viernes, 8 de febrero de 2013

De sur a norte


Uno que es andaluz pues habla como habla. Y con mucho gusto, y muy orgulloso de ello. Uno que vive en Andalucía sabe que más al sur de Despeñaperros, además de ganarle al Madrid, la gente no va con traje de torero por la calle, ni llevamos trabucos ni facas en nuestros bolsillos. Las mujeres andaluzas no suelen llevar peineta, a no ser que sea en una procesión de Semana Santa, ni lleva traje de faralaes salvo que estemos en feria o en una romería. Es más no todos los andaluces somos hijos de Adb al Rahman, ni – con todo el respeto del mundo- de la madre que lo parió. Es más ni tan siquiera llevamos el capote rojo en el maletero del coche. Tampoco reconozco que nuestras palabras favoritas sean “olé”, “arsa”, “pisha” o “shosho” o expresiones parecidas como “andatao” o “arriquitaun”. Está claro que estamos ante los típicos tópicos, como decía la canción. Pero como en todos lados cuecen habas resulta que los franceses, a nivel de exageraciones, esas que aquí se aplican a los andaluces, se la aplican ¡sorpresa!- no a la gente del sur, sino a la gente del norte. Eso sí, lo hacen con humor, y no con mala “leche” como diríamos nosotros, y como posiblemente lo hicieran los españoles. No es nuevo eso en el cine francés, de hecho hace unos años ya lo había realizado con los corsos en la película “El archivo corso”, y siempre con un punto de vista cómico, amable y comedido. 
Esto viene por que anoche pude ver la película Bienvenidos al Norte (Bienvenue chez les Ch'tis) en la 2. Es una película francesa realizada por el cómico francés Dany Boon en el año 2008. Fue un éxito desde su estreno en Francia, siendo la película francesa más taquillera de la historia de Francia, y la segunda con más recaudación sólo por detrás de Titanic. Como productoras participaron Pathé, la TF1 y la Hirsch production que invirtieron 11 millones de euros en la película. Fue distribuida por la misma Pathé en Francia y por Wanda Visión en España. . Obtuvo un enorme éxito de taquilla en Francia con más de 110 millones de euros, además de otros récords como ser la cinta francesa más taquillera de la historia en Bélgica y fue vista por más de 20 millones de franceses. 
El guión de la película es del propio Dany Boon, conjuntamente con Franck Magnier y Alexandre Charlot. La música es de Philippe Rombi, mientras que la fotografía adecuada a los dos ambientes, - la del sur cálida y luminosa, mientras que la del norte grisácea y clara – es de Pierre Aïm. El montaje fue de Luc Barnier y el vestuario de Florence Sadaune. 
El elenco de actores y actrices está formado por Kad Merad (Philippe Abrams), Dany Boon ( Antoine Bailleul), Zoé Félix (Julie Abrams), Philippe Duquesne (Fabrice Canoli), Guy Lecluyse (Yann Vandernoout), Anne Marivin (Annabelle Deconninck), Line Renaud (La maman d'Antoine), Michel Galabru (Le grand oncle de Julie) y Stéphane Freis (Jean Sabrier). 

La película es una comedia que cuenta las aventuras de Philippe Abrams. Éste desde hace muchos años, es el director de una oficina de correos – la famosa Le poste- en Salon-de-Provence en Bocas del Ródano (departamento al sur de Francia), donde vive con su esposa depresiva Julie y su hijo Rafael (interpretado por Lorenzo Ausilia-Foret). Julie lo presiona para que lo trasladen a un puesto de trabajo junto al Mar Mediterráneo. 
Tras varios fracasos y creyendo que esta vez será la vencida, y contando además con el enchufe de un amigo Jean, la decepción llega de nuevo, pues un funcionario minusválido se le adelanta. Sabiendo que los empleados minusválidos tienen preferencia para elegir su traslado, Philippe hace trampa en su delegación y se hace pasar por un minusválido en silla de ruedas. Cuando lo descubre un inspector, en uno de los mejores momentos de la película, lo amonestan y lo sancionan trasladándole dos años a Bergues un pueblecito en la frontera con Bélgica, en la región de Norte-Paso de Calais, al norte del país, cerca de Lille. 
 Philippe intenta evitar que su esposa se entere pero cuando ésta descubre la verdad, decide quedarse en el sur con su hijo y le hace saber que se tiene que a marchar solo. Philippe (Kad Merad) y Julie (Zoé Félix) sólo conocen el Norte a través de los clichés. El tío de Julie (Michel Galabru), que de niño vivió en el norte, lo describe como una región poco acogedora, en la que hace un frío polar y en donde las condiciones de vida son lamentables. 
Philippe se va del Sur, muerto de pena y, en principio, con muchos pensamientos negativos. Sale arropado con ropa de abrigo y temeroso de lo que va a encontrar. Es curioso que no quiere llegar y va por la autopista a 50 kilómetros / hora. Al ser detenido por la gerdarmería y explicar las razones el gendarme le perdona la multa. 
Cuando llega a Bergues le recibe una lluvia cegadora. Desorientado y sin visibilidad atropella a Antoine, compañero de oficina que lo espera Como decíamos sus primeros momentos en el Norte-Paso de Calais le hacen creer que esos clichés son completamente ciertos: una gran tromba de agua cae sobre su coche cuando pasa por el cartel que indica la entrada a la región. Cuando se encuentra con Antoine Bailleau (Dany Boon), uno de los encargados de la oficina a la que le han destinado, tiene problemas para entenderle. Antoine le lleva inicialmente a la casa que tienen como directivo de La poste, pero ésta se encuentra sin muebles. Tras un nuevo episodio de incomprensión lingüística entre franceses, Antonie decide hospedarlo de manera provisional en casa de su madre (Line Renaud). Al llegar ve fotografías de Antoine y sus amigos travestidos, por lo que Phillippe duda de la invitación. Como no tienen remedio se queda, eso sí, protegiéndose de un acoso fortificando la puerta. 
A la mañana Antoine le despierta y le invita a desayunar. El desayuno lo prepara la madre de Antoine, una mujer cargante y autoritaria con la que él vive. Pide té, pero le ofrece achicoria. 

Más tarde y tras varias desencuentros debidos a la “lengua” local, el Ch'tis conoce a sus compañeros Anabelle, Fabrice y Yann. El encuentro no es nada agradable dados los prejuicios de Phillippe. Lo invitan a comer a lo que Phillippe cree un restaurant “La barraca de las papas”, realmente un chiringüito de comida rápida. 

Sin embargo, intenta que las cosas mejores y esa misma noche los compañeros le ofrecen llevarlo a Lille a cenar en un auténtico restaurant del Norte. Allí le enseñan la lengua( ehhhh…, al final). Tras aprender el habla local ya es un auténtico Ch'ti. 
Después de unos días, Philippe aprende a conocer a sus amigos Anabelle (Anne Marivin), Fabrice (Philippe Duquesne) y Yann (Guy Lecluyse). Al final acaba entablando amistad con Antoine y descubre que el norte en general, y Bergues, en particular, es un lugar hospitalario y cálido. 

Mientras Philippe trata de tranquilizar a su esposa hablándole de las cosas buenas de la vida en el norte. Pero ella, depresiva y convencida de que su marido le miente para no herirle, no le cree y se convence a sí misma de que su marido se deprime aún más que ella por culpa de la separación. Por ello, Philippe le miente con intención de no hacerle daño. Desde entonces, cada vez que Philippe habla con Julie, y cada vez que va a Salon, continúa escondiéndole más la situación que él considera positiva para su relación de pareja gracias a su alejamiento temporal. Con sus amigos va al fútbol, sale de copas, pasea por la playa y disfruta de la vida. Se preocupa de ellos , especialmente de Antoine que bebe en exceso desde que rompió con Anabelle. Descubre el por qué de la separación entre ambos – la madre tiene una alta responsabilidad- y la amabilidad local, pues cada vez que va a una casa a realizar una entrega le invitan a beber. Un día lo acompaña y acaban tanto Antoine como Phillippe borrachos, meando en el río local y detenidos por la policía tras una persecución en bici. 

Tras la detención, Julie se preocupa por el marido. Philippe intenta disuadir a su esposa de ir a instalarse a Bergues, contándole historias penosas, pero, por culpa de esas malas noticias Julie cree que su marido está deprimido y desea que ella vaya para estar juntos y apoyarlo. Cuando ella le avisa de que va a « subir » a visitarle, para disuadirla de ir a verle y estar juntos, él describe a los Ch'tis como personas poco elegantes, incultas, brutas y ebrias. Philippe avisa a sus amigos de sus intenciones, pero, a pesar de la decepción, ellos montan la sorpresa de ir a buscar a Julie en un camión del servicio postal cuando Julie llega a Lille. 

Ellos juegan su papel y se comportan como Philippe les había descrito. Se la llevan a una antigua ciudad minera haciéndole creer que esa ciudad es Bergues. 

Con la ayuda de los habitantes del lugar, todos hacen creer a Julie que los clichés que tiene sobre la gente del norte son ciertos. Aparentan ser unos borrachos, unos guarros, con ambiente minero. En una barbacoa, los amigos de Philippe se comportan como si la comida que se estaba cocinando fuese de gato. En la mesa todos hacen desorden, eructan, tiran las latas al suelo, ... la mujer se horroriza. 
Al día siguiente, dirigiéndose a la oficina de correos, Julie se da cuenta de que el lugar en el que se encuentra no tiene nada que ver con Bergues. Trata de encontrar a su marido, pero cuando descubre que le ha estado mintiendo desde el principio decide, muy molesta, regresar al sur. Philippe se da cuenta de que su matrimonio funcionaba mejor en la distancia, pero Antoine le hace ver que la situación no es tan fácil, y le responde que no es el más adecuado para dar consejos ya que ni siquiera tiene el coraje de decirle a su madre lo que piensa. Muy molesto, Antoine decide hablar con su madre y le dice que se casará con Annabelle y que se irá de casa. Ante su sorpresa la noticia alegra tanto a su madre que se apresura a la oficina de correos para decirle a Annabelle que les desea que sean felices que sean felices, pero no obstante, no les quitará el ojo de encima para asegurarse de que realmente lo son. 
Con la ayuda de Philippe, Antoine pide a Annabelle que se case con él desplegando desde lo alto de la torre una pancarta en la que esta escrito « Annabelle te amo, cásate conmigo».Poco tiempo después se casan y Philippe y Julie son invitados a la ceremonia. Cuando Philippe vuelve al sur le pide a Julie que se vaya a vivir con él al norte. 
Dos años después Philippe recibe una carta. Le han concedido un nuevo destino en el sur en el sur, en Porquerolles. Como ya le había dicho Antoine, la gente que llegaba al norte llorada – berrea, realmente - le dice dos veces, una a la llegada, y otra cuando se iba. Y así es como abandona la región, con felicidad por su matrimonio y lágrimas, muy a su pesar. Fin de la película. 
El polifacético Dany Boon , aquí segundo actor y principal director, empezó a escribir el guión de Bienvenidos al Norte en el año 2006, dos años antes del estreno. Pero la idea de hacer un film que tratara sobre su región de origen se remonta a bien atrás. Siempre había querido lanzarse a la aventura de dirigir una película pero no se creía capaz de ello. Antes de comenzar su proyecto dirigió la obra de teatro La Vie de chantier y la adaptó en su primer film La Maison du bonheur (estrenada en 2006). 

Tras ese periplo Dany Boon se dio cuenta de que numerosas comedias francesas se desarrollaban en el sur de Francia (Niza, Córcega,Cannes…) , mientras que en el norte suelen desarrollarse películas dramáticas (como Germinal o Ça commence aujourd'hui). Partió de la imagen miserable de la región que tienen los que no conocen el Norte-Paso de Calais para reírse de ellos mismos –algo que él había ya realizado en su labor de cómico en algunos sketches pertenecientes a su espectáculo A s'baraque et en ch'ti (2003)- , y cambiar estos típicos tópicos, tópicos típicos. Trabajó durante un año sobre el argumento, los personajes y ciertas escenas, y una vez la estructura terminada, durante los últimos tres meses, se asoció con otros dos guionistas: Franck Magnier y Alexandre Charlot. Así pulieron algunas escenas, papeles secundarios y obtuvieron el guión definitivo. La dificultad principal que encontraron era conseguir una película humorística a la vez que creíble, basada en los prejuicios de un personaje que no sabe nada sobre el Norte y evitando la caricatura. 

Si como hemos señalado fue un éxito de taquilla y público en Francia , la crítica española también ha sido benévola. Por ejemplo, E. Rodríguez Marchante en el Diario ABC había escrito que "Es prácticamente imposible no mondarse de risa con sus insólitos personajes (...) toda su burla crítica, toda su acidez, se convierte en una mirada entrañable, elogiosa (...). En el Diario El País, Jordi Costa señala que era un "…elogio del gañán. (...) reajuste de un tópico lacerante para su disfrute políticamente correcto (...) tiene la correcta caligrafía del cine comercial francés". Otros críticos como Alberto Luchini en el Diario El Mundo afirmaba que "Boon apuesta por una exagerada corrección política y por unos personajes tan enrollados y tan buena gente que acaban por resultar un pelín cargantes. (...) Por lo demás, la película es divertida, está bien contada (...). 
En las dos revistas más prestigiosas de cine de España, Cinemanía y Fotogramas, Sergio F. Pinilla – en la primera- indicaba que "La película más taquillera en la historia de Francia es una comedia amable para liquidar palomitas y tópicos. . En la segunda Fausto Fernández decía "Estupenda comedia, localista, humanista y de contagiosa alegría de vivir (...).
En definitiva, "Bienvenidos al Norte" es una comedia francesa hasta la médula ósea, grata, entrañable, de humor fácil, de buen “rollito”, de calidez emocional efectivamente universal y, por consiguiente, accesible al público internacional, pero con la constante de la caricatura cultural localista, con la tradicional oposición norte / sur, y , especialmente, con un código lingüístico magnífico perceptible principalmente para aquellos que la hemos visto en su versión original subtitulada. Por cierto, existe también la versión italiana "Bienvenidos al Sur". Espero verla en breve plazo. Pero es curioso que en Francia el Norte, lingüísticamente, sea el Sur.

Imágenes de "Bienvenidos al norte" - Copyright © 2008 Hirsch, Pathé, TF1 Films Production, Les Productions du Ch'timi y CRRAV Nord-Pas de Calais. Distribuida en España por Wanda Visión. Todos los derechos reservados para estas empresas.

jueves, 7 de febrero de 2013

Una familia desencantada


En el cine español existen títulos de los que uno ha leído - tampoco tanto- y ha escuchado mucho. A veces son películas míticas, mil veces presentadas y repetidas en televisión. Otros títulos, principalmente clasificadas como películas de autor, son conocidos por su carácter “maldito” o por ser películas de culto o experimentales. Son obras de las que se hablan, pero que apenas se han visto. Prácticamente no han sido pasadas por televisión, y - por supuesto- tienen (o tuvieron) un corto recorrido comercial y, únicamente, han sido presentadas en Filmotecas o en Cine Forum. Es allí donde se han convertido en veneradas por los que la han visto o lo mucho que se ha escrito de ella. Eso es lo que le ocurre a una película española del año 1976, dirigida por Jaime Chávarri, y lleva por título El desencanto. 
Yo, personalmente, hasta el pasado martes no la había visto. Fue en la 2 de televisión española. Y, tras verla, motivos tiene para ser una película de culto. Pues ayer, volví a verla. 
Fue una película producida por Elías Querejeta. Jaime Chávarri estuvo presente en el interesante coloquio posterior a la película, en el que también estaba presente Juan José Millas. La película aparentemente es producto de una idea de Jaime Chávarri, pero en la que influyó mucho uno de sus protagonistas, Michi Panero. Querejeta que conocía la obra de Chávarri le dio vía libre para su filmación. Para ello contó con un reducidísimo grupo técnico, unas cinco personas, y tardó año y medio en su rodaje. Este se movió entre la localidad leonesa de Astorga y Madrid. Entre los que participaban estaba Teo Escamilla encargado de una grandiosa fotografía en blanco y negro. La música que se escucha en algún momento, al final, es de Franz Schubert. 
Los protagonistas absolutos y exclusivos son la viuda y los tres hijos del poeta falangista Leopoldo Panero (que había muerto en 1962), es decir, Felicidad Blanc y Juan Luis, Leopoldo María y Michi Panero. 
Es una película dirigida por la cámara a la que se dirigen abiertamente los protagonistas y en la que se intercalan diálogos a dos entre hermanos (Michi y Juan Luis / Michi y Leopoldo), entre madre e hijos (Michi y Leopoldo María), y en la que se desentraña la historia familiar. 

La película se inicia con una fotografía familiar de los cuatro protagonistas sobre la que se van añadiendo los títulos de crédito. Tras la misma, la imagen que Chávarri muestra es la una estatua envuelta y oculta del poeta con la voz en off de Felicidad, su mujer. A lo largo de la película metafóricamente iremos desenfundando y descubriendo las miserias del poeta y su familia por medio de las declaraciones de sus hijos y su viuda, Felicidad. 

De inmediato una voz de radio nos introduce en el homenaje y la inauguración de la estatua del poeta, que el pueblo de Astorga le dedica al autor doce años y un día después de su fallecimiento en Castrillo de la Piedras, una entidad de la localidad leonesa en la que está su finca. 

Inicialmente es Felicidad, una mujer mayor ya mayor pero que en su juventud fue una de las mujeres más bellas y cultas de su época. La viuda habla de sus recuerdos presenta su pasado, cómo llegó a conocer a su difunto marido, cómo fue su llegada y el impacto que ella generó en el pueblo. Su comentario da paso a una conversación entre Michi y Juan Luis sobre qué fue lo más determinante en sus vidas y discuten, pues para Michi fue la enfermedad de su hermano Leopoldo, habitual compañero de sus juegos infantiles, mientras que para Juan Luis lo determinante fue la muerte de su padre. De esos primeros intercambios de opiniones vemos ya las ruindades y oscurantismo de la familia panero. Eso sí, Leopoldo está ausente, pero presente. 

Leopoldo irá apareciendo entre lápidas. ¿Anunciará próximamente la lapidación familiar? Es curioso pues hablan incluso sobre la película y el papel de la misma para sus miembros. 

Llama la atención la opinión de Juan Luis que habla de la muerte del padre y la califica como cataclismo personal y frente a esa opinión Michi – que al igual que su hermano habla frente a un vaso ya vacío- habla que el pasado, el presente y el futuro de la familia Panero representa la sordidez más absoluta. Este es el campo de batalla. 

Tras este primer desencuentro Juan Luis, el que aparente ser el heredero – y ahora patriarca de los Panero- nos presenta sus símbolos, y lo que para el representan: una cruz de Calatrava (yo creo, que es Caravaca), regalo de su madre; una navaja semiautomática – comprada en París- ; un caballo japonés comprado en Chinatown; y un sombrero, así como un libro de poemas de Borges, al que imita; una estilográfica y cuatros fotos (Scott Fitzgerall – alcohólico-, Albert Camus- España libre, viene grabada en la foto- Luis Cernuda y Cavafis – ambos sus poetas favoritos, ambos homosexuales- ). Todo frente a un vaso de vidrio vacío. Michi posteriormente se nos presenta. Nos describe como se ve, como estudió , al igual que sus hermanos en el prestigioso Liceo Italiano de Madrid y comenzó varias carreras universitarias (Filosofía, Ciencias Políticas o Cine) no acabando ninguna, y como irá creciendo en un ambiente de sofisticado intelectualmente hablando y con cierta holgura económica, pero que se muestra como nulo frente al trabajo. Algo similar hace posteriormente Juan Luis leyendo un semblante suyo. 

Tras ello le toca el turno a Felicidad. Una mujer que habla muy literariamente. Felicidad nació en una familia de la burguesía madrileña, hija de un doctor, mujer culta y bella, que contraerá matrimonio con el poeta Leopoldo Panero (1909–1962) en 1941. Nos informa de esa juventud a través de una entrevista con su hijo José Moisés, Michi, el pequeño de sus hijos. Se enlaza la entrevista con la de Juan Luis, centrándose éste más en sus relaciones con la política y la cultura. Pero es ella la que mantiene la imagen oficial y personal del poeta maragato. Nos habla por primera vez de la doble clara de Leopoldo Panero (padre) la del hombre tranquilo e íntimo, y la otra, la del hombre necesitado de sus amigos. De entre ellos destaca a Luis Rosales, que aparece en un acto en homenaje al poeta. Sabemos que es el mejor amigo de su marido. 
Por medio de Michi conocemos a su madre. Y da datos como se posición relegada con respecto al marido. Él culpa al elemento machista de los Panero y al gusto por lo que él llama, “Vitón”, amante del vino – es exceso-. Poco a poco el perfil del homenajeado se diluye entre aristas por su machismo (ella habla de malhumorado) y por su abandono de la familia. Con todo se produce la aparición de Leopoldo, introducido a través de los dos hermanos, el mayor y el menor. El mayor está haciendo sus últimas apariciones y nos va presentando su alejamiento del seno familiar hasta la muerte del padre, pero también su enorme capacidad poética. El poeta Panero, el padre, “hombre del misterio” como definió Lain Entralgo va descubriendo familiarmente sus misterios, pero también sus ruindades y su vida aparente como la de Felicidad y su determinación para acabar con los cachorros de perros, su opinión sobre Luis Rosales o el alejamiento del padre de los hijos narrado brutalmente por Michi. 
Por último entre Juan Luis y Felicidad nos cuenta el acercamiento de la muerte al poeta. Entre ambos – y mínimamente Michi que apunta al alcohol- nos descubren los últimos momentos de su padre y el traslado a Astorga. Tras la muerte de Panero, se produce el renacer y rejuvenecer de Felicidad y se acercamiento al mundo de la cultura a través de su hijo el poeta Juan Luis. Es en ese momento en el que aparece la sombra de Leopoldo María. 

Es Michi quien adora a Leopoldo. Lo considera el más brillante de los hermanos y a los cincuenta minutos del filme hace acto de aparición. Impresiona su capacidad de expresión, pero también su mirada y su pose. Desde este momento la película gira alrededor de Leopoldo , mientras que alrededor se mueven la madre y Michi. Son las palabras impúdicas y afiladas de Leopoldo las que se presentan como dardos dirigidos hacia el padre, ese conejo blanco del que habla Leopoldo María, o hacia su madre a la que le acusa abiertamente de condenarle. 

Es el propio Leopoldo María, el hermano mediano, el que dice que a partir de la muerte de su padre apareció el humor, siendo el fuerte carácter del padre el que habría impedido todos esos comportamientos excéntricos y jamás habría permitido esta visión tan “desencantada” de la familia. Los diálogos cruzados entre los tres, o los monólogos de de Leopoldo dan la puntilla a la familia Panero, a su apariencia, a su formación, a la maternidad, a la condena psiquiátrica, a los hermanos. Es la automutilación familiar. Es la ablación de la familia Panero. 

Los cuarenta minutos que quedan nos muestran la esquizofrenia, el suicidio, la paranoia, las amistades no aceptadas, el amor, el odio, su acercamiento político a la izquierda (al PT) el descenso al mundo de las drogas, el alcoholismo, el paso por la cárcel, la homosexualidad, la casi prostitución. Leopoldo se considera el fracaso más absoluto. Se cumplió lo dicho por sus profesores. Pudo ser todo o nada. Y en esta película se mostró que había alcanzado, a pesar de su capacidad, la nada. Entre reproche y reproche vemos trufado de fracasos vemos grados de relación animosa entre Leopoldo, Michi y Felicidad. Es Leopoldo el más clarividente, el más preclaro y el más oscuro de los Panero. 
La película se despide con los poemas de Leopoldo (padre) recitados por Felicidad en la finca de Castrillo de las Piedras, ya en ruinas, como la propia familia después de la muerte de Leopoldo Panero, los de la reflexión de Juan Luis recitados por el mismo mientras se desplaza por la calle la opinión de Leopoldo de su familia y responsabiliza a los hijos del desastre de la familia, Michi acaba hablando de lo mismo que comentaba al principio: son un clan sin descendencia, el fin de una raza. 
La película acaba con un poema, el Epitafio, de Leopoldo Panero, un auténtico monumento al desencanto con música de Schubert. 
Ha muerto acribillado por los besos de sus hijos, 
absuelto por los ojos más dulcemente azules 
y con el corazón más tranquilo que otros días, 
el poeta Leopoldo Panero, 
que nació en la ciudad de Astorga 
y maduró su vida bajo el silencio de una encina. 
Que amó mucho, bebió mucho y ahora, vendados sus ojos, 
espera la resurrección de la carne aquí, 
bajo esta piedra. 
 Leopoldo Panero (1909-1962) 

Tras este impresionante documento, volvemos a ver oblicuamente la estatua que la ciudad de Astorga levantó a Panero y que vimos al principio. Al fondo, la catedral de Astorga en fondo negro con la sonata únicamente de acompañamiento. 
Comentaba en el coloquio de Versión Española el director Jaime Chávarri tras la película que su intención inicial era la de grabar el sonido ambiente de un manicomio o rodar un cortometraje en un manicomio, pero su intento fue abortado por las instituciones de la época dadas las reiteradas negativas de rodar en este tipo de centros. Fue después, hablando con Michi Panero, amigo de copas, cuando este le propuso hacer una película sobre su familia. Así lo explicó Jaime Chávarri en una entrevista: “Al principio no me gustó la idea, pero cuando conocí a Felicidad y hablé con ella me entusiasmé. A partir de las conversaciones con Michi -al que ya conocía- Leopoldo, Juan Luis y Felicidad, nació una historia que se fue improvisando y se rodó sin guión. Así que entre su productor Elías Querejeta y por el entusiasmo de su amigo Michi Panero, Chávarri se embarcó en una largometraje que iba a durar según comentaba año y medio que retrata a los miembros de la familia Panero, seducido sobre todo por la madre, Felicidad Blanc, (funcionaria del Ministerio de Cultura) y por el hijo mayor, Leopoldo María, uno de los mejores poetas españoles vivos del momento.
Partiendo de estas dos ideas, Chávarri quiso tratar en el documental lo psicológico y los problemas mentales. Aquel clan giraba en torno a la figura discutida del patriarca, Leopoldo Panero -fallecido 12 años antes y poeta de referencia en el franquismo- y estaba representado por su ya citada viuda, Felicidad, y sus tres hijos: Juan Luis, Leopoldo María y Michi, el pequeño. Los cuatro forman la piedra angular de esta película. El desencanto fue además la última película mutilada por la censura cinematográfica en España que suprimió las breves alusiones de Leopoldo María Panero a sus experiencias sexuales en la cárcel. 
Se trata de una de las obras de Chávarri más reconocidas por la crítica. Estrenada en 1976, "El desencanto " parece haber sido un fruto conjunto de las mentes de Michi y el director y amigo Jaime Chávarri. Del contexto de la película podemos comentar que en su estreno no fue demasiado bien recibida por la crítica, pronto se convertiría en un título de culto. Tuvo un rodaje intermitente que duró más de un año y su relación con la familia. Además, el poeta encuadrado dentro del grupo de los “novísimos” Leopoldo María Panero, figura clave tanto en sus ausencias como en sus apariciones, aceptó participar tardiamente y para ello regreso de “posiblemente” un sanatorio mental. 
He leído que 'El desencanto' es un relato sobre la crueldad de las relaciones familiares y el papel de los ausentes. Es una película que escandalizó a su época y que todavía sigue fascina por lo narrado y como se ha realizado a través de una impresionante combinación de inteligencia, humor, honestidad, crueldad y cultura. La familia narra sus vivencias, en la que se entrecruzan sus recuerdos, y aprovechan para cobrarse deudas pendientes. 
Dado el año de su rodaje y presentación, y dada la personalidad del protagonista ausente, uno de los grandes poetas de la falange, la película ha sido tenida como una metáfora del final del franquismo y ataque frontal contra la concepción que éste mantenía de la familia. Sin embargo, yo no estoy de acuerdo. Es un ajuste de cuentas familiar. Se habla de poder, de dinero, de traiciones, y de decepciones. Hablamos de las familias. Podríamos ir a cualquier barrio de nuestras ciudades y vemos que esto es una radiografía de la destrucción de una familia. Pública e importante culturalmente hablando, pero no muy diferente a cualquier otra con marejada de fondo. Tanto la película como sus protagonistas alcanzaron pronto dimensiones míticas en los sectores «cultos» del cine español. . 
Señalar que en 1994 Michi Panero llamó a Jaime Chávarri con el fin de hacer una segunda parte de esta película, según comentó en Versión Española. Chávarri rechazó la idea pero no Ricardo Franco, quien llevará a la gran pantalla Después de tantos años, pero esta vez, sin la presencia de la madre, ya fallecida en el 2000. Señalar que poco tiempo después falleció Michi, y que Juan Luis Panero publicó en 1996 su libro de poesía completa (1968–1996) en un volumen de la editorial Tusquets y que dio algunas de sus conferencias, en particular la que recoge su relación con Luis Cernuda, incluidas bajo el título de «Páginas sobre cine y poesía» en el libro Después de tantos desencantos. Vida y obra poéticas de los Panero, de Federico Utrera (Ed. Festival Internac. de Cine de LPGC, 2008). 
Jorge Semprún en el prólogo para la edición del guión: “Ante El desencanto, su texto y sus imágenes, los actuales defensores ultraconservadores de la familia tradicional pondrán, sin duda, el grito donde suelen ponerlo todo […] en el cielo […] Porque es El desencanto de Jaime Chávarri uno de los más terribles alegatos, […] uno de los más amargos y más despiadados que yo conozca, contra la familia española: católica, patriarcal, autoritaria y monoándrica.” 

"El desencanto” muestra una visión psicológica de los personajes: una especie de terapia de grupo sobre el gran trauma de la familia tras la muerte del padre, del patriarca, de Leopoldo Panero, la indiscutible figura de poder ejercida dentro de la casa hasta el día de su muerte. Leopoldo Panero es querido, pero a su muerte es rechazado incluso por los suyos. A grandes rasgos podría decirse que es un documental psicológico, en el que priman las palabras y el estado mental de los personajes a otros aspectos cinematográficos. Chávarri pretende dar a entender al espectador que la inteligencia o el saber no tienen por qué estar unidos a una mente estable. Aplicando un ejemplo del documental a la psicología freudiana observamos un claro complejo de Edipo: todos los hermanos Panero muestran amor y cariño hacia la madre (incluso lo admiten en varias ocasiones a lo largo del documental) y odian profundamente al padre fallecido. El propio Leopoldo María afirma que Michi es un esquizofrénico, que Juan Luis es un paranoico y que él es el chivo expiatorio de la familia por llevar a cabo actos de locura. También se hace referencia a los excesos de drogas, sobre todo de alcohol, e intentos de suicidio como “algo normal” dentro de la familia. Chávarri no busca engañar al espectador, sino mostrar con mayor crudeza la mentalidad de los Panero.
En definitiva, estamos ante una película que desde el martes y hasta que he escrito estas líneas he visto ya en tres ocasiones. Es una película impresionante, monumental.



sábado, 2 de febrero de 2013

Penúltimo homenaje


Para completar el 70 aniversario de la batalla de Stalingrado he visto un episodio de una serie documental que toda aquel que tenga entre los 45 y los 55 años recordará. Creo que la echaban los viernes entre los 8 y las 9 de la noche. Estamos hablando de los años 1973 , 1974 o 75. La serie llevaba por nombre: El mundo en guerra (The World at War). 
Se trataba de una serie documental sobre la Segunda Guerra Mundial diseñada para televisión británica, en concreto la Thames Television. Fue producida por Jeremy Isaacs, tuvo como asesor a Noble Frankland, entonces director del Museo Imperial de la Guerra. La serie fue escrita y coproducida por Peter Batty y narrada en inglés por Sir Laurence Olivier. Presentaba una banda sonora de Carl Davis que nos introducía en la angustiosa guerra. Al parecer un libro, El mundo en guerra, fue escrito por Mark Arnold-Forster como suplemento de la misma. Fue galardonada con el Premio Emmy. 
La serie fue encargada por Thames Television en 1969. Debido a la laboriosidad de su investigación, se tardó cuatro años para producirla a un costo de 900.000 libras (10.9 millones de euros de 2006). En aquel momento, fue un récord para una serie de televisión británica. La serie fue transmitida en el canal de ITV del Reino Unido entre el 31 de octubre de 1973 y el 8 de mayo 1974, y posteriormente se ha podido ver en todo el mundo. En España sería aproximadamente por esas fechas. Cada episodio duraba aproximadamente 52 minutos. 
Para la realización de la serie se entrevistaron a muchas protagonistas del conflicto de uno y otro bando. Los 26 episodios de esta serie han sido considerados a menudo como el mejor y definitivo documental sobre la historia de la Segunda Guerra Mundial hecho para televisión. También presentó raras imágenes de película en color para aquella época - que evidentemente yo vi en blanco y negro- de algunos de los acontecimientos de la guerra. Últimamente una nueva serie se ha puesto a su altura: Apocalipsis. 

El capítulo que he visto ha sido el noveno que lleva por nombre: Stalingrado - Stalingrad (Junio 1942 – Febrero 1943). En este episodio se nos narra el por qué de esta campaña rusa por parte del ejército soviético, la Operación Azul, como se denominó la campaña alemana en el sur de la Unión Soviética, tenía como objetivo la captura de puntos fuertes en el Volga primero y, posteriormente, el avance sobre el Cáucaso, la importancia de la ciudad, cómo dominó inicialmente la situación el ejército alemán, así como los errores de los estrategas alemanes que suponían la pérdida de 20.000 soldados alemanes a la semana. La leyenda del dominio alemán sobre la tierra se desvanece cuando la gente se prueba a sí misma que, utilizando el valor y la inteligencia, el ejército del Reich, puede ser derrotado. Se nos presenta como los ejércitos e Alemania, Italia y Rumania, trataron de tomarla como un sitio estratégico para conquistar la Unión Soviética pero un rápido giro de un millón de soldados soviéticos rodearon la ciudad e iniciaron una desesperada resistencia. 
El plan original implicaba que el 6° Ejército y el 4º Ejército Panzer cortaran la retirada a los rusos antes de que éstos se reagruparan, luego atacaran Rostov del Don y después fueran a reforzar las líneas defensivas del Cáucaso. Pero impaciente por el retraso, Hitler cambió el orden del plan, y en lugar de esperar a las fuerzas de Paulus y Hoth, ordenó que se capturaran Stalingrado y el Cáucaso al mismo tiempo. Aunque las reservas alemanas de combustible eran alarmantemente escasas, Hitler tomó otra decisión polémica: dividió las fuerzas que se dirigían a Stalingrado, quitándole las unidades mecanizadas al 6° Ejército de Paulus y desviando el 4º Ejército Panzer de Hoth hacia el sur, para ayudar en la captura del resto de las fuerzas de Timoshenko, que se esperaba tendría lugar cerca de Rostov del Don. 

A Hitler le obsesionaba la idea de anular los restos de las fuerzas de Timoshenko antes de que reforzaran Rostov, lo cual no se logró plenamente, ya que muchas se retiraron a tiempo. Rostov fue atacada y reconquistada por los alemanes el 24 de julio. 
La ciudad tenía una importante industria militar (Stalingrado tenía las fábricas de tractores Octubre Rojo y de cañones Barricady), y poseía el nudo ferroviario crucial de la línea que unía Moscú, el mar Negro y el Cáucaso, existiendo igualmente un puerto fluvial en servicio para la navegación por el Volga. La urbe se extendía unos 24 kilómetros a lo largo de la orilla occidental del Volga pero con menos de diez kilómetros de anchura. No existía ningún puente cruzando el río, empleándose grandes barcazas para comunicar ambas orillas. La orilla oriental apenas estaba poblada. Es importante considerar que llegado el invierno, el Volga se hiela con una capa muy gruesa, permitiendo el paso de vehículos pesados. 
La batalla se inició el 21 de agosto de 1942 y duró hasta el 2 de febrero de 1943, con la rendición del recién nombrado mariscal de campo Friedrich Paulus y todo el VI Ejército Alemán. Más del 90% de la ciudad quedó en ruinas. Stalin había previsto la rápida caída de Rostov, por esta razón, el 19 de julio había ordenado que Stalingrado quedase en estado de sitio total no permitiendo la salida de los civiles y se comenzaron los preparativos para resistir a los alemanes, que se acercaban. No se permitió a los civiles abandonar la ciudad, para alentar a la milicia soviética con la permanencia de sus familiares entre los habitantes. Era mejor luchar por una ciudad viva, que por una ciudad muerta. 

El 28 de julio, preocupado por el avance alemán hacia el Volga, que podía dividir a Rusia en dos, Stalin prohibió la rendición sin importar las razones, y ordenó la formación de una línea en la retaguardia de la infantería que fusilara a todo soldado soviético que retrocediese sin permiso, tal y como vimos en “Enemigo a las puertas”. Esta orden de Stalin, la 227, muy pronto fue conocida popularmente como la orden «¡Ni un paso atrás!». Las condiciones eran tan precarias que muchos soldados rusos eran enviados al frente sin tener siquiera fusil, y andaban tras quienes los tenían para cogerlos cuando cayesen muertos. Asimismo, se obligó a combatir también a las mujeres a gran escala que eran las que manejaban los antiaéreos. Además, el Ejército Rojo practicaba el envío de ataques masivos frontales a distancias mínimas, convirtiendo la batalla en una masacre. 
Después que Adolf Hitler desviase fuerzas hacia Stalingrado, optó inicialmente por un bombardeo masivo. Se lanzaron 1.000 toneladas de bombas y se perdieron tan sólo tres aeroplanos. Murieron no menos de 5.000 personas ese día. En esa semana morirían 40.000 de los 600.000 habitantes de la ciudad. El avance alemán por tierra prosiguió a gran velocidad llegando antes del fin de agosto de 1943. Se lanzó una contraofensiva que logró aliviar en parte la situación respecto del norte de la ciudad. La orden de Zhúkov era terminante: «¡No entreguen Stalingrado!». El cumplimiento de esto será asumido por el general Chuikov. 
El 14 de septiembre, se inició el primer intentó alemán de tomar la ciudad —que se pensaba sería el único intento— y la 71ª División alemana llegó al centro de Stalingrado, acercándose peligrosamente al embarcadero principal, la terminal de llegada de refuerzos soviéticos. 

Tras el cual se libraron dentro de la ciudad intensos combates urbanos, la Rattenkrieg, sin que ningún bando se hiciese con el control total de las ruinas. Aunque Paulus sabía que las bajas soviéticas era por lo menos el doble que las alemanas, sus recursos humanos se disipaban rápidamente ya que nada más contaba con una división en la reserva. Hubo casos y no pocos en que destacamentos de comandos alemanes enviados al combate callejero tenían entre el 50 y el 70% de pérdidas de efectivos. Sabiendo que el invierno se aproximaba, Paulus decidió acelerar la toma de la ciudad y preparó una ofensiva que se ejecutó el 27 de septiembre. 
La principal fuerza alemana atacó al norte del Mamaev Kurgan, cerca de los asentamientos obreros de las fábricas Octubre Rojo y Barrikady. Los alemanes observaron atónitos cómo los civiles que huían de los asentamientos para buscar refugio en las líneas alemanas era derribados por sus propios soldados. Desde ahí, una división escogida de soldados alemanes capturó la «Casa de los Especialistas», donde se hicieron fuertes y comenzaran a disparar contra las lanchas que iban y venían por el Volga trayendo soldados. Las bajas alemanas entre el primer y segundo día de combate sumaron 2.500 soldados, contra 6.000 soldados soviéticos; para los rusos la pérdida era terrorífica: casi 3.000 soldados morían por día (a razón de un centenar cada hora). Aunque las tropas alemanas lograron penetrar en la ciudad o lo que quedaba de ella, nunca se hicieron completamente con la totalidad (el muelle y la colina), puesto que los muelles no pudieron ser alcanzados, y mientras estos muelles estuvieran en manos soviéticas, los refuerzos y suministros necesarios para proseguir la batalla podrían afluir con regularidad. Batallones y brigadas de comandos alemanas que intentaron llegar a los muelles fueron prácticamente aniquiladas al 50% de sus efectivos. 

Para octubre, los alemanes no habían conquistado la totalidad de la ciudad, pero sí habían ocupado el 80% de ella. Para octubre, Hitler y sus comandantes cayeron en la cuenta de que no podrían tomar la ciudad en otoño. El invierno se aproximaba, por tanto se hicieron todos los arreglos para pasar allí el más crudo de los inviernos, en recuerdo del terrible invierno anterior. Para fines de octubre se dejaron sentir las enfermedades en el soldado alemán: paratifoidea, tifus, disentería, empezaron a hacer estragos. A fines de octubre los alemanes se enteraron por medio de prisioneros de que los rusos preparaban una gigantesca contraofensiva. Ellos mismos habían notado los movimientos en sus flancos. Para protegerse, Paulus había levantado una barrera en su flanco izquierdo para prevenir los ataques procedentes por el norte, sirviéndose de las unidades rumanas. 

En noviembre de 1942, una contraofensiva soviética, la Operación Urano. El plan consistía en una maniobra de pinza para cercar, copar y embolsar al 6.° Ejército entero, irrumpiendo en la retaguardia alemana por los dos flancos norte y sur, atacando allí donde las fuerzas del Eje fueran más débiles. Llegó el invierno con sus nevadas y la ciudad quedó sumida en un manto blanco con temperaturas que rondaban los -18 °C. En la zona defendida por los mal equipados rumanos del II y IV Cuerpos que inicialmente pudieron contener bravamente las primeras oleadas de atacantes, pero que luego fueron arrasados por carros de combate T-34 hacia el mediodía. 

El objetivo donde convergían las tenazas de la trampa era el pequeño pueblo de Kalach y su puente, donde los alemanes no poseían una fuerza para enfrentar la amenaza y donde quedaban expuestos sus talleres y depósitos de suministros. El desastre era total, el VIº Ejército de Paulus quedó encerrado en Stalingrado con unos 250.000 hombres y sin suministros mayores, aunque los rusos pensaron inicialmente que eran unos 90.000. 

Por lo tanto se embolsó al 6º Ejército Alemán en el caldero (Der Kessel) con la orden, por parte de Hitler, de no retroceder ni rendirse, que sería aniquilado cien días después. La negativa de Hitler a renunciar a la importantísima ciudad, punto de entrada a la rica región petrolera del Cáucaso, y la imposibilidad de abastecerla vía aérea como había prometido Goering - 500 toneladas diarias de pertrechos, pero apenas los aviones lograron llevar 130 toneladas en tres días de operaciones y en medio de tempestades de nieve - significó la muerte de cientos de miles de soldados de ambos bandos, y más de un millón de civiles rusos. 

El 9 de enero se presentaron dos oficiales del Ejército Rojo en la línea occidental del frente alemán con un ultimátum de la Stavka para Paulus. Si dicho ultimátum no se aceptaba, los soviéticos lanzarían una ofensiva final contra el Kessel al día siguiente. El ultimátum fue rechazado. Las penurias se multiplicaron en el 6° Ejército Alemán, las epidemias diezmaban los soldados, la disciplina ya no existía y el hambre era tan atroz que los alemanes sacrificaron caballos, perros y ratas para poder alimentarse. Cabe destacar que aun en estas penosas condiciones, la resistencia del 6° Ejército continuaba, ya que las líneas del frente se retiraban combatiendo e infligiendo bajas a los rusos que ejecutaban el plan anillo para acabar con los alemanes.

Un aviso le llegó el 30 de enero de parte de Hitler a Paulus: le sugería que se suicidara ya que le había nombrado Mariscal de Campo y bajo las órdenes de Hitler ningún Mariscal se podría entregar vivo al enemigo. El 31 de enero por la mañana, Paulus - muy envejecido y prácticamente irreconocle para los soviéticos como recalcan el reportaje, pues le piden la documentación al no creerse que sea un mariscal de campo- se rendía con cerca de 90.000 soldados, los restos de un ejército de 250.000 hombres. 

El 2 de febrero se rindió el último grupo de soldados alemanes en los escombros de la fábrica de tractores Octubre Rojo, y es la fecha en la que terminó oficialmente la batalla. 

Stalingrado significó el fin de las esperanzas alemanas de capturar el Cáucaso y controlar el río Volga. Además, muchos oficiales del ejército alemán se convencieron de que Hitler estaba llevando a Alemania al desastre. Stalingrado confirmó lo que muchos expertos militares sospechaban: las fuerzas alemanas no eran lo suficientemente poderosas en logística de abastecimiento como para mantener una ofensiva en un frente que se extendía desde el mar Negro hasta el océano Ártico. 

La batalla significó además un punto de inflexión en la guerra, ya que, tras Stalingrado, las fuerzas alemanas no volvieron a conseguir victoria alguna en el Este. Y con esto pongo fin a la conmemoración del setenta aniversario del final de la batalla más determinante de la segunda guerra mundial, aunque recuerdo que en la noche temática de la 2 pusieron dos documentales como Stalingrado. Ya veremos si no es el penúltimo.


Stalingrado en el recuerdo


Estamos en la semana del recordatorio de la batalla de Stalingrado. Y comento ahora una película que pude ver en su momento en el año 1993 en el cine Santa Rosa. No la había vuelto a ver desde entonces. La película sigue respondiendo a aquello que pensé tras verla: es un canto al pacifismo desde el horror más absoluto y desde el entorno más cruel que ha sufrido la humanidad a lo largo de su historia, en la posiblemente batalla más cruel de la historia de la humanidad: Stalingrado. 

Stalingrado (Stalingrad) es una película bélica, dirigida por Joseph Vilsmaier y estrenada en 1993. La película fue una producción alemana en la que participan como productoras Royal Film, Bavaria Film, B.A. Produktion, Perathon Film - und Fernsehproduktions GmbH. El diseño de producción estuvo en manos de Jindrich Götz y Wolfgang Hundhammer con Hanno Huth y Günter Rohrbach. Se inviertió en la película 20.000.000 marcos. El guión fue redactado por Christoph Fromm (autor del guión original), Johannes Heide, Joseph Vilsmaier, Jürgen Büscher. La distribución de la película fue realizada por la Senator Film Alemania y la Strand Releasing para los EE.UU., aunque en España lo hará la distribuidora Araba Films.
Los efectos especiales visibles especialmente en las dos batallas relatadas, la de la fábrica y contra los tanques fueron encargados a Daniel Braun Schweig, Gerhard Neumeier, Helmut Hribernigg, Jaroslav Kolman, Jirí Berger, Karl Baumgartner, Karl- Heinz Bochnig, Lasse Sorsa, Ludek Smolik, Martin Kulhánek, Roman Tudzaroff, Uda Kötting, Václav Kuba. 
La fotografía estuvo controlada por Klaus Moderegger, Peter von Haller, Rolf Greim, aunque en filmaffinity se nombra igualmente al director. La labor de maquillaje correspondió especialmente al equipo checo formado por Alena Sedova, Frantisek Havlicek, Frantisek Pilny, Heiner Niehues, Jirí Farkas, Paul Schmidt, Ruth Philipp, Sylvia Leins, Zdenka Klika. El montaje fue obra de Hannes Nikel, mientras que la música fue compuesta por Enjott (Norbert J) Schneider, reseñable la música del final. El sonido otro aspecto relevante de la película fue de Abi y Andreas Schneider. La producción ejecutiva fue de Joseph Vilsmaier, Mark Damon, Michael Krohne. 
El reparto estuvo formado por Dominique Horwitz (Fritz Reiser), Thomas Kretschmann ( Hans von Witzland), Jochen Nickel (Manfred Rohleder 'Rollo'), Dana Vavrova (Irina), Martin Benrath (General Hentz), Sebastian Rudolph (Gege o soldado Müller). Además de ellos participan Sylvester Groth, Karel Hermánek, Heinz Emigholz, Ferdinand Schuster, Oliver Broumis, Dieter Okras, Zdenek Vencl, Mark Kuhn. 
Este filme de 134 minutos fue grabado en diferentes localizaciones de Alemania, concretamente en Baviera , en la Bavaria Filmstudios de Geiselgasteig (Grünwald). Además rodarán en la Riviera Italiana (en Cervo, que no en Porto Cervo como dice la película – que está en Cerdeña-), en las localidades de Kajaani, y Kemijärvi (ambas en Finlandia), y en la República Checa , en Kurivody (Ceská Lípa District) y Praga (República Checa, aunque cuando filman la película 1992, era todavía Checoeslovaquia). 
El filme muestra el horror del combate en el Frente Oriental durante la Segunda Guerra Mundial. Empieza en la Riviera italiana, finales de 1942. Un grupo de soldados alemanes entre los que se encuentran el argento Rollo, el cabo Reiser, recién llegados de la batalla del Alamein, disfrutan de unos días de descanso. Durante su estancia en la Liguria, uno se han enamorado y otros se han relajado.

Todos se han despedido de su teniente, herido en su intervención con el Africa Korps. Antes de ser enviados le entregan el mando a un nuevo teniente, un joven inexperto de la pequeña nobleza posiblemente Prusia o bávara. En el momento de la entrega del mando vemos la personalidad de algunos de sus subordinados, especialmente del sargento “Rollo”. Rollo y Reiser se nos presentan alegres , bañándose y disfrutando del cálido sol del mar Mediterráneo. Dos de ellos, el sargento Rollo y el cabo Reiser van a ser condecorados ante todo el regimiento. Pero frente al deseo de paz, en la escena siguiente, en contraste, se muestra la rectitud, marcialidad y fría idiosincrasia del alma militar. Sin embargo, los dos que van a ser condecorados se presentan tarde y el sargento Rollo no recibe su condecoración , pues como le echa en cara su nuevo oficial superior, el teniente Von Witland a Rollo “Los héroes jamás llegan tarde ” además por no llevar el uniforme reglamentario pertinente. 

Tras salir de Italia por vía férrea, lo volvemos a encontrar al grupo en un vagón con destino al frente ruso encaminándose a la conquista del Cáucaso. El teniente ha elegido viajar en el mismo vagón que la tropa. Escribe una carta a su mujer. Escuchamos su voz en off en la que voz valora la valentía de sus hombres y, a su vez, en una distinción clasista, le advierte que a ella no le gustarían debido a su mal olor . En la carta señala que su pelotón es su familia, aunque eso no evita saber que él está al mando y hay tirantez entre Rollo y él (a causa de su condición de oficial). Aún así, en la escena se percibe un optimismo latente. Su destino del vagón y los soldados es combatir en la batalla que se convertirá en una de las más sangrientas de la Segunda Guerra Mundial: la Batalla de Stalingrado. 
Ellos de todas formas piensan que la victoria final parece ser cuestión de tiempo. Un soldado prusiano , por ejemplo, que viaja en el mismo vagón, expresa en voz alta que en tres días tomarán la ciudad que lleva el nombre de Stalin. En esta escena se revela el éxito de la propaganda del régimen nazi. Rollo y Reiser se refieren a la extensa campiña rusa. El primero expresa sus sueños de que, en cuanto concluya la guerra, tendrá derecho “ a lo que pida ”, tierras, una casa y campesinos que trabajen para él. Reiser no piensa igual, pero no hay duda de que codifican lo que muchos soldados bebieron a su alrededor a la hora de sentirse una nueva raza de señores, frente a los incultos eslavos como mano de obra “semiesclava”. 
De inmediato la siguiente escena nos lleva a un escenario diferente. La llegada de este grupo de soldados a Stalingrado. Tienen ante sí un escenario lúgubre, lluvioso y con la  visión de sus camaradas heridos, tumbados en el suelo, hacinados, sucios y mugrientos, sufriendo en silencio con sus graves heridas mientras a guardan a ser llevados a la retaguardia. Así, la visión desnuda de la guerra se presenta nada agradable en el primer contacto con su realidad, además de la brutalidad presencia al teniente y el primer encuentro con el capitán Haller. 
La impronta aparentemente social del nazismo - al menos, en sus discursos y que cala en algunos soldados como los que van en el tren-  se destacará cuando lleguen a la ciudad y asistan a una misa de campaña. Aquí vemos a un capellán situado a cielo abierto, frente a la tropa y los altos mandos, que les exhorta a cumplir con la misión de defensores de la civilización. 

Es este discurso se aprecia con claridad meridiana: “Dios con nosotros. Esto está escrito en la hebilla del cinturón del soldado alemán, si, Dios está con nosotros, porque no existe una labor más hermosa que la de defender a ultranza los valores occidentales, valores humanistas cristianos contra el bolchevismo del este. Por esa razón, el soldado alemán, al contrario del bolchevique, en cuya hebilla no hay sitio para Dios, nunca está solo, aunque esté lejos de su patria combatiendo en tierras enemigas” . 

No se luchaba , por tanto, en una contienda corriente sino que era una guerra de supervivencia contra el denostado comunismo, así, “las confesiones más importantes se unieron contra el enemigo común”.
Allí son grupo de asalto germano, la punta de lanza de la poderosa Wehrmacht para doblegar la enconada resistencia que están llevando cabo los soviéticos en toda la ciudad. Han de tomar casa para casa, piedra a piedra una urbe arrasada por los constantes bombardeos de la artillería y la aviación. 
Una vez llegado al escenario real de la guerra, este grupo de soldados cohesionados por la camaradería y dirigidos por un aristocrático e inexperto oficial el Teniente Hans Von Witzland – que da muestra de su personalidad solidaria y respetuosa con el enemigo- es enviado a combatir en guerrillas al interior de Stalingrado donde conocen el temple del enemigo al que enfrentan, - muchos de ellos son solo niños-. 
El grupo participa en la toma de una fábrica en la que resisten los rusos. Su objetivo es avanzar por una zona descubierta, batid a por un nido de ametralladoras y tomar un inmueble. Se les da la orden de mantener silencio para acercarse a las posiciones enemigas y sorprender a los defensores. Pero a uno de los soldados se le dispara accidentalmente el arma. Entonces, cae sobre ellos un infierno de fuego. El avance es detenido. 

El comandante le pide al mismo soldado al que se le ha disparado el arma que redima su anterior acción y destruya la posición enemiga que les tiene bloqueados. Para ello, escuchamos como el oficial le extorsiona diciéndole que así podrá escribir a su esposa contándole su heroicidad. Sin embargo, la misión es suicida y el teniente presente entiende que su superior está sacrificando la vida de un hombre con alevosía. Y aunque el soldado , autosugestionado, se lanza hacia la posición enemiga y consigue destruirla , cae abatido . Ahí apreciamos como el teniente sufre el impacto de ver que su código militar se resquebraja: los hombres no dejan de ser carne de cañón. Y frente a la idea tradicional del militar- caballero que actúa con honor , siente el desgarro de saber que aquel soldado ha muerto como un peón sin valor . El regimiento de Rollo y Reiser se enfrentan al horror de unos combates en los que los soldados han de padecer la parálisis del miedo y del horror hasta que logran su objetivo de alcanzar y apoderarse de un bloque de casas. La lucha es brutal y deja secuelas en todos ellos. Temor, dudas, inseguridad, angustia, llantos, recelo, incluso culpa, todos estos sentimientos se reflejan como en un espejo en cada uno de los soldados. El veterano Reiser, por ejemplo, al ver que un imberbe compañero no es capaz de controlar su miedo, le quita la chapa de identificación. Con ello expresa su desprecio, dándole, simbólicamente, por muerto. 
La acción ha terminado. Los soldados se recuperan. En un momento de descanso, tras el fragor de la encarnizada lucha por las ruinas de la ciudad, vemos a los miembros del batallón del teniente relajad os, tumbados o escuchando las noticias en la radio. El joven Muller, por ejemplo, aún padece la tensión del combate pues “era común que después de la matanza los hombres fueran incapaces de comer o dormir”. Sus compañeros le ayudan para que se recupere del shock. Es el momento en que los veteranos pueden ser paternales con ellos. En la radio se retransmite un discurso del Führer donde exclama que no quiere un nuevo Verdún. Mientras escuchan, se nos presentan a unos hombres normales que tienen sueños y aspiraciones truncadas por la conflagración. 

Uno afirma que tras la guerra será delantero de fútbol. Otro, tras recibir la ansiada correspondencia, se preocupa porque su esposa le comunica que le han robado en su granja. Rollo, por el contrario, recibe una carta de su mujer en la que le confiesa que mantiene una relación con un prisionero francés. Su reacción es amarga y desquiciada, tanto sacrificio para esto. La guerra en su vertiente oculta no esconde los problemas de las personas sino que los agrava. 
El respeto por el contrario nace en el momento en que la lucha se ve como un igual en el sufrimiento. Así, esa noche, uno de los soldados alemanes dispara a unos soldados soviéticos que pretenden recoger a sus muertos y heridos, rompiendo así unas reglas no escritas. Muchos soldados alemanes creían en la misión de cumplir con su deber actuando así. El teniente le ordena dejar de disparar y pacta con los soviéticos un alto el fuego ilegal para hacer lo mismo. La mutua desconfianza ejemplifica la áspera realidad de una guerra sin concesiones. Pero el teniente todavía sostiene el ideal de caballero - soldado. El teniente y Fritz salen al descubierto y se cruzan con una pareja de soviéticos. No están lejos unos de otros. Rebuscando entre los bolsillos de un camarada caído , un soviético halla unos trozos de tocino. Fritz se los intercambia por un poco de pan. Este sencillo gesto le hermana en el padecimiento y las penurias que viven al margen de todo. 

No debemos olvidar que “los combatientes en primera línea expresaban respeto por sus adversarios, incluso al punto de llegar a fraternizar con ellos” En otro momento a destacar, el teniente hace una batida por los subterráneos y cloacas del interior de la ciudad. 
Aparte de esa guerra a cielo abierto, aunque sea entre ruinas , la defensa de la ciudad también vino a desarrollarse bajo el subsuelo. Los soviéticos se filtraban por la retaguardia alemana a través de túneles y pasadizos. Allí se refugiaban del fuego graneado de la artillería o la Luftwaffe. Estamos ante la “Rattenkrieg”. 
El teniente acaba separándose de su grupo y desorientado en ese laberinto de galerías, encontrándose con una pareja de soldados soviéticos . Al hombre le mata y a la mujer que va con él la hace prisionera para que le sirva de guía. Finalmente, la mujer, en un momento dado, logra zafarse y huir. El filme, también, aborda el tema de la situación de la población civil rusa en la ciudad sitiada. Parecía impensable que tras el intenso bombardeo alguien pudiera sobrevivir a tamaña tormenta de fuego y violencia entre las ruinas. Así fue. Cuando el teniente y varios de sus hombres se internan por el alcantarillado, se topan con una mujer y sus tres hijos. Sobreviven como pueden, respetados por los soldados alemanes ante su situación indigente.
Finalmente, cuando uno de ellos cae herido en un enfrentamiento, acuden a la enfermería. Tienen que esperar a ser atendidos porque hay otros cientos de heridos que aguardan su turno. Sin embargo, desesperados, apuntan con un arma a un sanitario para que intente que su camarada herido sea atendido por la fuerza en un hospital de campaña. Esto viola el reglamento lo que lleva a que un odioso capitán les arreste en el momento en el que comienza el cerco de la ciudad, tras haber roto las líneas las tropas soviéticas. 
Todos son degradados y conducidos a un batallón de castigo o disciplinario donde han de desactivar minas y bombas. Eso en un contexto nuevo y terrible: los soviéticos acaban de romper las líneas italianas y rumanas y da comienzo, es el 24 de noviembre, el cerco de las tropas situadas en la ciudad y en sus aledaños. Un compañero de armas les tratará con desprecio y les tirará el pan de vital sustento al suelo, como si fuesen animales. Formar parte de un pelotón de castigo excluye tratarlos como personas. 

Un buen día, un comandante les reclama para defender un puesto avanzado. Si se presentan voluntarios se les restituirán sus honores como soldados. Y aceptan. Luego son enviados en una misión suicida para contener una rotura del cerco teniendo cargo de un cañón pak antitanque que deben transportarlos ellos mismos a través de la nieve con viento blanco golpeándoles sus rostros y formar un perímetro defensivo en la primera línea de combate, el hambre, el frío son sus constantes compañeros, muchos de ellos se desalientan y se entregan a la muerte blanca. Un violento combate con un grupo de tanques T-34  no se deja esperar y con mucho sacrificio y con pérdidas terribles humanas vencen, gracias al cañón y sus valientes sirvientes. La lucha es desigual, hambrientos y helados han de enfrentarse a un asalto comandado por varios blindados que acaba con la vida de muchos de ellos. La construcción visual es salvaje y la fiereza del combate se muestra sin pudor con los cuerpos destrozados por las balas y los obuses de los tanques. 
Los sobrevivientes son restituidos a un batallón de asalto y son puestos bajo las órdenes del capitán Haller. Un grupo de pobladores son capturados, algunos de ellos solo niños y son sentenciados a ser fusilados como presuntos partisanos mediante la orden del sádico y humillante capitán Haller. Éste convoca a los protagonistas supervivientes para que formen un pelotón de fusilamiento. Fritz se revela ante la orden, ya que se encuentra con que entre ese grupo está un niño ruso con el que han confraternizado antes . Sin embargo, se ve en la obligación de disparar. Tiene que cumplir la orden de su superior, de lo contrario, él mismo tendrá que sufrir las consecuencias. Esta situación plantea el debate entre la necesidad de cumplir con el deber y la conciencia humana. Y sintetiza la decisión de tener que cargar con la moral de haber disparado al inocente muchacho. 

Tras esto el silencio y el frío, que puede con todo. El cerco soviético se estrecha y varios de los protagonistas (el teniente, Reiser y el joven Müller ) toman la decisión de acercarse al aeropuerto, la última vía de escape de la ciudad cercada, como era el pequeño aeródromo de Stalingradski tras la caída del principal, Pitommik, el 16 de enero, haciéndose pasar por heridos para ser sacados de la bolsa. Rollo se queda atrás, consumido por el frío y el hambre en un refugio de madera. Consiguen pasar el primer control médico que selecciona a los heridos graves que debían ser enviados a la retaguardia (algunos vemos que se autolesionaban haciéndose heridas para escapar) pero no logran trepar al transporte. Tienen preferencia sobre los heridos los oficiales que son retirados del frente ante la inminente derrota alemana. Pero, desgraciadamente, aunque logran pasar la barrera sanitaria, despega - aunque intentan alguno montarse al mimo- el último avión que sella el destino final del cerco. En una secuencia que transcurre en plena oscuridad, se muestra a cientos de heridos al aire libre , que soportan las heladoras condiciones del invierno y miran impotentes como un grupo de oficiales se les adelantan, “provistos de pases, aquella tropa de selección se filtró entre los heridos, que los contemplaban con cierta hostilidad”. Así, “los heridos leves y los enfermos fingidos [como los protagonistas ], que se asemejaban a una horda de mendigos harapientos, trataban de acercarse al avión cuando aterrizaba, en un intento de abordarlo”. Quedan abandonados a su suerte. 
Las promesas de Goering de que la ciudad podría abastecerse por aire, impidiendo la posibilidad de una ruptura del cerco, condenaron a miles de soldados a una muerte atroz. La moral, en general, se mantuvo alta dentro del VI Ejército y la denominada “Fortaleza de Stalingrado”, ante la creencia de que el cerco se levantaría en pocas semanas. Sin embargo, la realidad lleva a la desilusión, y a “la desilusión patriótica también predisponía a los hombres al derrumbe emocional” , como le sucede a Rollo que se queda en el refugio, consumido por la enfermedad y el infortunio. 
Pero el sargento, el cabo y el teniente tras retornar de este vano intento de escapar, y sobrevivir a la refriega, se refugian en un búnker de madera, consumidos por el hambre y el frío el odioso capitán les amenaza con su pistola y un consejo de guerra por apoderarse de unas condecoraciones que acaban de ser lanzadas por la Luftwaffe, con un cargamento de condones, sal o pimienta o las mismas condecoraciones para alimentarse. Pero en ese instante sacan su rebeldía y acaban por matar al capitán, sin un asomo de piedad en sus ojos. se topan con el detestable capitán al que acaban matando, aunque este les confiesa antes de morir la situación de un almacén lleno de provisiones donde esconde ingentes cantidades de alimentos deshonestamente acaparados por oficiales de Intendencia. Hacía allí se encaminan. 

En la casa-almacén el grupo se encuentra con una esclava sexual del capitán, Irina. Es una joven rusa de origen alemán que sabe que será repudiada tanto por rusos por colaboracionista como por los alemanes, ya que no es aria. Irina, en principio puede ser un objeto sexual. Sin embargo, el grupo ha llegado sin ánimo ni esperanza. Y el teniente decide liberarla. Mientras Rollo decide salir con el comandante del almacén, desorientado y perdido se encuentra con un general que le espeta qué esta haciendo armado, puesto que el VI Ejército se ha rendido. 

Este gesto de desprecio ante la actitud del veterano expresa el fin del drama , sin ningún heroísmo como señala Igor Barrenetxea profesor de Historia Contemporánea en la Universidad del País Vasco y autor del artículo Stalingrado: Entre la historia, el cine y la memoria. 
Tras ello ella les propone sacarlos del cerco. En su intento los rusos disparan a Irina. Y los dos superviviente, el teniente y Fritz se desplazan en la más absoluta soledad. Esperan la muerte blanca que finalmente llega arropando a los dos. 

Pero la suerte de Stalingrado está decidida. Y la rendición es inminente ante la desesperación de la tropa. El 31 de enero de 1943 se rinde el mariscal de campo Von Paulus, sellando el destino de los algo más de 90 .000 soldados supervivientes. De los casi 91.000 supervivientes retornarán, años más tarde, únicamente unos 5 .000, tras pasar por las penurias de los campos de concentración soviéticos. Por ultimo señalar que la película está dedicada a todos los que sufrieron en esa batalla: rusos, alemanes, rumanos, italianos,… 

El filme se concibió para conmemorar el 50º aniversario de la batalla. Parece ser que este era un viejo proyecto ideado por Sergio Leone. Cuando en 1989 moría Sergio Leone, dejaba en proyecto la película “Stalingrado” que estaría basada en un libro de un periodista norteamericano y que pensaba contar con Robert De Niro. Joseph Vilsmaier, un director alemán que teniendo una filmografía aceptable, retomó el proyecto de Leone consiguiendo unos resultados más que aceptables. Y aunque la intención era hacer una serie acabó por llevarse directamente al cine. Su acogida por parte del público alemán fue excelente. 
Vilsmaier se aleja del típico enfoque de guerras de países y opta por las guerras sociales donde el enemigo son los superiores y no los ciudadanos del otro país. Para ello apostó por una magnífica ambientación, una buena fotografía y unas sólidas, pero correctas y  frías, interpretaciones por parte de los cinco últimos supervivientes como fueron Dominique Horwitz, Thomas Kretschmann, Jochen Nickel, , Martin Benrath, Sebastian Rudolph y de la rusa alemana , Dana Vavrova. 

La película bebe del espíritu antibelicista de “Senderos de Gloria” de Kubrick, o del narcisismo de los mandos de Peckinpah de “La cruz de hierro” o “El puente” de Wicki o “El submarino” de Petersen. Y en el filme se pasa de la euforia en el inicio de la incursión, truncada finalmente por la estabilización del frente gracias a la resistencia soviética, y el posterior envolvimiento por el ejércitos rojos, preludio de la última y definitiva derrota de los ejércitos alemanes en Stalingrado. 
Estamos ante un film bélico poco común, donde la aventura y el romance dejan paso al drama y el horror más absoluto, y la narración acelerada y frenética habitual en este tipo de cine se convierte en una estructura ascendente en la que el ritmo se manifiesta a través de la progresiva trasformación de los personajes, que dejan a un lado la historia que se cuenta para convertirse en la base de la película. Todo ello culminado por uno de los finales más soberbios y sobrecogedores de la historia del cine, en el cual el hombre encuentra la nada al concluir el camino de la locura. El plano final es sencillamente maravilloso, con los 2 soldados alemanes congelándose mientras hablaban del calor del desierto, una imagen que resume perfectamente las barbaries de la guerra. 
La sensibilidad que destila la película es sobrecogedora llena de espanto, horror, sangre, hambre, bombas y ruinas, todo ello bajo un cielo plomizo y con un protagonista que se encuentra presente en todo momento: el frío. Aquí es cuando vemos las escenas con más carga dramática, acompañadas de una banda sonora que complementa bien con la acción y de una fotografía que pasa del amarillo y dorado de Italia al frío metálico de la estepa nevada.
Obtuvo algunos reconocimientos sobre todo en Alemania , en los Bavarian Film Awards del año 1993, concretamente tres premios al mejor montaje (Hannes Nikel), la mejor fotografía (Joseph Vilsmaier) y mejor producción para Bob Arnold, Günter Rohrbach, Joseph Vilsmaier y Hanno Huth. Igualmente la película obtuvo una nominación en el Festival Internacional de Cine de Moscú para Joseph Vilsmaier, su director.

Hoy en el telediario han comentado que el presidente ruso, Vladimir Putin,  se había reunido con los supervivientes de aquella tragedia, heroica para unos, y determinante para otros. Eran señores mayores, setenta años, toda una vida para aquellos que vivieron la tragedia en una ciudad que pasó a la historia sangrienta de la humanidad,  y que hoy , por veinticuatro horas, ha vuelto a ser y a llamarse como se llamó: Stalingrado.