Dirigido, guionizado y producido en 2009 por el bilbilitano Alberto Gómez Uriol nos muestra este documental la historia de lo que fue el grupo Afal (Agrupación Fotográfica Almeriense) nacida en la década de 1950 gracias al esfuerzo ppor renovar la fotografía española de parte de dos fotógrafos almerienses que en torno a la revista homónima pusieron las bases de un proyecto que será absolutamente renovador.
Fundada por José María Artero (Almería, 1928-1991) y Carlos Pérez Siquier (Almería, 1930-2021), director y redactor jefe respectivamente la publicación, editada entre 1956 y 1963, sirvió de lugar de encuentro para fotógrafos de distintos puntos de España que buscaban una renovación de la práctica fotográfica en el país. La revista de fotografía Afal, servirá de nexo a un grupo de fotógrafos que modernizó y renovó la fotografía española durante los años 50 y 60.
El grupo Afal fue un colectivo de fotógrafos españoles cuyo principal vínculo fue, precisamente, la revista AFAL, editada por la Agrupación fotográfica almeriense (de ahí su nombre. Desde su revista este grupo de fotógrafos, unos profesionales y otros amateurs, optarán por la transformación que experimentó la fotografía española durante ambas décadas, inspirándose en las tendencias del documental neorrealista y del reportaje humanista que se desarrollaban fuera del país.
Lo cierto es que el acceso a la cultura visual tras una dura postguerra era bastante limitado, y cuando se daba, era a través de algunos viajes, el cine, escasas exposiciones, libros y revistas internacionales, especialmente anuarios fotográficos que llegaron a España no sin dificultad. Por ello, los fotógrafos de la época promovieron tanto el intercambio como el contacto con el exterior. Ésto dio como resultado una fotografía trasnacional, vinculada con las problemáticas que se sucedían fuera del país.
El documental narra a lo largo de 60 minutos, cómo el Grupo Afal, con un colectivo de jóvenes fotógrafos, impulsado y aglutinado desde la olvidada Almería de los años 50 por Carlos Pérez Siquier y José María Artero revolucionó y cambió el rumbo de la estancada fotografía pictorialista española de la época, llevándola a ocupar un puesto relevante en el panorama fotográfico internacional.
El documental dirigido por Alberto Gómez Uriol y producido por su productora 29LETRAS, fundada junto a David del Águila, abarca el periodo de los años 1956 – 1963.
El colectivo creado en 1959, estuvo formado por Leonardo Cantero, Gabriel Cualladó, Paco Gómez, Ramón Masats, Francisco Ontañón, Joaquín Rubio Camín, Juan Dolcet, Fernando Gordillo, Gerardo Vielba y Sigfrido de Guzmán. El documental está trufado de las intervenciones y fotografías de Siquier, Maspons, Ontañón, Terré, Schommer, De la Hoz, Albero, Pomés, Masats, Camín, Colom, Juanes, Gómez, Miserachs y Cualladó.
El documental recoge las ideas de unos fotógrafos que ofrecían una mirada alternativa al tiempo en el que vivían, conformando un agudo y lúcido retrato de la oscura España de entonces, a través de una producción fotográfica excepcional a la que el tiempo no ha hecho mas que revalorizar. El rodaje del documental, que ha contado con el asesoramiento de Laura Terré, doctora en Bellas Artes especializada en el grupo Afal, se ha llevado a cabo en Almería, Gijón, Vigo, Terrassa, Barcelona y Madrid.
Tras un laborioso montaje estructurado a través de textos aparecidos en la revista Afal junto a los testimonios de los fotógrafos, ya que la revista gustaba de vombinar poesía escrita y la visual, y con el apoyo visual de la obra fotográfica de éstos, aparte de imágenes de archivo de la época, y diversos documentos entre los que se cuenta la correspondencia mantenida entre los fotógrafos y la propia revista Afal.
Veremos a lo largo del documental no se habla de los 36 números de la revista que se editaron , pero sí de cñomo esta revista pequeña y libre se atrevió a alejarse del relato fotográfico de la dictadura a través de sus imágenes que iban desde los retratos, un género recurrente para estos fotógrafos, hasta imágenes que reflejan la pobreza, la prostitución, la marginalidad, la nobleza y la inocencia de los retratados, pero también la migración de la clase trabajadora campesina y rural del sur a las ciudades del norte para integrarse en el trabajo industrial, pero también el impacto en la economía de turismo y sus imágenes.
Este documental podría combinarse con algunas exposiciones realizadas sobre el colectivo como la exposición realizada hace unos años en el reina Sofía que también recogía en una de sus salas ‘Once fotógrafos españoles a París’, un proyecto organizado en 1962 por Comissariat Général du Turisme del Estado francés en Barcelona con la intención de promocionar el turismo español hacia Francia. En él participaron Leonardo Cantero junto con Gabriel Cualladó, Eugeni Forcano, Joan Cubaró, Andreu Basté, Ramón Masats, Oriol Maspons, Francisco Ontañón, Xavier Miserachs, Paco Gómez y Joan Colom.
En el grupo Afal, se juntaron un grupo variado de fotógrafos que compartían interés por la función social del fotógrafo y su implicación en la realidad de su tiempo. El ideal de todos ellos fue expresar mediante procedimientos sencillos y directos sus inquietudes estéticas, lejos de estereotipos heredados de la pintura. En Afal se unieron fotógrafos de procedencias e intereses variados. Desde fotógrafos amateurs como Gabriel Cualladó, Francisco Gómez, Joan Colom - que inmortalizó la prostitución urbana- y Ricard Terré; algunos de ellos ligados a la cultura y las artes plásticas, como Gonzalo Juanes, Jesús de Perceval, Joaquín Rubio Camín y Josep Maria Casademont. Otros tenían una incipiente carrera profesional, como fueron Alberto Schommer, Xavier Miserachs o Ramón Masats.
Los integrantes madrileños formaron en el año 1958 el grupo La Palangana. En sus tertulias discutían la selección de fotografías para las exposiciones de Afal y compartían sus conclusiones por carta con el grupo de Almería.
La revista Afal, elemento unificador del grupo, se publicó entre 1956 y 1963. Tuvo cuatro etapas diferenciadas. Los tres primeros números fueron editados como boletines de agrupación. A partir de julio de 1956, el formato cambia a revista y se inicia un periodo de apogeo: las portadas muestran lo mejor de la producción de los jóvenes fotógrafos miembros y en el interior se traducen textos importantes de la literatura fotográfica de la época.
En 1958, la revista Afal publica el ‘Anuario de la Fotografía Española’, que no obtiene las ventas esperadas, lo que provoca una crisis económica que hace que vuelva a editarse en formato boletín. Carlos Pérez Siquier durante el documental habla, es el que más habla, de lo que supuso este anuario.
Este ‘Anuario de la Fotografía Española ‘de 1958 fue el proyecto más ambicioso del grupo. Se imprimieron 2500 ejemplares, con reproducciones en huecograbado de más de 100 fotografías de 48 autores. La cuidada y exigente selección se hizo en base al estilo personal de sus autores, no al gusto de los promotores, y en ella se reflejaba la diversidad de enfoques que coexistían en España, a diferencia de la monótona reunión de fotógrafos de una sola tendencia de los anuarios europeos.
Finalmente, a partir de enero de 1959 se dio más importancia a la sección de cinematografía y se eligieron para las portadas casi exclusivamente retratos femeninos; asimismo, se incluyó una edición bilingüe de los textos con las colaboraciones extranjeras, entre las que destaca la del fotógrafo francés Roger Doloy, que había propuesto incluso una edición conjunta de la revista con sedes en París y Almería.
La revista fuera más allá de la imagen fotográfica. Desde los primeros números se incluyeron textos poéticos de Manuel Alcántara y de Antonio Castro Villacañas, dos poetas estrechamente relacionados con Almería, y también de poetas de la Generación del 98 y la del 27 que habían sido silenciados por la censura franquista: Miguel de Unamuno, Ramón María del Valle-Inclán, Azorín, Federico García Lorca y los hermanos Antonio y Manuel Machado.
La redacción de los artículos relacionados con el cine, uno de los pilares de la revista, estuvo desde un principio, en manos de Guillermo Berjón, miembro del grupo de Almería, que se encargó de buscar colaboraciones de calidad en los medios cinematográficos españoles.
Afal dejó de editarse en 1963, lastrada por el déficit económico derivado de la edición del Anuario. Sobre su muerte, Pérez Siquier apunta: ”Las revoluciones tienen que morir jóvenes, porque si no, decaen”. Además, con la profesionalización de los fotógrafos de Afal, se cumplió uno de los objetivos de la publicación, la inserción de la fotografía en la vida española. Cosa que por otro lado, dificultó que siguieran colaborando con la revista.
El gran mérito de los promotores de Afal fue la introducción de sus fotógrafos en certámenes y la organización de muestras colectivas en el extranjero, entre las que destacan la participación en el Salon Albert I de Charleroi (Bélgica) y en la Bienal de Pescara del año 1958.
En diciembre de 1959 llevaron a cabo una exposición colectiva en París junto con el Club Photographique Les 30 x 40 que itineró por Berlín, Moscú y Milán. Hay que tener en cuenta el contexto histórico en el que estas fotografías viajan al exterior, en el que la dictadura de Franco pretendía dar una visión en de un país que se estaba abriendo y modernizando. Por ello, no se tenía ningún interés en que hubiera fotógrafos que enseñaran la realidad del día a día, como hacían los miembros de este grupo. “Una realidad que no hacía falta buscarla, estaba en sus ciudades o en sus barrios”, apunta Laura Terrer.
Pocos de los fotógrafos de Afal viajaron al extranjero, pero comprendían que para dar rigor a su obra debían conocer la fotografía que se estaba haciendo en Europa y América. De esta manera, establecieron como referencias comunes indiscutibles la obra de Henri Cartier-Bresson, Eugene Smith, William Klein y la Agencia Magnum, así como las revistas ilustradas americanas de reportaje (Life) y moda (Vogue), revistas que algunos de ellos compraban cuando salían y que durante el documental que algunas personas pensaban de él que era homosexual. En el documental se habla de cómo alguno de sus integrantes fue seleccionado para exponer en el MOMA de Nueva York.
Con el cambio de década, admiraron el trabajo de sus colegas italianos de las agrupaciones La Gondola y La Bussola, como Gianni Berengo Gardin y Mario Giacomelli, respectivamente, a quienes presentaron por primera vez en España. Para muchos miembros del grupo fueron de gran influencia las teorías acerca de la fotografía subjetiva de Otto Steinert.
A partir de sus contactos con Steinert, Afal defendió la fotografía abstracta como signo de modernidad y la revista, desde sus inicios, con la voluntad de trazar relaciones con otras artes, emprendió una labor pedagógica para acercar el arte abstracto al público.
La mayoría de los fotógrafos, aun los de carácter más reportero como Masats que habla en el documental de su hartazgo con la foto del penalty en el seminario, ensayaron una fotografía “estática”, como llamaron a la fotografía que recreaba la naturaleza muerta o la macrofotografía.
La exposición del reina Sofia fue posible gracias a la donación de Pérez Siquier, compuesta de publicaciones y materiales especiales, entre los que se cuentan documentos de relevancia histórica como la correspondencia Algunos de los fotógrafos que colaboraron con Afal fueron Ramón Bargués, Francesc Catalá Roca, Joan Colom, Gabriel Cualladó, Francisco Gómez, Gonzalo Juanes, Ramón Masats, Oriol Maspons, Xavier Miserachs, Francisco Ontañón, Carlos Pérez Siquier, Leopoldo Pomés, Alberto Schommer, Ricard Terré, Julio Ubiña y Gerardo Vielba. Un conjunto de autores que, aunque situados en posiciones diferentes, compartían su contraposición a lo que consideraban que era entonces la “fotografía oficial”. El grupo destacó por su alejamiento del pictorialismo y su tendencia a explorar las vías expresivas del arte fotográfico, tal y como expusieron en el nº 4 de la revista: “Consideramos la fotografía como una manifestación artística que admite parentescos y afinidades con otras más o menos próximas, pero con peculiaridades que la hacen independiente, soberana de su propio campo de expresión y con posibilidades inéditas ni remotamente soñadas y mucho menos explotadas por otras artes más antiguas en el tiempo”.
Para terminar y ajena al documental diré que la historia de Afal se fue construyendo a través de los diferentes números de la revista y de los diálogos generados en sus exposiciones, su correspondencia y la edición del Anuario de la fotografía española (1958). Una trama de relaciones e inquietudes de las que da buena cuenta el Archivo AFAL conservado en la Biblioteca y Centro de Documentación del Museo Reina Sofía. Esta exposición fue comisariada por Laura Terré, historiadora y comisaria de la exposición, quien destacó que Afal fue "un milagro". Sin apoyo institucional, sin dinero y con la censura siempre al acecho lograron publicar 36 números. Fueron valientes al tratar temas incómodos y abrir las puertas a una nueva mirada en la fotografía. "Fue una oportunidad para demostrar a los jóvenes de hoy que es posible hacer cosas sin apoyo institucional", afirma Terré. Además, resalta la capacidad de resistencia del grupo: "Siete años parecen poco, pero para un joven de 17 que llega a los 24, o para alguien de 28 que alcanza los 35, es media vida de juventud dedicada a una causa". El Archivo AFAL está constituido por el Fondo Pérez Siquier y el Fondo Artero. El conjunto recoge documentación diversa que atestigua la labor realizada por los impulsores de la revista AFAL como fotografías, borradores de artículos y correspondencia. Entre los documentos consultables destacan los dos dibujos originales de logotipos de AFAL de Juan Ballesta, las diez maquetas que ilustran el proceso de elaboración de la revista, las tarjetas firmadas por Carlos Pérez Siquier y José María Artero que comunican la muerte de AFAL, y su consiguiente esquela inserta en la revista La Codorniz. Las series dedicadas a la correspondencia dan prueba de las relaciones que el grupo Afal estableció con otros autores, así como de los proyectos que derivaron de estas. Es el caso de la serie de felicitaciones navideñas que incluyen creaciones de Leonardo Cantero, Chumy Chúmez, Gabriel Cualladó, Ouka Lele, Ramón Masats, Oriol Maspons, Xavier Miserachs, Francisco Ontañón, Alberto Schommer y Julio Ubiña, entre otros. Un diálogo también patente en la documentación relativa a las exposiciones organizadas, donde se incluyen las fotografías del grupo La Ventana de México, en el que participó Ruth Lechuga.
En definitiva esta revista consiguió reunir a los fotógrafos más inquietos del momento. Jóvenes que apostaron por una fotografía sin artificios, directa y realista, alejada del pictorialismo dominante en la época. Durante siete años, la publicación sirvió de plataforma para una generación de creadores que transformaría la fotografía española.Ese último año de publicación, sus fundadores enviaron una tarjeta de despedida con una imagen simbólica: una tumba infantil con la inscripción "Revista Afal 1956-1963 R.I.P.".
