martes, 14 de abril de 2026

El último refugio (Safe house)



El conflicto en la República Centroafricana (RCA), intensificado a partir de 2013, es una compleja crisis que, si bien a menudo se describe como un enfrentamiento religioso entre milicias musulmanas y cristianas, tiene profundas raíces políticas, económicas y regionales. En esa guerra civil se enfrentaron, la Séléka (Alianza Musulmana) y los Anti-balaka.

Los Seleka en 2012 integró una coalición de grupos rebeldes, principalmente musulmanes, conocida como Séléka, se formó para oponerse al entonces presidente François Bozizé. En marzo de 2013, dieron un golpe de Estado y su líder, Michel Djotodia, se convirtió en presidente. Y frente a ellos, la milicia cristiana , la Anti-balaka (Milicias Cristianas, pero también animistas) que como reacción a los abusos y la violencia cometidos por la Séléka, se agruparon en las milicias Anti-balaka ("anti-machete"), compuestas mayoritariamente por cristianos y seguidores de religiones tradicionales.

Tras el golpe, la disolución de la Séléka en septiembre de 2013 no trajo paz; sus excombatientes se dispersaron, y comenzó una espiral de caos. La violencia adquirió un sesgo religioso. Los Anti-balaka atacaron a comunidades musulmanas, a menudo acusándolas de apoyar a la Séléka, provocando desplazamientos masivos de musulmanes hacia el norte del país o países vecinos (Chad, Camerún). 

Francia envió tropas (misión Sangaris) en diciembre de 2013, junto con una fuerza de la Unión Africana (MISCA), y posteriormente la ONU desplegó la misión MINUSCA para intentar proteger a los civiles.

La película, una coproducción Noruega-Dinamarca-Suecia-Finlandia y producida por Catrin Gundersen y Hugo Hagemann Føsker amparada bajo las productoras Fantefilm, pero también Norwegian Film Institute, Nordisk Film, Film i Väst, Cinenic Film, ReelMedia.noruega basada en hechos reales durante la guerra civil entre cristianos y musulmanes en la República Centroafricana. 

El resultado es un thriller dramático dirigido por Eirik Svensson escrito por los sus guionistas, Harald Rosenløw-Eegmediante y Lars Gudmestad, se basaron en un tenso episodio vivido por Lindis o Linn Hurum (Kristine Kujath Thorp), Secretaria General de Médicos Sin Fronteras en Noruega, durante su trabajo como gestora de proyectos y en este caso un equipo médico en un hospital de campaña junto a un campo de refugiados que alberga a más de 100.000 personas, desbordado por el caos y la desesperación. Según hospital de campaña de Bangui, una ciudad dividida en zonas musulmanas y cristianas, en los inicios de su guerra civil. 



La víspera de la Navidad del año 2013 la joven Linn se encuentra en el hospital de N´Poko que ella gestiona pero que se complica cuando un hombre musulmán busca refugio y ayuda médica en la zona cristiana del hospital, donde los trabajadores humanitarios luchan por salvar vidas. Afuera, una milicia agresiva exige que le entreguen al hombre. tendrá que tomar una difícil decisión: proteger a un musulmán perseguido por una milicia cristiana que  busca refugio o entregarlo y garantizar la seguridad de todos en el hospital. 

El hombre armado —un miembro de las milicias Anti-Balaka— con una granada entra cinco minutos después, buscando al mencionado fugitivo, y a partir de entonces, es solo melodrama con Linn discutiendo con Andreas (Mattis Herman Nyquist), su colega médico, mientras que la relación con el resto del personal como Joseph (Alexander Karim), y Tessy (Tracy Gotoas) es fluida y luego con los soldados franceses que, al llegar al lugar, afirman no ser un taxi y, por lo tanto, se niegan a llevar al joven asustado a la zona musulmana. 

El último refugio fue una representación estremecedora de la crueldad de la guerra, la vida extrema en la zona de conflicto y la lucha humanitaria en medio del caos. Cuando un hombre perseguido irrumpe en la clínica buscando refugio, la turba y la milicia se congregan afuera exigiendo su entrega. En medio de la tensión y el miedo, Linn deberá tomar una decisión que pondrá a prueba los límites de su humanidad. Fundamental para la resolución de la situación es la colaboración de uno de sus colaboradores, un ciudadano local (Bibi Tanga) que será clave en que todo salga bien.  

Dirigida en el año 2025 por Eirik Svensson e interpretada por Kristine Kujath Tgorp, Mattis Herman Nyquist, Bibi Tanga, Alexander Karim, Tracy Gotoas y Almac Pöysti. 

La película cuenta con la música de Lisa Nordström y la fotografía de Karl Erik Brøndbo. Se estrenó en el Festival de Cine de Gotemburgo el 24 de enero de 2025. En los Amanda Awards (los premios del cine noruego) obtuvo 3 nominaciones, incluido: Best Visual Effects siendo Ganadora al diseño a la mejor producción y escenografía.

La película explora el dilema ético y de seguridad al que se ha de enfrentar Linn en estas 15 horas de asedio en Bangui: una milicia cristiana armada rodea el hospital exigiendo que entreguen al hombre para ejecutarlo. Ella debe decidir si seguir los protocolos de seguridad de su equipo o arriesgarlo todo para salvar una sola vida, enfrentándose a un grupo violento sin más armas que su palabra y su integridad. 

Lo cierto es que el conflicto fue y sigue siendo complejo. Los expertos señalan que más que una guerra santa, fue una lucha por el control de los recursos y el poder estatal en un país con instituciones extremadamente débiles. Los líderes de ambos bandos utilizaron la identidad religiosa para movilizar a combatientes y justificar la violencia. 

A menudo, el conflicto enfrentó a grupos nómadas (mayoría en la Séléka) contra comunidades agrícolas (base de los Anti-balaka). El conflicto ha causado miles de muertos (unas 5.000 personas en la etapa crítica de 2014) y más de 800.000 desplazados. Es un conflicto que muestra una inestabilidad persistente. A pesar de los acuerdos de paz firmados (como el de 2019), la inestabilidad ha continuado con la formación de nuevos grupos armados que controlan gran parte del territorio.

Como todo conflicto ha dejado secuelas sociales gravísimas. La guerra ha destruido la convivencia entre comunidades que antes vivían en paz y ha dejado una profunda desnutrición y carencia de servicios sociales. El conflicto ha provocado un alto coste en desplazamientos de población y pérdida de vidas de ciudadanos, en especial de la etnia fulani, con una división de facto entre las facciones Ex-Séléka y Anti-balaka en la considerada por muchos, el diario El mundo, por ejemplo, la guerra más olvidada del mundo.

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