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miércoles, 8 de noviembre de 2017

Cachito


Lo primero que hice fue leer el libro. Era una novelita corta que se vendía con el título de Cachito, y que fue publicada por Alfaguara, una vez que, al parecer, había sido publicada por entregas en El País y que , inicialmente, se titulaba "Una cuestión de honor" . 

Se trataba de un cuento con buenos y malos para adultos que al transformarse en película da lugar a una road movie, en la que está presentes las aventuras y la miseria y la picaresca española. Al hacerse película el título de la película se transforma Cachito y que fue rodado, entre Madrid y Tarifa (Cádiz) por un director bilbaino que - por entonces- tenía 32 años, nacido en 1962, aunque también fue guionista y profesor en el departamento de Comunicación Audiovisual de la Universidad Carlos III de Madrid, tras licenciarse en Ciencias de la Información (rama de Publicidad) por la Universidad del País Vasco. 

Tras varios cortos dirige en 1987 su primer largometraje, Tu novia está loca, comedia con Antonio Resines y María Barranco, pero que tuvo cierto éxito en 1991 dirigió Todo por la pasta, y que le hizo que se le vinculara el género de la comedia. Gran parte de ellas serán de encargo para el productor Andrés Vicente Gómez, entre las de Cómo ser infeliz y disfrutarlo (1994) y Cuernos de mujer (1995), ambas películas estaban basadas en unos libros de la periodista Carmen Rico-Godoy. 

Sin embargo, poco después tuvo la opción de adaptar un relato de Arturo Pérez-Reverte, Cachito, lo que le dará pie para trabajar también en el guión de la adaptación cinematográfica de otra novela, en este caso, de Pérez-Reverte, El club Dumas, que, con el título de La novena puerta, será llevada a la pantalla años más tarde, y dirigida por Roman Polanski en 1999.

Un asunto de honor, el relato breve de Arturo Pérez-Reverte, era una obra maquinea, en el ambiente de un puti-club de carretera. En la historia había una banda de malos, "malísimos", con Sancho Gracia, Elvira Mínguez y Aitor Mazo; por otra, de buenos, no muy inteligentes, personificada en Amara Carmona y Jorge Perugorría.

El cartagenero Arturo Pérez-Reverte había concluido su obra en julio 1994 “Un Asunto de honor”, que se convirtió en Cachito en 1995. 

El director que años después sería el responsable de La caja 507(2002) o No habrá paz para los malvados ( 2011), dos thriller y que en diciembre de 2006 se convirtió en vicepresidente primero de la Academia de Cine, al resultar ganadora la candidatura encabezada por Ángeles González-Sindese lanzó al vacío con un guión de Francisco Pino, Jesús Regueira, Imanol Uribe y el mismo Enrique Urbizu, partiendo - claro esta- de la novela de Arturo Pérez-Reverte y con el apoyo en la producción de   Antena 3 Televisión , Origen PC , Aurum Producciones,  Canal + España y Producciones Cinematograficas SA siendo  Líder Films la distribuidora. 

La película contaba con la música de Bingen Mendizábal, la fotografía de Alfredo Mayo , hijo del mítico actor .

En el reparto aparecen el cubano Jorge Perugorría como Manolo , Sancho Gracia como  Rafael,  Amara Carmona como  Toñi , Elvira Mínguez como  Nati , Aitor Mazo como  Gordo - o Porky- Sara Mora como  Aurora , Luis Cuenca como Señor o Sidi , Pilar Bardem como  Prima, Pepo Oliva  como   Lucas , May Pascual como  Ameli, Txema Blasco como Don Cayetano, Lola Lemos como la abuela,  Carmen Sánchez como  Trujillo , Roberto Cairo como el   Guardia Civil , Sayago Ayuso como  Nazario.

La historia comienza momentos antes de que muera la abuela (Lola Lemos)de una niña de 16 años de nombre Toñi (Amara Carmona), una chica que había sido abandona por su madre y dejada a su abuela y que vive en una casa de campo de un pueblo extremeño del que no había salido nunca.

La chica se echa a la carretera con la vieja foto y una carta , la última escrita por su madre, en la que cuenta que está trabajando en un un hotel llamado Paraíso de la localidad de Jerez de los Caballeros.

La chica , que no ha salido en su vida del pueblo,  hace autostop y es recogida por un camionero solitario que la deja en el lugar de trabajo. El camionero Manolo (Jorge Perrugorría) tiene sus dudas al llegar pues ve que el hotel en cuestión en un puticlub de carretera , de los muchos que tachean la geografía española. La chica insiste y se baja del camión, despidiéndose del camionero.

Tras eso la chica llama a la puerta, pero nadie le abre. Eso sí, tras unos momentos se persona un extraño personaje, el Gordo o Porky (Aitor Mazo), vestido como la camiseta del Betis, que le lleva al interior del complejo. Allí hay tres chicas comiendo, entre ellas una que se hace llamar la Trujillo. Pero , tras la llegada de María, irrumpe en la cocina, Nati (Elvira Mínguez) quien le pregunta qué hace allí. Tras hablar con ella y decirle que busca a su madre, le dice que se olvide del tema y que se vaya. A la salida María se para con la Trujillo, a la que ayuda a recoger la ropa, pero en eso llega el dueño del club, Rafael (Sancho Gracia) , completamente bebido.

La chica que no sabe dónde ir, protegida por la Trujillo, se queda en el almacen, refugiada con una manta y detrás de unas casas de botellas vacías. Pero la mala suerte hace que ese sea el lugar en la que Rafael guarda la cocaína para él y sus clientes. Tras descubrir a la chica y saber que es la hija de su antigua trabajadora, pretende violarla , pero es detenida por Nati que le dice que sería muy retable venderla como virgen a Don Cayetano.

Aprovechando un descuido de Rafael la chica logra escapar del local y meterse en el camión de Manolo , el camionero de 27 años y ex presidiario, que llega al puticlub que dirige Rafael (Sancho Gracia) y en el que trabaja  Nati (Elvira Mínguez) acompañado de un amigo que en breves fechas se va a casar.

Mientras tanto Toñi se escapa y busca refugio en el camión de Manolo. Toni se esconde en el compartimiento con litera detrás de la cabina del camión de Manolo,  pero éste , al darse cuenta de su presencia, y pese a que ella le confiesa que tanto la Nati como Rafael, le han vendido por 300.000 pesetas  su virgo a Don Cayetano, un tipo enriquecido de gustos exclusivos - con farlopa incluida- ,  Manolo no la cree y llama al puticlub creyendo que es familiar de los dueños del club.

Tras ponerse desde un bar de carretera en la que la chica pide unas fantas y dos toblerones llega llega Rafael (Sancho Gracia). La chic se resiste a Don Rafael, pero es retirada por el Gordo y Rafael , se despide amablemente de Manolo, y se ofrece a pagar la cuenta.

Como quiera que el conductor sospecha que las maneras de Rafael esconden un lado turbio, así como la resistencia de Toni con Porky para entrar en el coche , y no pudiéndosela quitar de la cabeza, regresa a Club Paraíso donde logra rescatar a Toñi justo cuando se está a punto de consumar la violenta pérdida de su virtud. 

Manolo irrumpe en el puticlub y violentamente consigue llevársela, escapando hacia el sur, en concreto, a Tarifa, pues Nati le ha contado que la última referencia de la madre de María era la ciudad gaditana.

Don Cayetano le hace saber que el ha pagado por un servicio, y que dicho servicio no se ha consumado. Ahora, no pide que le devuelva el dinero, que es lo primero que le dice Rafael, sino que se trata de un asunto de honor.

Con la búsqueda de los dos huidos, elemento que prácticamente ocupará la segunda mitad de la película, acompañado por su amante, Nati (Elvira Mínguez) y  Porky (Aitor Mazo), que se encarga habitualmente de vigilar aquel antro se inicia la road movie, dejando la carga de comedia que , en principio, pudiera tener la película.

Como no saben hacia que punto del sur se dirigen la joven pareja Rafael decide pedir ayuda a su prima (Pilar Bardem). Por medio de las comunicaciones averiguan que Manolo se trata de un camionero conocido como el Correcaminos y sólo saben que su ruta es el sur. Sin embargo, la prima consigue saber que han parado en un motel de carretera. 

En el motel de carretera los fugitivos hacen el amor. Justo , en ese momento, irrumpen en la habitación los perseguidores. Porky noquea a Manolo y Rafael , al que Don Cayetano le ha hecho saber que ahora el asunto es un asunto de honor, viéndolo el tema de la virginidad frustrado, decide marcar a María en la cara y entregársela gratis.

Pero antes de que esto ocurra, Manolo se espabila y violentamente consigue escapar de nuevo con María en su camión.

Tras ellos van Rafael,  la Nati y Porky, el vigilante nocturno, quien conduce un coche. Sin embargo, la huida es frenada por la Guardia Civil que detiene el vehículo de los perseguidores.  Vuelven a tirar de contactos y averiguan que al puticlub manolo fue acompañado de un compañero, así que van a por él. Le dan una paliza y logran averiguar que la pareja se dirige a Tarifa, última referencia de su madre. 

María y Manolo llegan a su destino, y en la localidad gaditana, María ve por primera vez a la madre ya que está ejerciendo la prostitución en otro establecimiento –Aurora’s Club-.

Pero , igualmente, llegan también los perseguidores. Ahora Rafael empuña una pistola. Manolo, está decidido a matar o morir por María, y  «con un par de cojones», va por el chulo Rafael que ha  llegado con el ánimo predispuesto a todo, provocando un estallido de violencia que concluye con el enfrentamiento con Manolo a vida o muerte en lo alto de la muralla del Castillo de Tarifa. La película acaba con el cuerpo de Rafael enganchado a la muralla. 

Enrique Urbizu se enfrentaba en Cachito a su quinta película con un equipo de actores, según declaró al diario El País "que hacen fácil lo difícil". El autor de la obra original, Arturo Pérez Reverte declaró que era "(...) la primera vez que me encuentro un guión de una de mis obras que amplía la historia y no he tenido la tentación de tocar ni una sola coma".

Arturo Pérez-Reverte, quien congenió tan bien con Urbizu que viajó a Tarifa    para presenciar los últimos días de trabajo de un rodaje de exteriores que había comenzado el 24 de julio en algunas carreteras de la provincia de Madrid y que se reanudó el  día 9 de agosto en el pueblo y las playas de Tarifa, aunque también se rodó en    Guadalajara,  Toledo y Ávila.

Como ya he señalado la película partía de "Un asunto de honor", el relato se publicó Pérez Reverte por entregas durante el verano de 1994 en EL PAÍS.

El mismo autor en su blog nos relata en su blog Cómo "Un asunto de honor" se convirtió en "Cachito" , y nos narró lo siguiente:

"Todo empezó en una comida con el productor de cine Antonio Cardenal y su machaca ejecutiva Marta Murube, que son mis amigos desde que Antonio se jugó el patrimonio para meterle mano con Pedro Olea a El maestro de esgrima. (...) Acababa de contratarme El club Dumas y habíamos estado manteniendo reuniones con el guionista Anthony Shaffer -aquel de Sommersby y La huella de Mankievicz-, para ver cómo se planteaba el asunto en términos cinematográficos.  (...) Antonio, a quien le encanta complicarse la vida, acababa de decirme que tenía ganas de producir una película de mediano presupuesto, con acción y jóvenes y música y cosas así, y mientras él hablaba y yo le daba vueltas a un tocino de cielo y un cortado vi de pronto la historia mirándome allí, sobre el mantel: un fulano en un camión, hacia el sur, con camiseta y tejanos, y un yogurcito joven de ojos grandes, a su lado. Bares de carretera y faros de automóviles, una persecución, y una playa con el viento agitando el cabello de ella. Antonio seguía contándome no se qué, pero yo no lo escuchaba. Se me había ido la olla junto al camionero y la niña, y acababa de agregarles tres malos muy de caricatura, que los perseguían para darle emoción a la cosa. Muchas peripecias, peleas, entradas y salidas, la niña tierna que era sabia como todas las mujeres lo son, por instinto; y el chico duro que en el fondo era un infeliz buscándose la ruina. Algo así como érase una vez un yogurcito dulce por fuera y un camionero tierno por dentro que se enamora de ella y se la lleva -o en realidad la sigue-, hasta el final, sabiendo de antemano que el precio va a ser condenadamente alto. Una historia de amor, de carretera. Y de soledad, y ternura. Y de valor, y de coraje, y de muerte. Pero con final feliz. "Era la más linda Cenicienta que vi nunca...", pensé. 

Y de pronto miré a Antonio y le dije que iba a escribirle una película. Un relato corto para que alguien le hiciera un guión y lo llevara a la pantalla. Y me puse a improvisar. Recuerdo muy bien la cara de Antonio y Marta cuando empecé a contarles la historia, construyéndola a medida que lo hacía. Al terminar, Antonio me miró a través de sus gafas siempre torcidas y dijo, muy serio: -Escríbemela ahora mismo, cabrón. Y me puse a ello, dispuesto a hacer por primera vez en mi vida algo directamente destinado al cine. 

Se daba la feliz casualidad de que por aquellas fechas Juan Cruz, mi editor de Alfaguara, quería un relato corto, por entregas, para publicar en agosto en el diario El País. El año anterior ya nos habíamos estrenado con La sombra del águila, y Juan estaba dispuesto a repetir folletín, con intención de sacar después la historia en forma de libro. 

(...) Así que terminé por claudicar, y un día que me desperté más espabilado que otros resolví matar ambos pájaros de un tiro. La historia del camionero se publicaría por entregas, y luego serviría de base para el guión de la película. De ese modo cobraba dos veces por el mismo trabajo, y todos contentos. Así que me puse a trabajar. 

Fue una semana de tecla. La historia salió de un tirón, sin más dificultades que las normales, y elegí un tono que permitía escribirla de modo coloquial, rápido, sin detenerse mucho en correcciones ni florituras. 

La idea era que el papel de Manolo, el protagonista, encajara con Javier Bardem, a quien Antonio Cardenal quería en el papel de camionero. María, el yogurcito, sería una chica joven, de casting. 

En cuanto al malo, la posibilidad de que el papel recayera sobre Joaquin Almeida -el magnífico marqués de los Alumbres de El maestro de esgrima- me sugirió la idea de convertirlo en el Portugués Almeida, con diente de oro incluido. 

Antonio estaba dispuesto a que la película la dirigiera Imanol Uribe, que por aquellas fechas acababa de terminar el rodaje de Días contados con adaptación libre de la novela de Juan Madrid. Así que a la hora de describir el personaje de Nati lo dejé abierto para una eventual interpretación a cargo de María Barranco. 

En lo demás me olvidé por completo del cine y escribí la historia disfrutando muchísimo con ella, y convirtiéndola, de modo ya más personal, en un pequeño homenaje al lenguaje y el mundo carcelario, marginal y cutre, de los amigos y compañeros -macarras, lumis, presidiarios, trileros y prendas varias- que durante cinco años me habían acompañado cada noche de viernes en el programa de RNE La ley de la calle. 

La trama la planteé desde el principio como una especie de cuento de hadas de la Cenicienta y el Caballero de Limpio Corazón, con bruja mala, dragón y final feliz. Lo del final feliz era importante, porque Antonio Cardenal me había hecho jurarle por mis muertos más frescos que la gente saldría sonriendo del cine, en plan oye qué bien. 

Sin embargo, a medida que tecleaba el asunto iba cobrando vida propia; y ocurrió lo que pasa a menudo con este tipo de cosas: algo que te planteas como una simple diversión superficial va encarnándose en otro plano más profundo, y terminas por implicarte a fondo. De ese modo, y sin pretenderlo, el relato se fue llenando de ángulos menos evidentes y de ese humor desgarrado y amargo que ya figuraba en La sombra del águila. 

Y Manolo Jarales Campos, un personaje plano al servicio de la idea de una película, se transformó poco a poco en la encarnación de muchas otras cosas a medida que su autor le iba dejando, en riguroso préstamo, ciertos personales puntos de vista sobre el mundo, la mujer, el Destino, y lo que Manolo habría definido como puta vida. El cuanto a los malos, quise salvar un poco al portugués Almeida. 

Los cinco años en permanente contacto semanal con chorizos de variopinto pelaje me enseñaron un par de cosas sobre ellos, así que decidí dotarlo de un retorcido sentido del honor, en forma de ese peculiar código que a veces tienen ciertos malandrines. Y en homenaje, sobre todo, a uno de mis mejores amigos: Angel Ejarque Calvo, ex boxeador, ex delincuente profesional, trilero y estafador callejero a base de arte y labia, que se dejó la calle hace seis o siete años y fue, tanto en su vida choricil como en la honrada que lleva desde entonces, uno de los hombres más cabales y cumplidores que he conocido nunca. De ese modo, lo que cuenta en el relato para el Portugués Almeida no es ya tanto el dinero o la virginidad de la niña -el tesoro que codician los piratas- sino ajustar cuentas con su honor mancillado por la pareja fugitiva. El honor del portugués, el honor del camionero, la honra de la niña. El título estaba claro: Un asunto de honor. 

Pero, mientras le daba a la tecla, lo del final feliz cada vez lo veía menos claro. Tampoco es que a esas alturas de la historia me preocupara mucho, así que me consolaba diciendo que a la hora de hacer el guión ya se las apañarían otros para que la cosa resultara. Yo tenía clarísimo el final en la playa, Manolo y la niña, la navaja, y la ruina patatera que le había caído encima a mi protagonista. Andaba ya en las últimas líneas, buscando que se me perfilara el toro para rematar. Sin tener muy claro si mi héroe se cargaba al Portugués Almeida e iba al talego, o si el pobre Manolo palmaba allí, en la playa, defendiendo a Trocito y a esa cierta idea de la vida y de sí mismo que había descubierto gracias a ella. De pronto, cuando llegué al momento de la arrancada, me dije: para, muchacho. Has llegado al final. Ahí está. Ya no hay nada más que decir, y lo que cuentes a partir de ahora importa un carajo. Y pensé bueno, pues vale, pues me alegro. Que lo guionistas se las arreglen como puedan. 

Se publicó el relato. Entusiasmado con la historia, con ese calor que pone en todo cuanto se le mete entre ceja y ceja, Antonio Cardenal se la pasó a Imanol Uribe para que éste hiciera el guión, y me desentendí del asunto, decidido a mantenerme al margen. 

Todavía tuvimos una comida Imanol, otro guionista y yo, en El Escorial, para discutir un poco el asunto e intercambiar ideas. (...) De todas formas, como suelo decir siempre, uno corre esos riesgos cuando le vende una historia al cine. Y cuando vas de remilgado y estrecho, siempre queda el digno recurso de no dejar que nadie haga películas con ella. Así nadie te macula la cosa. 

En el caso de Imanol Uribe, procuré no mezclarme para nada, limitándome a discutir las posibilidades de ampliación de de los personajes y de la estructura. Antonio Cardenal y él estaban de acuerdo en que la trama venía definida, y sólo quedaba ampliarla para cubrir la hora y media necesaria para la película. Así que me dediqué a otros asuntos. 

Al cabo de un tiempo, Antonio me dijo que el título Un asunto de honor era poco cinematográfico, y yo sugerí Trocito. Por fin la cosa quedó en Cachito a instancias de Imanol, por aquello de la canción. Me pareció un buen título. 

Pasaron varios meses, y el productor me llamó un día para decirme que el guión estaba listo, pero que había un problema. El problema me lo contaron Imanol y él durante una comida en el restaurante La Ancha de Madrid. Tras el éxito de Días Contados, Uribe acariciaba el proyecto de Sí, Bwana: una película sobre el racismo que pensaba rodar con Andrés Pajares y María Barranco. -Ahora me apetece mantener una línea como de más seriedad -dijo-, a tono con Días contados. Quizá Cachito tenga un tono de acción, de thriller, demasiado ligero para mí, en este momento. 

Antonio Cardenal me miraba sin decir palabra, angustiado, pues Imanol había estado con el guión varios meses antes de comunicarle su cambio de intenciones, y el tiempo se nos echaba encima. -Pues ten cuidado con el cine trascendente -le dije a Uribe-. Cierto cine demasiado trascendente del que se hace en España suele ser más peligroso que el frívolo. Sobre todo en taquilla. Imanol aseguró que eso no significaba que él se fuese del proyecto. Iba a seguir trabajando en el guión, cuya primera versión ya estaba lista. Y proponía un nombre para hacerse cargo de la historia: Enrique Urbizu. Un director vasco, joven, que había rodado la excelente Todo por la pasta y después un par de encargos sobre las historias de Carmen Rico Godoy. 

A Antonio, que a tales alturas se le echaban las fechas encima, le pareció una buena opción. Y a mí también. Así quedaron las cosas. A los dos días recibí la primera versión del guión, que venía firmada por Imanol Uribe y otros dos guionistas. Lo leí muy despacio, página a página, y me quedé estupefacto. Nada de aquello tenía que ver con la historia que yo había escrito. La tierna historia de amor del camionero y su yogurcito se convertía allí en una sórdida y confusa historia de racismo y puterío, de hijas ocultas, de abuelas y de madres, con fantasmas incluidos, que terminaba con un camión cayéndose -lo juro- desde lo alto del peñón de Gibraltar. Para más inri, la tierna Trocito se había convertido en una pequeña zorra maliciosa con muy mala leche, y en el guión de Imanol, mi ingenuo héroe Manolo no sólo no era ingenuo, sino que estaba a punto de casarse con una novia a la que tenía preñada, y no contento con eso, se calzaba a la niña protagonista la noche antes de su boda, y además borracho. Leí el texto por segunda vez, porque tal vez me había equivocado y no sabía captar la esencia cinematográfica del evento. Luego cerré el guión y cogí el teléfono para hablar con Antonio Cardenal: -Ahora ya sé por qué Imanol no quiere hacer la película -dije-. Ha intentado convertir Cachito en una cosa seria, grave, trascendente, con mucho mensaje, y se ha cargado la historia. No tiene nada que ver con la que escribí para ti. El pobre Antonio estaba hecho polvo. -¿Y qué hacemos? -preguntó (luego supe que mientras hablábamos intentaba autoestrangularse con el cable del teléfono, sin éxito). -Pues no sé -dije-. Igual a Imanol le sale una película buenísima, que no lo dudo. Pero para ésto no me necesitabais a mí. De la historia original no ha quedado ni rastro. Tiene que arreglarse, decía Antonio. Una reunión. Discutir el asunto. Cuéntales lo que no te gusta. El rodaje empieza dentro de tres meses y nos pilla el toro. 

Se celebró la reunión en la productora Origen, con asistencia de Imanol, sus dos coguionistas, Antonio Cardenal y sus asesores, y Carmen Dominguez, ex colega de TVE en representación ahora de Antena 3, que coproducía en una pequeña parte y compraba los derechos de antena. Yo expuse mis razones sobre el guión, precisé los puntos en que la historia podía, a mi juicio, recuperar parte de lo perdido, y el equipo de Antonio y los de Antena 3 estuvieron de acuerdo. Imanol y sus guionistas tomaron nota de todo y juraron tenerlo en cuenta. 

Dos semanas después enviaban otro guión absolutamente idéntico al anterior. Estaba claro que a Imanol, ya pendiente de su otra película, Cachito lo traía al fresco. Entonces me cabreé, y mucho. -Paso del tema -le dije a Antonio-. La película es vuestra, así que rodad con este guión lo que os de la gana, pero yo no quiero saber nada de ella. Y os prohíbo que utilicéis mi nombre ni siquiera en los créditos. No tiene nada que ver conmigo. Así que agur. Que os vayan dando. 

Antonio, siempre fiel y buen amigo, hizo un último intento. Enrique Urbizu, a quien yo aún no conocía, estaba dispuesto a reescribir él sólo todo el guión, y un encuentro entre ambos podía, quizás, enderezar el asunto. Me mandó la cinta de Todo por la pasta, que aún no había visto. La vi y llamé a Antonio (...) Coincidía conmigo en que Urbizu había visto mucho cine norteamericano y lo había visto bien, pero al mismo tiempo era muy español. Así que me picó la curiosidad, fuimos a cenar juntos a un restaurante de Chamberí, y desde el primer momento congenié con aquel joven de pelo recogido en una coleta y botas tejanas, que tenía muy claro el cine que le gustaba hacer y, habiendo leído la historia original, me explicó detalladamente sus proyectos sobre Cachito. 

Para alivio de Antonio Cardenal, que andaba poniéndole velas a la Virgen y rezando novenas a Santa Gema para salir del punto muerto -habíamos perdido a Javier Bardem con tanto retraso y malentendidos, y sospecho que también porque le hicieron llegar el guión en su primera o segunda versión-, Enrique Urbizu y yo salimos del restaurante tan de acuerdo que al día siguiente emprendíamos en plan Pili y Mili un viaje de tres días en mi coche, para que se ambientara en la historia antes de reescribir el guión maldito. 

En realidad, la película Cachito surgió de aquel viaje. Durante mil quinientos kilómetros, basándonos de nuevo en el texto original de Un asunto de honor, recorrimos carreteras, bares de camioneros, puticlubs extremeños, hablamos con los guardias de Tráfico, comimos caña de lomo, tomamos copas a lo largo de la geografía andaluza, y nos lo pasamos, como hubiera dicho Manolo Jarales Campos, de cojón de pato. 

Un día llegamos a las playas de Tarifa y comprendimos que era allí donde iban a amanecer Cachito y Manolo para que ella viera el mar. Y Enrique, que no conocía Tarifa, se enamoró de aquella ciudad y la metió, por el morro, en su película. Pocos viajes han dado tanto de sí. 

De ese salieron escenas, ideas, situaciones cómicas que a veces nos hacían estallar en carcajadas y nos obligaban a detener el coche para no estamparnos contra un camión. La idea del Correcaminos y el Coyote-Portugués-Rafael, el "Ahí estáis, cabrones" del radar de la Guardia Civil, la escena de Rafael con el picoleto de la pantera rosa, el desguace de Lucas, Tarifa de noche, el Mercedes hecho polvo, los muertos más frescos y el clavel y la campana, la impagable escena del señor escuchimizado de la barra poniéndole al malo el pistolón en el careto... Cuando en el amanecer del cuarto día arrié a Enrique en un semáforo de Madrid, supe que Cachito se había salvado. 

La prueba me llegó a los pocos días, en el guión magnífico que, tomando como partida el de Uribe, pero manejando todos los ingredientes y recursos presentes en el texto de Un asunto de honor, Enrique Urbizu escribió en un tiempo récord. Antonio Cardenal me envió el tocho y corrió a rezarle al Cristo de Medinaceli, supongo, mientras yo lo leía. 

Apenas lo hube terminado, lo telefoneé:   -Hay una cosa -dije-. Un chorizo que ha estado en la cárcel no diría nunca "me cago en la sota de oros", sino "me cago en la puta de oros". -¿Y lo demás? -preguntó Antonio, con un hilo de voz. -Lo demás es buenísimo. Nunca había leído un guión tan estupendo en mi vida. Y era cierto. No sentí necesidad de tocar ni una sola coma del texto conseguido por Enrique. Una historia que te enganchaba tanto como una road movie norteamericana bien planteada, pero al mismo tiempo profundamente española, con un humor oportuno, soberbio. Incluso había tenido momentos, durante su lectura, en que la interrumpí riéndome a carcajadas en escenas que eran hallazgos exclusivos de Enrique, como la cocaína en la olla de sopa o cuando el guardia civil lo detiene y empieza a pedirle papeles en plena persecución. Uno de esos guiones que le habría gustado escribir a uno. Y firmarlos. 

Después de aquello, el equipo de Origen se lanzó a una frenética actividad para poner en marcha la película: ocho semanas y media de rodaje en Madrid y el sur de Cádiz y un presupuesto de 250 millones, con dos tercios de la película en exteriores. 

El casting decidido entre Antonio y Enrique resultó excelente: Jorge Perugorría, que arrasaba con Fresa y chocolate y a punto de estrenarse Guantanamera, encarnaría a Manolo en lugar de Bardem. Trocito-Cachito salió de una ardua selección realizada por Enrique hasta dar con los ojazos gitanos de Amara Carmona, que llenaban la pantalla en las pruebas -contar cómo se pactaron las escenas eróticas, bajo estricta supervisión familiar, sería suficiente para escribir una novela-, y daba el aspecto de yogurcito, o petisuis, como quieran, apropiado para la historia. 

El papel de Nati, para quien Enrique había pensado en Kity Manver (Todo por la pasta), no pudo ser encomendada a ésta porque se hallaba rodando una serie para televisión, pero encontró una extraordinaria intérprete en Elvira Minguez, de quien yo le había hablado con entusiasmo a Cardenal tras verla bordar su papel de etarra en Días contados, y que en Cachito supo dar un contenido perfecto con su personaje hastiado, bronco, a la parte femenina del triángulo de malvados. Un Trío Calaveras maravilloso, que Enrique completó con Aitor Mazo como Porky, y con el que a mi juicio es el hallazgo más genial de la película: Sancho Gracia en el papel tragicómico, violento, estremecedor, hilarante, desaforado, esperpéntico, del Portugués Almeida transformado en Rafael. Hay que decir en honor de Sancho -y de Enrique Urbizu- que, en cuanto leyó el guión, aceptó hacer el personaje del Portugués-Rafael. La decisión no era baladí, pues Curro Jimenez no había hecho nunca de malo en la pantalla, salvo en la aparición televisiva de El Jarabo. Pero según me contó más tarde, la fuerza del personaje, sus contradicciones, la solidez y el humor del guión lo decidieron a aceptar el desafío. -Es que este hijoputa de Urbizu -contaba- lo tiene muy claro.   Enrique y él se entendieron de maravilla, lo que no deja de ser singular en un actor veterano con más conchas que la tortuga D'Artagnan y un director que aún no ha cumplido los treinta años. 

En cuanto a Enrique, con mucho cine clásico de acción norteamericano visto y asimilado de modo impecable, y con una intensa admiración por los también clásicos de la pantalla española, rescatar a Curro Jimenez para el personaje de Rafael en una historia como Cachito le permitía bordear -de ese modo peligroso y entrañable que tanto le gusta- la épica cinematográfica, la acción, el humor, el guiño al espectador, la amalgama de todos los matices y homenajes a nuestro cine de todas las épocas, refundidas y relanzadas en una lectura inteligente que de nada reniega y de todo aprende. 

No es casual que en esa línea pensara en Sancho para el papel, encomendase a Luis Cuenca el de vigilante del puticlub de Tarifa, o rescatase a la bella y magnífica Sara Mora del cine erótico de los setenta para convertirla, con una cicatriz en la cara, en madre de Cachito veinte años después. 

No asistí mucho al rodaje, fiel a mi propósito de autor que debe mantenerse a prudente distancia. Acudí alguna vez al estudio donde Luis Valle, el director artístico que realizó para Pedro Olea los maravillosos interiores de El maestro de esgrima, había construido el burdel donde transcurre la primera parte de la película. Luis, alias Koldo, no era el único miembro del equipo de El maestro que repetía historia mía, y también tuve el placer de encontrar a Alfredo Mayo como director de fotografía, y a Antonio Guillén como machaca de producción sobre el terreno, siempre al borde del agotamiento nervioso. 

En cuanto a Jorge Perugorría, simpatizamos en seguida cuando lo conocí en plan camionero, encantador, profesional, paseándose con el tatuaje de Cachito en el brazo, como recién salido de las páginas de mi relato, con ese acento cubano que Enrique Urbizu resuelve en la película con una sola frase de Cachito, de modo genial. 

Y recuerdo la timidez de Amara Carmona cuando me contaba lo impresionada que estaba el primer día que tuvo que rodar una escena con Sancho Gracia: -Me puse nerviosísima, imagínate... ¡Tenía delante de mí a Curro Jiménez! 

Antonio Cardenal iba y venía, disfrutando de todo aquello como disfruta en cada película en la que se mete: como un crío con videoconsola nueva. A fin de cuentas, quien pagaba toda aquella maravillosa locura era él. 

El rodaje prosiguió en una presa de la sierra de Madrid, donde Sancho, colgado del un abismo tras negarse a ser doblado por un especialista, se empeñó en interrumpir una escena para llamarme a su lado y recitarme, sobre el vacío, una escena del Don Juan Tenorio que tenía previsto estrenar el primero de noviembre en un teatro de Madrid: -No es verdad, ángel de amor... 

La última semana transcurrió en Tarifa, rodando de noche, donde la gente acudía en masa a ver a Curro Giménez -los niños le preguntaban dónde estaban los caballos-, y Antxón, el ayudante de dirección, se veía obligado a rogar continuamente al público con un megáfono que no aplaudiesen a Sancho después de cada escena hasta que el director dijese "corten". 

Por fin, una mañana en que el viento levantaba espuma a las olas, vi a Jorge Perugorría y a Amara Carmona amanecer en la cabina del camión, en una playa del sur. Y ella abrió esos ojos grandes y negros que tiene y dijo: "el mar". Y Manolo Jarales Campos la miraba con la misma ternura que en el texto que yo había escrito año y medio antes, imaginando esa misma mirada. Y Trocito sonreía con una sonrisa idéntica a la que yo había puesto en sus labios. Y me dije que sí, que el cine te gasta a menudo bromas pesadas. Pero a veces una mujer, una actriz, una mirada, un amanecer filmado por un equipo de gente silenciosa tras una cámara, pueden encarnar con absoluta precisión, con fidelidad, el momento mágico, fugaz, de la historia que una vez soñaste.

Señalar que para el actor cubano era el primer papel que asumía en España tras el éxito de Fresa y Chocolate. "Fresa y Chocolate ha marcado una etapa en mi vida. Antes era un desconocido, como todos los actores cubanos porque el bloqueo va más allá de lo económico. Ahora tengo que rechazar ofertas por falta de tiempo", comentó Perugorría, quien aseguraba que Cuba está llena de grandes actores. "No sólo yo, mi carrera está empezando".

Para Amara Carmona, 18 años y bailaora de flamenco, Cachito fue su lanzamiento en la pantalla grande. "Mi papel me fascinó cuando lo leí. La verdad es que me presenté al casting de Alma gitana, de Chus Gutiérrez, por casualidad. Esa fue mi primera experiencia en el cine, pero ahora tengo claro que quiero quedarme", afirmaba.

El tercero en discordía fue Sancho Gracia que , según declaró un joven Urbizu, en una entrevista que se emitió antes de la película en "Historias de nuestro cine" cuando escribía el guión ya tenía en mente a Sancho Gracia, para él, el único actor especializado en cine de aventuras en la España de los noventa. A su vez Sancho Gracia comentaba que "Cuando me propusieron el papel, pensé que yo no serviría. Es un personaje extraño, sometido a un ritmo febril que pasa de la sonrisa a la rabia y es capaz de llevarse a cualquiera por delante. La película tiene una parte grotesca, pero también está llena de ternura". Reconoce que durante el rodaje en tarifa se convirtió en el centro de atracción de los vecinos de Tarifa.

Se esperaba que la película fuese un taquillazo, pero fue más bien un gatillazo tanto para la crítica como para el público. María Casanova escribió sobre ella en Cinemanía diciendo que "La película tiene ritmo, bonita fotografía, los actores hacen buenos trabajos y muchas secuencias arrancan carcajadas, lo que siempre se agradece". Participa igualmente su hijo , Rodolfo Sancho, que hace de camarero con pocos recursos y menos neuronas, en uno de sus primeros papeles.

Tiene razón el escritor al señalar que la película es un trama en la que se mezcla casi por igual  el drama, la acción, un ritmo trepidante , la emoción,  y algunas notas de  humor negro.

A destacar la luminosa , colorida y brillante  fotografía de Alfredo Mayo, la consistente banda sonora de  Bingen Mendizabal. La película la he visto en el marco de ese programa de es Historia de nuestro cine de la 2.

Una película que , si bien no fue el éxito esperado ni de público , ni de crítica, si es hoy una buena muestra de una road movie patria con Sancho Gracia en un papel que le viene como anillo al dedo.

lunes, 9 de octubre de 2017

Gernika, bajo las bombas


El día 27 de abril de 1997 un millar de personas, entre ellas 150 supervivientes del bombardeo de Gernika, asistieron a la localidad vizcaína de Guernica / Gernika, a un acto de desagravio. El embajador alemán en España, Hening Wegener, leyó un mensaje del presidente alemán, Roman Herzog, en el que asumía en nombre de su país la responsabilidad del ataque aéreo de la Legión Cóndor el 26 de abril de 1937. 

Herzog reconoció "la culpa de los aviones alemanes" y pidió perdón. Entre los gestos emocionados de los presentes, entre ellos dos anónimos asistentes de nombre, Arantxa y Txato, y ante diputados de izquierdas y ecologistas del Parlamento alemán (Bundestag) y Europeo, que se felicitaron por la iniciativa de Herzog, el alcalde de Gernika, Eduardo Vallejo, subrayó antes de comenzar los discursos: "No queremos que nadie se arrodille. Sólo que se desmonte la gran mentira de Franco y que la Historia diga la verdad" sobre el primer ataque masivo aéreo contra una población civil indefensa.

Tras ser escuchado el reconocimiento de la responsabilidad germana -en alemán, euskera y castellano-, los organizadores del 60º aniversario del bombardeo reclamaron una declaración similar de "un Gobierno español" que rechace la posición oficial de la dictadura franquista. "La España de Franco no incendia", sostuvo hasta su ocaso el régimen franquista, como vemos al final de la miniserie de Gernika bajo las bombas que acusaba a los rojos de haber incendiado la emblemática villa vasca. 

La lluvia de primavera impidió que la lectura de las palabras del presidente alemán se realizara en la plaza de Los Fueros, tal como estaba previsto. La plaza del Mercado fue el escenario donde Herzog ofreció, a través del embajador alemán en España, su "mano abierta en ruego por la reconciliación". Los aplausos no se hicieron esperar. El acto estuvo originalmente impulsado por la mítica diputada de Los Verdes alemanes, Petra Kelly, que fue la que comenzó su batalla en el Bundestag para que esa Cámara asumiera una petición de disculpas por la participación del régimen de Adolf Hitler en el brutal ataque de la Luftwaffe a Gernika. 

Un año después, en 1998, una resolución aprobada por todos los grupos representados en el Bundestag se sumó al mensaje de disculpa del presidente federal Roman Herzog, al cumplirse el 60 aniversario del destructivo ataque aéreo de la Legión Cóndor que arrasó la ciudad y causó casi dos mil muertos y un millar de heridos. 

El 1 de octubre de 2012 todo aquella historia tan reconocida mundialmente por el cuadro de Picasso se plasmó una miniserie que se proyectó en el teatro Lizeo justamente la víspera de su estreno dentro de 'La Noche de' de ETB-2. 

La miniserie se llamaba Gernika bajo las bombas, escrita y dirigida por Luis Marías, que se estrenó al día siguiente en el programa 'La Noche de' de ETB-2 . La EITB había  querido realizar este pase especial de la miniserie en Gernika en el año conmemorativo del 75 aniversario del bombardeo. 

Aparte de directivos de la ETB acudió el director de la serie Luis Marias, el actor Lander Otaola y Edu Barinaga,  productor ejecutivo de Baleuko.

Gernika bajo las bombas se planteó como una producción de dos capítulos de 75 minutos cada uno , aunque yo que visto el pase que hizo hace seis meses más menos Andalucía Televisión, en un programa único.

En la miniserie se narraba varias historias que se entrecruzan, algunas de personajes reales e históricos y otras de personajes de ficción. Historias muy distintas, todas ellas marcadas por el brutal bombardeo aéreo al que fue sometida Gernika el 26 de abril de 1937 por la legión Cóndor. 

La miniserie contó con la participación de ETB, TV3, TVG y Canal Sur, y con el apoyo del ICAA y del Gobierno Vasco a la que se suman Erpin 360º , junto a SA Vértice 360, así como Euskal Irrati Telebista (EiTB) Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA) . La distribución fue labor del Euskal Irrati Telebista (EiTB).  Gernika bajo las bombas fue formalmente producido por las empresas Erpin 360º y Vértice Cine, filiales del grupo Vértice 360º, y Baleuko, con Nathalie García y Eduardo Barinaga como productores ejecutivos. 

La serie fue dirigida por Luis Marías Amondo, un bilbaíno de 1962, guionista y director de Fuego (2014), Luna llena (2012) y X (2002) , siendo el mismo el guionista de la miniserie. En este proyecto han asistido al director, Aitor Vitoria como ayudante de dirección, Asier Bilbao como director de producción y Mikel Huércanos como jefe de producción. Pau Monrás es el director de fotografía y Peio Villalba el director artístico. José Ramón Gutiérrez Hermida se encarga de la música, Josune Lasa del vestuario y Eva Alfonso del maquillaje. El montaje fue labor de Asier Pujol.

En cuanto a protagonistas destacan Egoitz Sánchez como Txato, Lander Otaola como Jesús Mari, Marc Clotet como Ángel, Sara Casasnovas como Amaia, Mark Schardan como el periodista británico George Steer, Goiatz Aguado como Edurne, Roberto Álvarez comoe el lehendakari Jose Antonio Agirre , Antonio Dechent como el general Emilio Mola , Pep Tosar como Vigon, Ramón Barea como Monseñor Iturriaran, Garbiñe Insausti como Begoña. Junto a ellos aparecen Mireia Gabilondo como la madre de Amaia, el fallecido Aitor Mazo como el padre de Amaia, Teresa Calo como la madre de Jesús Mariren , Erik Probanza como un soldado, Algis Arlauskas como Wolfram von Richthofen, Gotzon Sanchez como periodista, Loinaz Jauregi como la madre de Txato, Enrique Zaldua como el editor del The Times, Mikel Tello como un vecino de Amaia, Carmen San Esteban como vecina, Edurne Arrizabalaga como una monja, Sandra Bermejo como monja. En papeles menores Montse Mostaza, un militar como Pedro Morales, Maite López, María José Pontesta, Carlos Zabala el padre de Txato, Eñaut Gantxegi como una de las vecinas, Jaroslaw Bielski como un director de The Times, Aitor Beltrán, Josean Bengoetxea, Justi Larrinag, Gorka Martín, Alfonso Díaz, Jon Iraola, José Mari Larrañaga, Kiko Jauregi, Carlos Cancer, Ion Sagarzazu, Peio Arnáez y Diego López.

La narración se centra en una serie de historias cruzadas con Gernika como fondo. Una localidad, símbolo de los fueros vascos, que tenía una población de unas 5000 personas, a las que habría que añadir un gran número de tropas, que se retiraban para preparar la defensa de Bilbao, y refugiados que huían del avance de las tropas franquistas tanto de Vergara / Bergara, como de otras localidades vecinas. En ese momento no tenía ningún tipo de defensa antiaérea, aunque sí tenía tres fábricas de armas, una de ellas de bombas de aviación. Relata varias historias entrelazadas. La misma empieza con un joven, Jesús Mari, un ex seminarista, hijo de una familia bien, tradicional y católica, cuyo padre y hermano están encarcelados por cuestiones ideológicas, que sabe pintar y que está haciendo por petición de su madre un plano de la ciudad vasca. El joven que desconoce la utilización del mismo, sólo  sabe que ha de entregarlo a Monseñor, un cura que está alojado en un "baserri" de las afueras de la ciudad vizcaína.

Antes de hacer la entrega se encuentra por la calle con su mejor amigo, Txato, un joven de Gernika de 17 años, hijo de inmigrantes de clase obrera, que acaba de afiliarse al Partido Comunista y que quiere marchar a Bilbao para defenderlo.

Ambos a su vez, se encuentran con Amaia,  la chica por la que Txato tiene debilidad. Mientras se aleja de la plaza busca una cabina telefónica y realiza la llamada a un chico que ha conocido a Ángel, un seductor joven, que viene a ser la oveja negra desheredada de una familia rica que ha huido a Biarritz.

Jesús Mari presta ayuda a su amigo a la hora de escribir una carta de amor a Amaia, usando para ello los versos de Machado; desconociendo que ella, por su padre, prepara la huida de Ángel y ella misma, y para financiar la misma ella roba, por indicación del chico, las joyas de su madre , que son escondidas en una muñeca  al ser sorprendido por la sobrina de Amaia.

Al mismo tiempo que todo esto ocurre y que otros personajes del pueblo se mezclan en estas historias, en donde están presentes algunos líderes nacionalistas locales, entre ellos el padre de Amaia, que regenta una tienda de ultramarinos ; o la amargada madre de  Jesús Mari, que siente un odio atroz hacia los tropas republicanas y gudaris; o el padre de Txato, que lo ven como un niño, y no cómo un joven que quiere ir al frente, así como otros vecinos de la localidad que aparecen por la historia otros personajes, en este caso reales, como el general Mola, al mando de las tropas rebeldes del Norte de España, que ultima su plan para conquistar de Bilbao y romper con el cinturón de hierro.

A sus órdenes está el teniente coronel Von Richtofen, jefe de la Legión Cóndor alemana, que está ansioso por una intervención inmediata y mediática de su escuadrilla, especialmente ahora que parece que el mando de la intervención aérea podría pasar a los italianos.

Y finalmente, falta el observador ajeno, el corresponsal británico George Steer, implicado emocional y políticamente con la causa republicana que escribe para el conservador diario The Times y que cuenta con la simpatía y amistad personal del lehendakari Agirre.

Por supuesto que una parte esencial se describe en el bombardeo que lo inicia un único avión que va abriendo camino y le sigue una escuadra de aviones que salen, inicialmente, con la misión de bombardear la carretera y el puente al este de Gernika, para obstaculizar la retirada del ejército republicano. Ese día, como cualquier otro lunes del año, ese del 26 de abril de 1937 era día de mercado, aunque el mismo estaba prohibido antes del mediodía por el alcalde, ante la cercanía del frente y el temor del avance enemigo, sin embargo, se dejo seguir.

Las bombas de los S-79 irán cayeron en los alrededores del puente y de la estación de ferrocarril, destruyendo varias viviendas, y otras alcanzaron la iglesia de San Juan.

A continuación intervinieron uno o tres bombarderos alemanes que van castigando la ciudad, todos ellos iban escoltados por cazas. Vemos como el padre y la madre de Amaia, así como su hija buscan refugio en un Convento, refugio al que llega igualmente Ángel.

Por su parte, Jesús Mari, asustado pues sospecha que él es el causante de los certeros bombardeos gracias a su plano, quiere huir de casa, aunque su madre se queda en ella.

Mientras Txato queda junto a Amaia, en casa de ésta junto a la sobrina, refugiándose en la bodega de la misma.

La inquietud abate al padre de Amaia que sale del refugio junto a Ángel en busca de Amaia, pero el padre es alcanzado por las balas de un avión, cayendo muerto. Más tarde, el cadáver es dejado en el lugar por Ángel y encontrado por Jesús Mari.

A las 6 de la tarde fue cuando se produjo el bombardeo más intenso a cargo de 19 Ju-52 alemanes. Estos aviones descargaron tanto bombas explosivas como incendiarias, "una mezcla del todo innecesaria si el objetivo hubiese sido un puente", causando una gran destrucción.

Las últimas acciones del ataque se produjeron entre las siete menos cuarto y las siete de la tarde. Al final son tres horas continuadas de bombardeo, desde la cuatro de la tarde a las siete y media, tanto en el interior de la población como en los alrededores.

El hecho real es que tanto el puente como una fábrica de armas, situada en las afueras de la población, resultaron intactos. Sin embargo, el ataque fue devastador: los bombarderos lanzaron una gran cantidad de bombas  sobre el casco urbano de la ciudad. Los cazas, entretanto, disparaban en vuelo rasante a las personas que huían del lugar.

La destrucción fue tan grande que provocó un intenso humo, por lo que los últimos bombarderos, al no poder ver los objetivos, descargaron las bombas a ciegas. El incendio provocado por el bombardeo no se pudo apagar hasta el día siguiente, en gran parte debido a la inexistencia de un parque de bomberos. El 70% de los edificios de la ciudad fue totalmente destruido por el incendio, que no se pudo apagar hasta el día siguiente, y el 20% gravemente dañados ,  lo que suponía el 74,4 por ciento de los existentes en la villa de Guernica y el barrio de Rentería.

Nunca han llegado a saberse las cifras de víctimas ni existen datos fiables sobre el número exacto. El gobierno vasco dio una cantidad oficial de víctimas de 1.645 muertos y 889 heridos, que es el número citado en los folletos impresos en el extranjero y por la prensa internacional como algunos periódicos ingleses, aunque hoy se considera que este número está absolutamente hinchado. La cifra osciló entre 250 y 300 muertos , pero otros la rebajan a 126 fallecidos.

No hubo más víctimas porque, después del primer bombardeo, la gente huyó al monte. Entre los que huyen están Amaia y Ángel junto a la sobrina de la primera, que se marchan  una vez que han comprobado que la familia ha muerto en el bombardeo del refugio o en la calle como el padre.

Por su parte, Txato y Jesús Mari, permanecen en la villa inicialmente ayudando a vecinos, como el dueño de la taberna, amigo de su padre. Los padres de éste sí huyeron.

Sin embargo, entre Txato y Jesús Mari hay un enfrentamiento dado que el segundo reconoce que ha ayudado al bombardeo entregando los planos de la ciudad a un sacerdote. Ambos se enfrentan en los escombros que contienen una bomba sin estallar que , finalmente, si revienta resultando Txato herido gravemente.

Jesús Mari lleva a su malherido amigo a la casa, enfrentándose nuevamente a la madre y , finalmente, con un carromato se lo lleva al monte buscando un hospital de campaña.
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Por su parte, Amaia , su sobrina y Ángel huyen por el monte. En un momento dado Ángel le dice la verdad a Amaia, sobre el por qué de las joyas y le propone dejar a la niña e ir a Biarritz. Ella se niega a dejarla y a entregarle sus joyas. Ante la situación, Ángel golpea a Amaia, que se queda en el suelo junto a su sobrina.

Mientras Ángel avanza por el bosque descubre el avance de las tropas de los regulares marroquíes  que van con destino a la ciudad. Eso le pone sobreaviso del peligro que corren tía y sobrina mientras avanzan por el bosque. Efectivamente, un marroquí las va y mientras está dispuesta a violarla, se presenta Ángel y lo mata.  Después , se hace con su arma reglamentaria y les dice a las chicas que huyan, mientras que él se dispone a protegerla con las armas. Ellas huyen, mientras disparos nos indican que Ángel ha muerto.

Por último, vemos que en el que a Txato le salvan la vida en un hospital de campaña de los requetés. De cualquier manera, Jesús Mari no soporta la carga de ser él el responsable del fin de la ciudad y de la muerte de sus vecinos, pegándose un tiro. Justo en ese momento, la madre de Jesús Mari es consciente de la pérdida de su hijo.

Entre los que ven desde la cercanía el bombardeo se encuentra, el periodista británico George Steer cuyas crónicas sobre el bombardeo de Guernica fueron publicadas por su diario The Times de Londres. Sin embargo la versión oficial franquista se mantuvo durante toda la guerra y una vez terminada la guerra, por lo que el libro del George Steer no se publicó en España.

Al día siguiente del bombardeo de Guernika el lehendakari del gobierno vasco José Antonio Aguirre hizo pública una nota en la que denunciaba que los autores de la acción habían sido "los aviadores alemanes al servicio de los facciosos españoles".

La nota decía: Los aviadores alemanes al servicio de los facciosos españoles han bombardeado Guernica, incendiando la histórica villa, que tanta veneración tiene entre los vascos. Nos han querido herir en lo más sensible de nuestros sentimientos patrios, dejando una vez más de manifiesto lo que Euzkadi puede esperar de los que no vacilan en destruir hasta el santuario que recuerda siglos de nuestra libertad y de nuestra democracia (...).

Las afirmaciones del lehendakari Aguirre fueron contestadas por la propaganda franquista que atribuyó la destrucción de Guernika al propio ejército vasco:

Son completamente falsas las noticias transmitidas por el ridículo presidente de la República de Euzkadi relativas al incendio provocado por las bombas de nuestros aviones en Guernica. Nuestros aviadores no han recibido ninguna orden de bombardear esa población. Los incendiarios son los que, el verano pasado, incendiaron Irún y ayer Éibar. En la imposibilidad de contener el avance de nuestras tropas, los rojos han destruido todo y acusan a los nacionalistas de hechos que no son más que la puesta en práctica de sus criminales designios. ¡Miente Aguirre! Miente vilmente. En primer término no hay aviación alemana ni extranjera en la España Nacional. Hay aviación española. Noble, heroica aviación española que lucha constantemente con aviones rojos que son rusos, franceses y conducen aviadores extranjeros. En segundo lugar, Guernica no ha sido incendiada por nosotros, la España de Franco no incendia. La tea incendiaria es monopolio de los incendiarios de Irún, de los que han incendiado Éibar, de los que trataron de quemar vivos a los defensores del Alcázar de Toledo.

En la miniserie   se reconoce que los lugares históricos vascos, tales como la Casa de Juntas de Guernica (histórico lugar de reunión de las asambleas que regían Vizcaya y sede de su archivo histórico) y el anexo Árbol de Guernica, símbolo ancestral del pueblo vasco, no fueron afectados por el bombardeo. El cercano puente que se afirmó luego era el objetivo, quedó intacto.

Igualmente, al final del mismo vemos a algunos de los protagonistas cuyas declaraciones han servido para montar la misma. Escuchamos a un pastor como vio llegar a los aviones, así como a dos supervivientes del bombardeo describir el infierno vivido.

Por último, la miniserie nos muestra el acto de desagravio del 27 de abril de 1997 en el que no sólo estaba el alcalde y el embajador alemán , sino que también los auténticos Txato y Amaia. Nos enteramos que el primero pasó 12 años en la cárcel una vez acabada la guerra por sus ideas políticas y que para 1997 aún vivía en el pueblo de dónde nunca marchó. Por su parte, Amaia, buscó refugio en Bilbao, regresando tras la guerra y retomando el comercio familiar.

De mi cosecha, señalar que el 28 de abril, dos días después del bombardeo, las tropas sublevadas entraban en la villa foral, tomando el control de la misma y quemaron los archivos que hallaron en la iglesia de Santa María, imposibilitando el recuento final de fallecidos.

En aquel momento, el batallón carlista se dirigió a la Casa de Juntas donde rindió honores al Árbol de Guernica, poniéndole una guardia de honor como símbolo de los fueros. Antes de que llegaran los requetés, sin embargo, ya se había montado una protección en torno a la Casa de Juntas y el Árbol, a cargo de soldados marroquíes de Regulares de Tetuán nº 1. Cumplían órdenes del general Emilio Mola, jefe del Ejército del Norte, indignado por el bombardeo y que había dado órdenes estrictas de proteger los símbolos forales. Los requetés, al mando del capitán navarro Jaime del Burgo, relevaron a los soldados de Regulares.     

La producción contó con un amplio equipo de profesionales que incluyeron a 60 técnicos, 43 actores y más de 700 figurantes.

Las localidades de rodaje fueron Donostia-San Sebastián, Hernani, Oñati, Oiartzun y en Belorado (Burgos) han sido las localizaciones elegidas del rodaje.   También se rodó en localidades guipuzcoanas de Zumaia,  Urnieta,  Errenteria, y Zestoa. Las imágenes del Gernika durante y tras el bombardeo se realizaron en el municipio burgalés de Castil de Carrias.

La escenas interiores se han rodado en el Palacio Miramar (despachos de Von Richtofen y el lehendakari), Palacio de Aiete (hotel de los periodistas) y Villa Soroa (sede del diario The Times en Londres).

En principio se planteó como una producción de dos capítulos de 75 minutos , pero que yo, como lo emitió Canal Sur, lo he visto como un todo. Después de la misma hubo un debate sobre la misma que no pude ver ya que acabé muy cansado.

Señalar que la historia es interesante, aunque alguna de las tramas sean muy frñagiles en su composición. Si refleja la película aspectos de interés como la dualidad que presentaba una sociedad vasca dividida entre la legalidad y coherencia  que presentaba el lehendakari Agirre presidiendo un Gobierno de unidad nacional en defensa de la integridad de lo que el llamaba República de Euzkadi , así como los importantes apoyos que contaba y , por otra , la deriva heredada de Requetés, Carlistas y Tradicionalistas que tenía raigambre en la zona y aquí representado por la madre de Jesús Mari y por el Monseñor.

Pero débil me ha parecido la historia de Amaia y Ángel. así como la de ella y Txato, por lo simplona de la misma. Las interpretaciones de la mayor parte de los actores son correctas y el desarrollo de la miniserie  digamos que se deja ver. De cualquier manera, en breve veré una nueva lectura sobre lo acontecido en Gernika realizada poco después.

Decir que desde ese día, el 26 de abril de 1937, Gernika ha pasado a simbolizar todas las poblaciones masacradas en una guerra la presencia de un corresponsal de guerra y la situación política europea del momento coincidieron para que el bombardeo se convirtiera en relevante y modélico.

De aquel acto que relato al principio de esta entrada estaban presentes Miren de Gomeza y Luis Iriondo, supervivientes de la masacre, que escuchaban con atención al embajador alemán. Fue la voz de Iriondo, entrecortada a medida que avanzaba en su lectura, la que desató más emoción. "Posiblemente desde su altura, [los aviadores alemanes] nos veían como hormigas que huían desesperadamente. Y no pudimos hablarnos. Los hombres y las hormigas no pueden hablarse... Hoy tenemos otra visita... Ya no hay unos arriba y otros abajo y por eso, aunque en distintas lenguas, podemos entendernos. Y ahora sí. Ahora podemos hacer lo que entonces no pudimos. Abrir nuestros brazos y decirles: "Bienvenidos a Gernika, marchemos juntos en paz"".

La cerrada salva de aplausos, de un minuto de duración, no pudo ser secundada por algunos de los ancianos que vivieron aquél 26 de abril porque tuvieron que echar mano de sus pañuelos para secarse unas lágrimas que no pudieron contener.