premios César (Francia) (2022)  fue nominada a Mejor film extranjero y en loss 32º Festival Internacional de Tokyo ganó a la Mejor director (Saeed Roustayi) y Mejor actor (Navid Mohammadzadeh) quien fue nominado a los Premios de Cine de Asia Pacífico siendo nominado al Gran Premio de Tokio 

Escribiendo para el sitio web Eye for Film , Anton Bitel calificó la película como un "sombrío comentario sobre el estado de la nación" de la sociedad iraní. Y el director William Friedkin dijo de ella que era uno de los mejores thrillers que había visto en su vida.  

En los Estados Unidos Deborah Young de The Hollywood Reporter escribió sobre ella que "Rodada con nervio, editada por un equipo técnico de primer nivel y con una notable banda sonora, 'Just 6.5' es una experiencia muy estimulante." 

Peter Debruge de Variety comentó que "Es tan emocionante como una película de acción de Hollywood, pero indagando en el sistema iraní. Este thriller tenso y bien interpretado lleva al género a otro nivel." 

En Gran Bretaña Sarah Ward de Screendaily la describió como "Un thriller criminal apasionante que además ofrece agudas observaciones políticas (...) Una propuesta impresionante, envolvente, elegante y llena de actuaciones estelares" 




Peter Bradshaw habitual crítico de The Guardian sostuvo que era "Un thriller feroz de los bajos fondos iraníes al estilo de Michael Mann (...) "  también en The Guardian Mark Kermode  sostuvo que era "Un descarnado thriller policiaco iraní (...) La tensa película de Saeed Roustayi sobre un policía a la caza de un capo de la droga mezcla hábilmente brutalidad y farsa (...) 

Ya en España, Oti Rodríguez Marchante en ABC la describe como una "Película con alma iraní pero con el torso y figura del cine de acción de ritmo, tensión y adrenalina. (...) una película conocida pero nunca vista" 

Sergi Sánchez de La Razón dijo de ella que "Este crítico prefiere cuando la película nos sorprende con su sórdida energía que cuando necesita el alarido para justificar la ira y la desesperación de un policía y un cabeza de cartel del narcotráfico (…)" 

Quim Casas en El Periódico la consideró como una "Sorprendente película sobre la lucha contra el narcotráfico en Irán (...) un retrato musculoso, realista y en absoluto moralista del problema. (...) una brillante pieza ‘noir’ (…) " 

En Cinemanía Yago García  destacó que "Funciona a la hora de hacernos sentir incómodos (...) supone una estupenda toma de contacto con el cine de género hecho en un país al que hemos aprendido a asociar con el drama solemne (...) y festivalero. (…)" 

Pablo Vázquez de Fotogramas dice de ella que "Sorprende porque es cine 100% de género (...) tiene unas características propias muy bien definidas y difícilmente equiparables (...) deja la sensación del trabajo bien hecho y del deber cumplido. (…).

El título internacional de la película es “Just 6.5” este es el número cada vez mayor de drogadictos en Irán: 6,5 millones. En este país, donde se consumen diariamente diez toneladas de droga y que limita con Afganistán, que ya se sabe que es el mayor productor del mundo de heroína. La película destaca por lo mucho que sorprende.



Más que exaltar valores tradicionales, la cinta pone en evidencia la moral ambigua de sus personajes y los dilemas éticos en un entorno desolador. La ley de Teherán destaca por mostrar el valor de la perseverancia en la lucha contra el crimen, al mismo tiempo que cuestiona profundamente la moralidad de los métodos utilizados y la propia justicia en un contexto de crisis social.

Los valores y dilemas principales que se aprecian son la persistencia y vocación de servicio en la persona de Samad, el policía protagonista, demuestra una dedicación implacable para atrapar al capo de la droga Nasser Khakzad, incluso trabajando en condiciones precarias y superando la corrupción interna. Sin embargo, su empeño roza el fanatismo y utiliza métodos cuestionables. OPtra de los elementos presentes tinen que ver con la idea de supervivencia. Como se dice en la película: "“Cuando alguien necesita sobrevivir, aunque sepa que sus decisiones son altamente arriesgadas, las tomará igualmente. Porque entre morir y sobrevivir, elegirá sobrevivir”. ".  

A esto se suma la complejidad moral y humanización del "enemigo". La película desafía la división simple entre buenos y malos. A medida que avanza la trama, se muestran aspectos más humanos de Nasser (el narcotraficante), quien actúa condicionado por un entorno social roto, llevando al espectador a empatizar con él. 

A destacar que hay compasión ante la desesperanza y se muestra el sufrimiento de las familias y la marginalidad de los adictos, lo que genera una reflexión sobre la empatía hacia los más vulnerables en una sociedad con graves fallas estructurales. 

La película cuestiona la eficacia de la pena de muerte y la severidad del sistema judicial iraní como única solución al narcotráfico, sugiriendo que la "justicia" aplicada a menudo no resuelve el problema de fondo.



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