El Padrino III (1990)- aquí como El padrino Epílogo: La muerte de Michael Corleone- nos presenta la etapa final de la vida de Michael Corleone, de esta trilogía coppoliana, con guion escrito a media entre el director y Mario Puzo, y con la producción de Fred Roos, enfocándose intensamente en la redención, la culpa y las consecuencias de las acciones pasadas. A diferencia de las primeras entregas, esta película explora la transición del poder criminal a la legitimidad y la carga moral que esto conlleva, aunque eso sí, se centra en el desgaste emocional y moral de un hombre que, habiendo alcanzado todo el poder, y sabiendo que «El hombre más rico es el que tiene los amigos más poderosos», se da cuenta de la imposibilidad de escapar de su pasado, enfrentándose a la soledad y la pérdida. Esa última imagen con un Michael envejecido y solo, casi abandonado es la desolación absoluta.
La versión que he visto es del año 2020 y es un film restaurado, mejorando su calidad de imagen y sonido y que incluye el principio del mente me traje un mensaje del director ( en inglés con subtítulos en español) presentando la película, y qué televisión española decidió cepillársela. Nunca es cierto que al final aparece escrito que " cuando los sicilianos te desean Cent'anni quieren decir larga vida... Y un siciliano nunca olvida".
Comentada la película hace años, bajo el título de Siete horas y media, aunque aquí presentada como un montaje realizado por el director, esta viene a ser la composición final de la mítica, el Padrino épico, que Francis Ford Coppola quiso presentarnos de una forma casi cronológica. Eso sí la carga de valores en esta película que, como decía, en mi publicación hace ya muchos años, vuelve a centrarse en la condición humana se centra en la búsqueda de la redención y la expiación que se hace notable desde el inicio de la película cuando Michael Corleone intenta limpiar el nombre de su familia y legitimar sus negocios, buscando el perdón por sus pecados pasados, aunque sea comprando Immobiliare y descubriendo que "mientras más se sube, más corrupción encuentra".
También a lo largo de todo el recorrido visual está presente la culpa y el remordimiento, ya que a diferencia de su etapa anterior, Michael vive con el peso de sus decisiones, sintiendo culpa por la muerte de su hermano Fredo y la ruptura de su familia como confiesa al cardenal.
Eso sí, para Michael la familia sigue siendo el pilar de su vida, ha de ser su legado y, por lo tanto, responsabilidad si tiene algo de poder es para protegerla encontrar un sucesor adecuado para alejarla del crimen, algo que consigue con Vicent, el hijo de su sobrino que será capaz de renunciar al amor por el poder tal y comno confiesa a su prima amada "Hay cosas que quiero hacer en las que tú no puedes participar. No culpes a tu padre. Fue mi decisión. No odies a tu padre. Quiero ser parte de algo en lo que tú no tienes cabida. Después de esta noche, no nos volveremos a ver".
No obstante, todo lo que que hace se transforma en dolor. En la película vemos que el amor filial (por su hija Mary y su hijo Anthony) es lo que le convierte en un hombre vulnerable que llega a confesar a su hija que "ardería en el infierno con tal de mantenerte a salvo", algo que no puede, como vemos en la sobrecogedora escena final de la gran tragedia de corte teatral a las puertas de la Ópera de Palermo con el mayor grito silencioso de la historia del cine. Y como siempre en toda la obra épica del Padrino la película, en este caso, crepuscular explora la corrupción en las altas esferas, incluyendo el Vaticano, contrastando la aparente respetabilidad con la verdadera criminalidad, una vez transformada la ambición en culpa y dolor y el poder en soledad.

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