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martes, 20 de febrero de 2024

Cuento de verano



Tras el Rayo Verde y Pauline à la plage, perteneciente a las Comedias y Proverbios, volvemos a una historia autoconcluyente. Aquí retoma al personaje de Pauline, ahora transformada en Margot, y a su actriz, Amanda Langlet. La linea temática está marcada ya por la historia y por ella. Rohmer sigue disfrazado de amateur, vuelve a la dirección y a escribir un guion, con gusto por el cine libre e independiente. 

Los diálogos hablan del azar, la huida de los grupos, con el azul y verde bretón, con ese paso de la ciudad al campo, ese tránsito estival, por parte de unos jóvenes, la película tiene mucho que ver con la juventud. 

Desde el punto de vista del rodaje vemos que los actores salen juntos, en planos largos, amparado por la productora Les Films du Losange et Le Sept Cinemá, en la que está la sombra de Rohmer, Françoise Echetgaray, y Margaret Ménégoz por su sutilidad de la música de Philippe Eidel, Sebastien Erms que introducen música bretana con esas canciones de marinero y con la luminosa fotografía de Diane Baratier...

Cuento de verano o en su título original Conte d'été es el tercer cuento de la serie de las cuatro estaciones , es una película francesa dirigida en 1995 por Éric Rohmer. 

Esta película es la tercera de la serie Cuentos de las cuatro estaciones, de la que forman parte además, Cuento de primavera (1990), Cuento de invierno (1992), y Cuento de otoño (1998), todas ellas dirigidas y escritas por el propio Rohmer. Parece ser que la trama se basa libremente en las experiencias de Rohmer como joven estudiante de cine y sus diversas relaciones. La película se proyectó en la sección Una Cierta Mirada del Festival de Cine de Cannes de 1996. 

 La pelicula está vista a través de él, un papel interpretado por Melvil Poupaud en el rol de Gaspard. Junto a él aparecen Amanda Langlet en el papel de Margot. Gwenaëlle Simon es Solene; Aurelia Nolin es Lena. Igualmente aparecen Aimé Lefèvre  como el marinero de Terra-Nova, Alain Guellaff como  tío Alain; Evelyne Lahana como la tía Maiwen e Yves Guérin como el acordeonista. 

La película se rodó entre el 13 de junio y el 31 de julio de 1995 (en la película las fechas ficticias que se indican van del 17 de julio al 6 de agosto), en diversas localidades turísticas de la Bretaña francesa, entre las que destacan Dinard (donde realmente transcurre la película), Saint Malo, Saint Brieuc y Saint Lunaire. La película no se estrenó hasta el año siguiente (1996). 

La acción tiene lugar a lo largo de 20 días en julio/agosto de 1995 en Dinard, sede de un renombrado balneario turístico, y en otras localidades de Côtes-d’Armor y de Ille-et-Vilaine (Francia).

La historia comienza con la llegada de un chico,  Gaspard, un estudiante de matemáticas, aficionado a la música, especialmente a la composición, acude a la localidad bretona de Dinard para encontrarse con la chica que él considera su novia, que lo tiene loco, Lena.

Mientras espera su llegada, conoce a Margot, una licenciada de etnología, que trabaja como camarera en la cafetería de su tía, y a la sensual Solene, una morena atractiva y sensual que le sugiere nuevos rumbos a su corazón. Margot, la dulce y alegre camarera con la que Gaspard hace amistad sin darse cuenta.




Gaspard, pasa todo el tiempo en el piso vacío de su amigo componiendo música y paseando por el pueblo. Conoce a Margot, una alegre camarera, en un restaurante. A pesar de sus desganas iniciales, pronto se hacen amigos y se reúnen a diario para pasear por la zona. 

Margot tiene un doctorado en etnología y realiza entrevistas de investigación con bretones locales en su tiempo libre. Gaspard le cuenta que tiene una novia intermitente, Léna, que planea visitar Dinard. Margot le dice que tiene un novio a distancia. Gaspard habla de su confusa relación con Léna mientras Margot le ofrece consejos. 


Así transcurren los soleados días mientras pasean. Un día Gaspard intenta torpemente besar a Margot, pero ella lo ignora alegremente. Margot lleva a Gaspard a un viaje de investigación a la casa de un pescador local para hablar sobre canciones populares marítimas en Terranova. 

Tras escucharla, Gaspard se inspira en las historias de los pescadores y escribe su propia canción marinera, una desviación de su típica música blues. 

Una noche Gaspard que cena en el local de la tía de Margot es invitada por esta a salir con sus amigos  a un baile en un bar local donde se siente fuera de lugar. 

Es allí donde conoce a una de las amigas de Margot, Solène, ya que esta se fija en él, aunque ella baila con otro chico. Esto no pasa desapercibido  as Margot, que le comenta a Gaspard la posibilidad de enrollarse con ella. 

Un día se lo encuentra sola mientras él tiene intención de ir a la playa. Deciden cambiar de playa y van en el coche de ella a Saint Malo. Allí descubre que Solène es sensual, segura de sí misma y sencilla. Ella lo invita a navegar en el barco de su tío. Solène, ex cantante de coro, se interesa por la música de Gaspard y él le enseña la canción marinera que ha escrito. Su atracción por él y su talento musical aumenta su baja autoestima con las mujeres. 




Ese día se enrolla con Solène, que acaba de romper con dos pretendientes, tiene ideas rígidas sobre el compromiso y el proceso romántico y Gaspard se alinea al convertirse en su mejor opción en este momento. 

Ambos deciden hacer un viaje a Ouessant, una isla frente a la punta de Bretaña, la semana siguiente al igual que le había dicho a Margot , y a su vez había planeado con Lena. 

Otro día, por casualidad, Léna encuentra a Gaspard en la playa y parece realmente emocionada de verlo después de la larga espera. Gaspard, desconcertado por el comportamiento distante de Léna en el pasado, está encantado con su renovado interés en él y comienza a preparar el escenario para renegar de las vacaciones con Solène. 



Gaspard y Margot hablan sobre su creciente dilema, mientras Margot poco a poco se convierte en parte de este mismo dilema. Margot cuestiona su tendencia a estar de acuerdo con cualquier chica con la que esté en ese momento. Ella se pregunta si es astuto y manipulador, o simplemente un tonto débil. 

Su incapacidad para tomar una decisión lleva a Gaspard a la trampa de reservar dos veces el viaje con Léna y Solène. Más tarde, Léna, en un arrebato de mal humor, confiesa que no está enamorada de Gaspard y se marcha enfadada. 

A Gaspard le parece que su única opción es Solène, pero en un paseo con Margot, vuelve a besarla y esta vez es correspondido. 

Cansado del mal humor de Léna y de la presión de Solène, Gaspard le dice a Margot que quiere viajar con ella a Ouessant porque se da cuenta de que su relación es más honesta y afectuosa. Pero mientras espera una llamada de Solène, Léna llama a Gaspard a su casa, se disculpa por su comportamiento y vuelve a invitarse a Ouessant. Solène también llama, comprometiéndose a viajar y luego cuelga bruscamente antes de que Gaspard pueda responder. Gaspard ahora se enfrenta a un gran dilema, ya que les ha prometido a las tres mujeres que las llevaría a Ouessant. 

Por suerte, un amigo también le llama para informarle de que un hombre en Rennes quiere venderle a Gaspard un equipo de grabación. Es una oferta demasiado buena para dejarla pasar y decide irse de la ciudad y no afrontar sus problemas. Gaspard le pide a Margot que se reúna con él en el ferry a Saint Malo antes de partir, donde le explica la situación. 

Luego, Margot le dice a Gaspard que su novio regresará inminentemente y que irán a Ouessant. Gaspard se sorprende con la noticia, asumiendo que Margot siempre estaría ahí para él, y a medias hacen planes vagos para encontrarse en el futuro. 

Mientras bajan por la rampa hacia el barco, se despiden y se besan, dejando sus sentimientos románticos sin resolver. Margot saluda mientras el barco zarpa, antes de alejarse. Mientras el barco de Gaspard zarpa, suena la vieja canción marinera "Santiano".  

La película glosa las relaciones de amistad y de aproximación al amor de unos adolescentes que juegan a mayores, entre inseguridades, dudas, inquietudes, inexperiencia, curiosidad y temor al fracaso. Los cuatro hacen uso de simulaciones, ocultaciones, pequeñas mentiras, palabras ambiguas y falsas apariencias, para protegerse de compromisos que no desean y de debilidades que no quieren revelar. 

Como es habitual en el realizador, el azar ocupa un lugar relevante en la historia. La amistad fluye con facilidad y los conflictos de intereses se apuntan con la superficialidad propia de unas relaciones de verano, efímeras y breves. 

La acción combina escenarios naturales, muy variados, y diálogos sencillos y naturales, que contienen la belleza de la sinceridad y la espontaneidad. No queda del todo claro si Gaspard juega con las tres chicas una historia de leves enredos o si son las chicas las que se sirven de él para dar sentido a unas vacaciones intrascendentes, de sol, música, baile y conversación. Nada serio puede cuajar en tres semanas, pero las tres muchachas y Gaspard salen enriquecidos en experiencia, madurez y apego a la vida. 

La fotografía, luminosa y colorista, crea escenarios abiertos y cálidos, muy adecuados a la acción, con paseos por las playas y las campiñas próximas. El guion basa su capacidad de sugerencia y emoción en la sencillez de la historia. La interpretación de los dos protagonistas (Gaspard y Margot) desborda naturalidad y espontaneidad. La dirección crea una obra llena de amor a la vida y de exaltación de la juventud. 

La película contagia alegría de vivir y trasmite confianza. Es en definitiva uno de los mejores filmes de Éric Rohmer, que una vez más consigue el "milagro" de captar la "realidad de la vida" a través de una cámara.

De ella han escrito mucho y muy bien algunos críticos desde su estreno. Por ejemplo, Ben Sachs del Chicago Reader comentó sobre ella que "Pocos directores pueden decir tanto con tan poco como Éric Rohmer".

Mark Jenkins del The Washington Post afirmó que "Sus jóvenes actores, sus diálogos realistas, y sus interpretaciones naturalistas sugieren un enfoque casual: pero a medida que la historia progresa, el control del director es cada vez más evidente".

Stephen Holden del The New York Times con respecto a la película escribió que "Tiene espacio para enfocarse en la brillantez de Rohmer revelando la naturaleza humana a través de personajes articulados y multidimensionales" 

En Los Angeles Times Kenneth Turan sostuvo que la película es "Astuta, tranquila y amablemente entretenida, será bienvenida por los fans del director, mientras que sirve como una estupenda introducción para aquellos que no le conozcan" 

Glenn Kenny en la web de Roger Ebert , es decir, rogerebert.com afirmó que "Rohmer tenía una habilidad casi asombrosa para usar las volubles predilecciones de los jóvenes como plataforma de lanzamiento para observaciones filosóficas inteligentes, pero no opresivas. 

En el Reino Unido Tom Dawson críticode la BBC dijo de ella que era "Una comedia romántica bella y agridulce".

James Berardinelli en ReelViews defendió qud "Con 76 años, Éric Rohmer probablemente tiene una mejor comprensión del amor juvenil que la mayoría de los jóvenes amantes"

En la página del Programa internacional de Educación cinematográfica, llamada Le cinéma, cent ans de jeunesse, se escribe el siguiente comentario "La elección de una escala de plano bastante abierta permite captar la realidad casi sociológica de una playa bretona en verano con un interés documental: bañistas, grupos de niños instalados alrededor de una sombrilla, gente de vacaciones que lee. De esta multitud anónima, compuesta por figurantes que ignoran su condición, (algunas pocas miradas a cámara, conservadas en el montaje), el personaje principal, Gaspard, emerge literalmente desde la profundidad de campo para venir hacia nosotros, luego recorre la playa, vacilante, como buscando a alguien. La elección de una playa abarrotada de gente también tiene un valor para el guión: hace que el primer encuentro entre Gaspard y Margot sea fortuito y que sea nuevamente el azar el que conduce a Gaspard, personaje indeciso que se deja llevar por los acontecimientos, a pasar delante de Margot. El encuentro se produce en medio del alboroto de la playa, que el realizador tuvo buen cuidado de conservar: gritos, llantos de niños, fragmentos de conversaciones lejanas… La elección de Rohmer, que tiene el cuidado constante de anclar así a los actores lo más cerca posible de lo real, es una elección estética y ética, inseparable de una economía de rodaje particular: un equipo muy reducido, un sonido que no se destaca (los micrófonos Hi Fi están disimulados en los trajes de baño o entre los cabellos de los actores) le permiten mantenerse discreto, la filmación de la película no debe perturbar el cuadro cotidiano y bien real que da nacimiento al filme". 

Un cuento de verano se considera una de las películas más convencionales de Rohmer debido a su carácter autobiográfico. El uso que hace Rohmer de un protagonista masculino es algo así como una desviación de sus películas anteriores, y es evidente que en ella puso muchas de sus propias ideas en boca de Gaspard durante sus largas discusiones con Margot. 

Los personajes jóvenes de la película se obsesionan con su autoimagen y la dinámica de grupo y el tema general es cómo las relaciones románticas definen la autoimagen y la proyección de la autoestima.  Gaspard ve a Léna, independientemente de su comportamiento, como una mejor decisión empresarial. Solène intenta redefinir su imagen de "ciudadana" convirtiéndola en una artista misteriosa y de mal humor. Léna está profundamente insatisfecha con el hecho de que Gaspard sea su mejor opción en la vida. 

La más segura de sí de los cuatro personajes, Margot, parece estar esperando pacientemente a que Gaspard se encuentre a sí mismo y descubra su amor. 

El rodaje se desarrolla principalmente en playas turísticas, excepto cuando Margot saca a Gaspard de excursión fuera de su zona de confort. No consideramos que las relaciones de Gaspard con Solène o Léna se extiendan más allá de la playa, el agua y otros lugares comúnmente frecuentados por turistas. 

Por el contrario, los largos paseos y las conversaciones de Margot y Gaspard los llevan fuera de las zonas turísticas y hacia el campo. Todos los personajes parecen estar en constante movimiento, deambulando inquietos, caminando o simplemente paseando por la habitación, en referencia a la impaciencia y espontaneidad de la juventud. Gaspard es consciente de su propio aislamiento y le confía a Margot su aversión por los grupos y, sin embargo, el espectador puede ver que su aislamiento es culpa suya. El comienzo de la película sigue Los paseos silenciosos y solitarios de Gaspard en su primer día en la ciudad y, a veces, inventa excusas para estar solo durante toda la película. Gaspard ve esto como una protesta contra la superficialidad, pero un análisis más profundo muestra que puede ser simplemente una forma de proteger su ego.




De hecho, los primeros siete minutos de la película no contienen ningún diálogo, lo que es un récord para las películas de Rohmer, superando incluso los cinco minutos de silencio inicial en su película de 1990, Cuento de Primavera.

El uso de la ropa por parte de Rohmer parece ser una metáfora de las personalidades entre las que Gaspard tiene que elegir. Después de la primera escena en la playa, Gaspard no vuelve a ver a Margot en traje de baño. Su vestimenta es holgada, casual e incluso aparece en pijama en una escena posterior. Sus faldas suelen ser cortas y parece usar sus piernas para coquetear con el inconsciente Gaspard. 

Las personalidades de Léna y Solène parecen variar con la elección de ropa. Léna se muestra tolerante, sexual y abrazadora con su bikini, pero fría, tensa y enfadada con su ropa de calle. 

De manera similar, la provocativa Solène es más impulsiva y se enoja más rápidamente cuando aparece vestida de calle. Del mismo modo, las tres mujeres están estrechamente asociadas con diferentes lugares: Margot aparece con mayor frecuencia a lo largo de la costa, Léna suele verse en la playa y Solène en el interior.

El tiempo juega un papel importante en la película: las tarjetas de título muestran la fecha de cada día del 17 de julio al 6 de agosto. Gaspard registra cuántos días de retraso lleva Léna, mientras camina con Margot y explora las playas en busca de ella. Como es característico de las películas de Rohmer, el tiempo se muestra de forma muy lineal. Gaspard se muestra muy consciente de las limitaciones de tiempo: tiene una fecha en la que debe partir hacia su nuevo trabajo en Nantes y está molesto con Léna por haber realizado un viaje no planificado a Jersey con sus primas, alegando que las deja solas. con muy poco tiempo para visitar Ouessant juntos. 

Como el tiempo, el lugar también es importante en la película. La película se rodó en las localidades costeras de Dinard, Saint Malo y Saint Lunaire, a principios del verano de 1995 para evitar a los turistas. Un fuerte sentido de lugar es un tema común en los Cuentos de las cuatro estaciones de Rohmer y los movimientos de los personajes están claramente indicados. Los nombres de cafés, discotecas o ciudades quedan claros en la cinematografía y los diálogos. 

Durante sus conversaciones, nos enteramos de que Gaspard es de Rennes y que está a punto de empezar a trabajar en una empresa de diseño en Nantes. Margot es de Saint-Brieuc, una hora al oeste de Dinard. 

En sus paseos por la zona, Margot se complace en mostrarle a Gaspard lugares importantes, como ciudades, islas y monumentos, como la Torre Solidor, al otro lado del río Rance. Margot es también la más móvil de los intereses amorosos de Gaspard: lo lleva a la vecina Saint-Lunaire, y Margot es la única de las tres mujeres que "vaga por los tres escenarios" como se la ve en los lugares estrechamente asociados con Léna y Solène, pero no ocurre lo contrario. 

Otros temas típicamente rohmerianos presentes aquí incluyen las ideas de autoengaño y coincidencia, especialmente aplicadas a un protagonista que hace algo inesperado mientras espera a otra persona y luego tiene que tomar una decisión difícil. Gaspard llega a Dinard para esperar a Léna, pero entabla una estrecha amistad con Margot y tiene un romance con Solène. Cuando Léna aparece inesperadamente, Gaspard queda atrapado en una trampa que él mismo ha creado. Para Solène, Gaspard resta importancia a su relación con Léna. Cuando Solène o Léna se muestran amables con él, Gaspard las elogia efusivamente ante Margot. Y cuando pelean, Gaspard se vuelve extremadamente pesimista sobre sus perspectivas. 

Margot habla en nombre del espectador cuando dice que no comprende a Gaspard: ¿está tratando pasivamente de mantener sus intereses románticos complaciéndolos, o es un jugador astuto con un plan? ¿Está engañando a estas mujeres o se está engañando a sí mismo? ¿Y quién es el sustituto de quién? Las respuestas a estas preguntas quedan abiertas a la interpretación del espectador. 

Melvil Poupaud recordó que Rohmer filmaba largas tomas individuales, porque no quería que los actores ensayaran demasiado para que sus líneas se mantuvieran frescas. Los turistas que estaban presentes en su mayoría ignoraron la presencia del pequeño equipo de filmación.

Rohmer dio permiso a la directora de producción de la película, Françoise Etchegaray, para filmar la realización de A Summer's Tale. Esta es la única vez que se grabó el rodaje de una película de Rohmer. 

Jean-André Fieschi recibió el metraje para editarlo después de un encuentro casual con Etchegaray a finales de 1995, pero el documental completo de 90 minutos permaneció olvidado durante diez años. 

Llamada La Fabrique du Conte d'été ("La realización de Un cuento de verano"), Rohmer acordó publicarla en 2006. ​



martes, 20 de diciembre de 2016

Cuento de invierno, todo un cuento


No , no. Hoy no he disfrutado con la película que hemos visto en el club de cine. La elegida por Santiago ha sido Conte d´hiver del director francés Éric Rohmer. Rohmer es junto a François Truffaut, Jean-Luc Godard, Alain Resnais - aunque éste estaba más cercano a otra corriente, la llamada Rive Gauche- , Jacques Rivette, o Claude Chabrol, y sobre todos ellos su precursor Jean Pierre Melville representantes de lo que vino a llamar Nouvelle Vague, una corriente del cine francés surgido a finales de los años 50 en el seno de un grupo de cineastas y críticos de cine francés , en gran medida pertenecientes a una revista especializada de cine, Cahiers de Cinéma, que apostaron no sólo por una mayor libertad de expresión creativa, sino también de la libertad técnica y compositiva. 

Este cine se caracterizaba por la espontaneidad, a veces de improvisación, tanto en el guion como en la actuación; el uso de una iluminación natural, siendo rodadas las escenas preferentemente fuera de los estudios, con poco presupuesto; pero estas historias, a veces, aparentemente simples, estaban llenas de entusiasmo. 

Las historias de estas películas eran un canto a la vida, al deseo de libertad como valor central en todas sus dimensiones, y un nuevo modo de asumir la adultez desde la óptica de un espíritu joven , lo que se ha venido a llamar juvenilismo. En este sentido las películas se centran en eso que llamamos la condición humana , en ocasiones, aislada en el marco de la sociedad pequeño burguesa y mostrando en ocasiones algo propio, algo de autoconocimiento personal, por lo que en sus películas aparecen claras referencias personales. 

Como ya he dicho entre este grupo se encontraba Éric Rohmer, un pseudónomo que escondía a Maurice Henri Joseph Schérer, que falleció en 2010, a la edad de 90 años. Curiosamente adoptó el nombre de Éric Rohmer, en referencia a dos de sus personajes favoritas: el director de cine austrohúngaro Erich von Stroheim y al novelista británico Sax Rohmer, autor de la serie Fu Manchú. Como crítico de cine, llegó a ser jefe de redacción de la prestigiosa revista francesa Cahiers du Cinéma entre 1956 y 1963, junto a quien fue uno de sus grandes maestros, André Bazin. 

El cine de Rohmer se caracteriza por su sencillez y por su agudeza intelectual. Hay un clima de profunda sintonía con los ambientes en los cuales se desarrolla la acción, y con aquellos personajes que definen el sentido moral de cada una de sus historias, muchas de ellas constituidas sobre relaciones triangulares. Los diálogos intensos y continuos, la alambicada expresión de los sentimientos definen su denominado "cine de prosa". 

Como es habitual en Rohmer, el azar ocupa un lugar destacado, mientras la estética de la obra se apoya en la belleza de la sencillez y la naturalidad y en la grandeza de lo cotidiano. La obra centra su atención en la contraposición/afinidad de lo cotidiano y real con lo ideal y absoluto. Este director nacido en Nancy gustará de realizar películas que son incluidas en series, destacando tres series de películas: Seis cuentos morales, las seis Comedias y proverbios y los Cuentos de las cuatro estaciones. 

La que vi pertenecía a esta última serie, siendo la segunda entrega de "Cuentos de las cuatro estaciones", tetralogía iniciada con "Cuento de primavera" (1989). caracterizada porque en ella las historias de relaciones humanas, tienen en el amor a su principal protagonista. 

Como suele ocurrir en la obra de Éric Rohmer, aquí director y guionista, mantiene a su equipo técnico y de producción de forma estable. Aquí la producción está compuesto por Françoise Etchegaray como productor, junto al mismo Rohmer , y a Margaret Ménégzz vinculados con Les Films du Losange - aquí también distribuidora- , Compagnie Éric Rohmer , Canal + 

Como en la mayor parte de su obra en el montaje participó Mary Stephen , en el vestuario lo hará Pierre-Jean Larroque, en el sonido Pascal Ribier y en la música Sébastien Erms. Curiosamente en la fotografía está presente Luc Pagès, y no su habitual Néstor Almendros, señalar que el fotografo barcelonés falleció ese mismo año 1992. 

La película contó con un reparto formado por Charlotte Véry como Félicie, Frederic van den Driessche como Charles, Michel Voletti como Maxence, Hervé Furic como Loïc, Ava Loraschi como Elise, Christiane Desbois como la madre de Felicia, Roseta como su hermana, Jean-Luc Revol como su hermano, Haydée Caillot como Edwige, Jean-Claude Biette como Quentin, Marie Rivière como Dora, Claudine Paringaux como una cliente de la peluquería, Roger Dumas como Leontes, Danièle Lebrun como Paulina y Diane Lepvrier como Hermione.

La película nos cuenta que durante unas vacaciones de verano en Bretaña Félicie(Charlotte Véry) y Charles (Frédéric van den Driessche) tienen un apasionado romance. En los primeros momentos los vemos entregados y desnudos en la playa, de día, y en la cama, de noche. Ese romance acaba cuando termina el verano, tras lo cual Félicie y Charles quedan en escribirse. En la misma estación de tren Félicie tiene un tonto lapsus en la despedida provisional (da una dirección postal equivocada) y a causa de ello pierde totalmente el contacto con el amado que marcha a trabajar a una ciudad de Estados Unidos en un restaurante - después nos enteramos que es Cincinatti-. Pero debido a una confusión ya que ella vive realmente en el nº X de la Rue de Victor Hugo en Levallois y no en ¿? , así que pierden el contacto. 

Cinco años después, estamos en un gélido invierno en la periferia de París. Allí vive Félicie junto a su madre y a su hija nacida nueve meses después de aquel verano. Su hija Elise (Ava Loraschi), de 4 años, fruto del romance con Charles, con el que guarda gran parecido, mantiene vivo un recuerdo absorbente e imperativo. 

En el espíritu de la chica anida el presentimiento del encuentro próximo de Charles, al que anda buscando con la vista en sus viajes en autobús por París. 

Sabemos de Félicie, que tras tener a su hija, Elise, lleva una vida sentimental inestable, pues vive entre dos aguas. En una de las orillas está Maxence, un peluquero, compañero de trabajo y que mantiene desde hace algún tiempo una historia con Félicie, a pesar de estar casado, y en la otra está Loïc, un joven que trabaja en la biblioteca, con aire intelectual. 

Mientras que con Maxence se siente segura por ser algo mayor que ella y por su experiencia vital, con Loïc , un intelectual católico, su siente cohibida dada su mayor preparación intelectual, apesar de que el trato hacie ella y su hija por su parte es muy amable. 

Félicie es incapaz de comprometerse con ninguno de ellos porque no puede olvidar a su antiguo amor. Tras abandonar a Loïc decide marcarse con Maxence a Névers, una pequeña ciudad a dos horas de París, en la que Maxence ha conseguido un traspaso. Para hacerse un hueco en la sociedad Maxence le ha dicho a todo el mundo que está casado y presenta a Félicie como su mujer y dueña igualmente de la peluquería. Tras unos días en la ciudad, madre e hija están aburridas. Su presentimiento de que va a encontrar a Charles en algún momento se ve reforzado cuando visita con su hija el belén de la catedral de Nevers, donde una voz interior le anuncia en un futuro el reencuentro con Charles. Tras esto Félicie le dice a Maxence que regresa a París, dejándolo allí, tirado. 

 Al retornar a París vuelve a los brazos de Loïc , el intelectual. Este quiere comprometerse con ella , alegando lo mismo que le ha dicho a Maxence que los quiere un poco, pero no “con locura”. Es su manera de adaptarse al desastre sentimental derivado del lapsus. Usa la relación con uno para presionar al otro. Ella no dice que sí, pero tampoco que no. Sí dice que es muy exigente. Se ofende si no se resisten a su rechazo cuando les planta. Pero si necesita protección o consuelo se les acerca, avivándoles la esperanza, aunque les declare un afecto equivalente a la milésima parte del amor por Charles. 

La perfección virtual atribuida al ausente pone a todas horas en evidencia la vulgaridad de uno y el intelectualismo del otro. Especialmente, desesperante es su relación con Loïc cuya intelectualidad llena a Félicie de insatisfacción a sabiendas de su vacuidad, aunque lo que ella alega es su libertad y la presencia permanente en su ausencia de su idolatrado Charles. Pese a no ser creyente, Felicia pide a Loïc que rece para que ella encuentre a Charles pronto. 

Con él asiste a la representación teatral de la obra de Shakespeare "Cuento de invierno", que evoca en ella la fuerza de la Providencia y reafirma su amor por Charles. Ella se guía por la Providencia y ésta parece presentarse en un autobús en el que casualmente aparece Charles.

Éste aparentemente tiene novia, pero tras bajarse abruptamente del autobús siguiendo a Félicie, y descubriendo para su sorpresa que fruto de aquella relación de verano fue esa chica que acompaña, a su amor de verano bretón, Elise. 

Los tres se presentan en la casa de la madre de Félicie con la compra necesaria para la cena del día de Navidad y en ello se disponen a pasar la velada, y ¿quién sabe? si la vida, juntos. Llegando hasta aquí la película. 

La película se estrenó en Francia el 29 de de enero de de 1992, y meses más tarde obtuvo el premio FIPRESCI y fue mención especial del Jurado Ecuménico y consiguió la nominación por el Oso de Oro en el Festival de Berlín ese mismo año. 

La película se rodó en exteriores de Bretaña, París, Nevers (Borgoña) y en estudio durante las 3 últimas semanas de diciembre de 1992, con final antes de la celebración de la Nochevieja en familia.

En la revista Fotogramas se dice de ella que esta película fue "la segunda entrega de la interrumpida serie "Cuentos de las cuatro estaciones", en la que Rohmer reconstruye su peculiar universo de encuentros y desencuentros aparentemente inocuos, pero que encierran sugerentes significaciones. La perfecta espontaneidad de su juego y la riqueza de su contenido no desmerece del resto de la obra de un director que siempre ha combinado la racionalidad con el azar". 

Al hilo de su presentación en la Berlinale en ese fenrero de 1992, - donde a la postre conseguiría el Premio Internacional de la Crítica FIPRESCI, el 18 de febrero de 1992 escribía Ángel Fernández Santos en El País que "Cuento de invierno, el largometraje número 20 del francés Eric Rohmer, es una de esas películas que justifica a un festival. Fiel a sí mismo -es decir, siempre igual y, no obstante, siempre distinto-, el gran cineasta cuenta un cuento invernal lleno de calor. Y llena también de generosidad para con sus personajes y sus espectadores, que se lo agradecieron con una cerrada ovación. 

Rohmer -como todos los hombres de cine que tienen algo que decir, que no son muchos- vuelve una vez más a llevarnos a su pequeño mundo superpoblado, lleno de pequeños burgueses franceses parlanchines como cotorras y que se sirven de las palabras para ocultar sus pensamientos. Y en este mundillo, dentro de esa aldea que se conoce al dedillo, el viejo, y tozudamente joven, cineasta nos cuenta otra vez el mismo cuento: una pequeña parábola sobre la vida cotidiana que finalmente nos eleva hacia las grandes cuestiones de la existencia.

Esta vez el fondo del asunto es la función que los grandes mitos ejercen en los comportamientos de la gente común. Por la pantalla circula a raudales la sangre de la comedia, del melodrama, de la leyenda, del folletín y del cuento de hadas. Pero todo este barullo de modelos se convierte, contado por este maravilloso cuentista, en algo cercano y creíble que uno siente, mientras lo ve, haberlo visto ya; y mientras lo conoce, reconocerlo. 

Es posible que el fondo de la visión que Rohmer tiene de la vida humana en este Cuento de invierno esté un poco más a flor de piel que en otras ocasiones -por ejemplo, Mi noche con Maud; o, casi ayer mismo, Cuento de primavera- donde el cineasta endurece un poco su amor a la gente con una ironía a veces punzante y que aquí escatima. Es muy generoso Rohmer con su protagonista, una muchacha tan absurdamente sentimental que empalagaría si no estuviese detrás de ella su crador, este observador de la vida que a medida que envejece se hace más solidario con las flaquezas de la gente. 

Se trata de una muchacha tan libre, pero tan contradictoria, que con desordenada libertad busca, hasta convertirlo en un mito, al hombre que acabe con ésa su libertad. De ahí la pirueta y la paradoja que esconde este amable y optimista Cuento de invierno que gira enteramente alrededor de recuerdo de un momento del verano: y que , para algunos, es bella obra de un cineasta imperfecto y enamorado de la imperfección; narración de un narrador libre y enamorado de la libertad. 

La música, en gran medida imperceptible durante la película, es en ocasiones una melodía de piano, se superpone a las imágenes bretonas durante los 2 minutos iniciales. La misma melodía se oye, atenuada y lejana, en la Catedral. 

La fotografía hace uso frecuente de encuadres fijos y el guión contiene diálogos abundantes y prolongados, bellamente construidos, que incluyen toques irónicos, críticos con la presunción de los intelectuales y las torpezas de los incultos. 

Con todo yo he de reconocer que ese intelectualismo que manifiesta Rohmer lastra la película y que elimina de la misma el alma que pudiera tener. Ese deseo de hablar de Platón y ese fragmento pesado, más bien, tan plúmbeo como pedante con la parte de la representación del “Cuento de invierno” de Shakespeare, la escena en que la estatua de una muerta cobra vida por la fe de los actores. 

Reconozco que no me ha gustado nada este Cuento de Invierno Rohmer y aún menos esa Félicie caprichosa e inmadura, que se aprovecha de sus tontos enamorados (Maxence y Loïc) a quienes dice querer, pero no quiere tanto, o no los quiere para vivir con ellos, o no quiere una milésima como quiso a Charles, ...- vamos, como dirían en Francia Ridicule! - poniendo al espectador masculino al borde de la misoginia, pues uno piensa tras esto que el mejor amigo del hombre efectivamente es su perro, a esto se suma la sorpresa en el autobús final. Parece que hay indulgencia absoluta para una inestable Félicie, pues al final se le premia  su“capricho” con el cumplimiento de la premonición.

Entonces lo que parecía inmadurez e histerismo resultó una gran “apuesta” en el sentido pascaliano del concepto. Vamos eso es como mínimo poco creíble. Y para más inri esa decisión prudente motivada por el presentimiento, la intuición y un convencimiento nada sustentado en hechos razonables es lo que justifica la injustificable actitud de la caprichosa Félicie. 

Lo único que destaco de la película es la sobriedad del director, pero entiendo que la película está alejada de ese sentido de la delicadeza y que, para mí, queda en presentarnos una mujer perdida incapaz de dar bien una dirección postal. Al final, puede que tengamos un cuento de invierno, puro cuento, pleno y crudo invierno.