sábado, 19 de septiembre de 2015

Neville y los Siete jorobados


El 21 noviembre de 2014 el programa "Dias de cine" le dedicó un espacio especial al 70 aniversario de 'La torre de los siete jorobados', de Edgar Neville. Esta semana Televisión Española por edio del programa de Historia de nustro cine la ha emitido. Yo es la segunda vez que la veo, pero de ella tenía vagas  imprecisas iágenes. Hoy la pueo valorar con mayor grado de entendimiento.

La torre de los siete jorobados es una película española de 1944, dirigida por Edgar Neville (1899-1967), y fue una adaptación cinematográfica de la novela homónima de Emilio Carrere, aunque sobre este tema he encontrado información diferente. Para algunos este largometraje del realizador Edgar Neville sería  su obra culminante.

El punto de partida en la historia se encuentra en 1920 Emilio Carrère (Madrid, 1881-1947) escritor muy popular en su tiempo. Poeta, bohemio, actor aficionado y protagonista de un sinnúmero de aventuras galantes que concluye en esa fecha un libro homónimo en el que desarrolla esta obra. Más tarde, Neville adapta la novela del mismo título, publicada como libro en 1924, que será transformado en guión por José Santugini y el propio Neville.

La producción de la película será asumida por Luis Judez y Germán López Prieto España por medio de las productoras de J. Films España Films y la distribución España Films-Germán López . 

En el apartado técnico destaca la música José Ruíz de Azagra y la fotografía en blanco y negro de Enrique Berreyre

El reparto está encabezado por Antonio Casal, Isabel de Pomés, Julia Lajos, Guillermo Marín, Félix de Pomés, Julia Pachelo, Manolita Morán, Antonio Riquelme y José Franco.

En el Madrid castizo de finales del siglo XIX, un hombre, Basilio Beltrán (Antonio Casal), enamorado de una cupletista apodada "La Bella Medusa" (Manolita Morán) y sin blanca tiene que entrar al Casino para pagar la cena de esa noche, pues se acaba de apuntar la madre, una mujer de gran saque.

Tiene un duro que quiere multiplicar, pero en la primera ronda pierde casi todo. Le queda una peseta y acaba por apostarla. Antes de entrar en la sala de juego se persona el espectro - que sólo él puede ver- del enigmático fantasma, el doctor Mantua, quien le va diciendo donde apostar para ganar una buena cantidad de dinero.  Ante el tapete verde se le aparece el fantasma de don Robinsón de Mantua (Félix de Pomés) que le indica los números ganadores. Tras ganar apostando por el 3 encarnado y por el 20 decide retirarse de la partida. 

A la salida Basilio y el fantasma del doctor marchan hablando hasta la antigua casa del fallecido en la Plaza de la Paja, El doctor le dice que el lo puede ver , gracias a su sensibilidad para con lo ultraterreno, y le pide ayuda para proteger a su sobrina.

Una vez separados Basilio se va a cenar con la cupletista y con su madre, que se pone de grana y oro con champán incluido.

Basilio no puede llegar a la hora señalada pues ha dormido mal a causa de la copiosa cena. De cualquier manera accede a la casa tras un encuentro casual con su joven y culta sobrina.

De cualquir manera se produce un nuevo encuentro y le refiere el Doctor Mantua que la sobrina está en peligro y que su muerte está ligada a la llamada Torre de los Siete Jorobados. Le comenta que, no sólo echa en falta su estatura de la Venus de Milo. En una de sus exploraciones arqueológicas don Robinsón descubrió que en el subsuelo de Madrid hay una ciudadela subterránea donde se escondieron los judíos que no quisieron abandonar España cuando se decretó su expulsión.  

Esa noche no sólo se produce la aparición del fantasma de Robinson de Mantua ante la cama de Beltrán, sino que se introduce por equivocación el espíritu de Napoleón, invocado por la medium del piso de arriba. Ambos espectros se presentan mutuamente y, al abandonar el cuarto, pugnan por mostrarse a cual más amable: -"Pase usted delante, doctor." -"No, por favor, majestad, usted primero". -"Insisto, insisto..."

En una de las visitas a la casa de la sobrina Basilio encuentra un escrito en un alfabeto desconocido.Basilio comienza a investigar y para ello pide ayuda a su amigo  Martínez, que a su vez le muestra a un traductor que concluye que el enigmático escrito contiene grafía asiria, y el resultado del mismo es que quedan es anoche en la Torre de los Siete Jorobados.

A lo largo de esos días Basilio va saludando a amigos con joroba, a los que se suman otros como el inquietante  doctor Sabatino (Guillermo Marín ) que intenta contactar e intimar con Basilio en repetidas ocasiones.

Gracias a lo investigado y siempre acopañado por el policía Martínez descubre bajo la Torre de los Siete Jorobados una ciudad subterránea creada por los judios tras su expulsión de 1402. Basilio consigue dar con los pasajes que llevan a la ciudad subterránea en la que se refugian los jorobados, en cuyo interior no sólo permanece secuestrada e hipnotizada Inés, la sobrina del difunto doctor, sino que se falsifica dinero o se tiene retenido al profesor amigo de Don Robison de Mantua, don Zacarías, un anciano que era colega de Robinsón de Mantua y que es un prisionero.

A don Zacarias los jorobados, le han mentido diciendo que de Mantua murió en un accidente ferroviario y que él debe permanecer allí en la ciudad subterránea, ya que por derrumbes internos se han tapiado las salidas y nadie puede salir. 

Tras un intento de asesinato por parte de la sobrina sobre Basilio est intenta escapar y lo consigue con la ayuda de unos transeuntes. Tras denunciar Basilio a la policía el secuestro de Inés y la existncia de la ciudad de esos jorobados delincuentes, la policía llega a casa de Inés, tras la denuncia de su secuestro, pero al encontrarla sana y salva, y encima sin recordar nada de lo acaecido, toman a Basilio por borracho sin prestarle la menor atención. 

Ya antes la banda de jorobados había tomado la decisión de dinamitar parte de las galerías para que nadie encontrara la ciudad subterránea, con la consiguiente muerte de Sabatino en una de las explosiones. De este modo queda destruido el mal y comienza el dulce desenlace para los protagonistas: el espíritu de Robinsón por fin puede estar tranquilo y será en aquel otro mundo ultraterreno donde podrá ajustarle las cuenta a Sabatino por todas sus fechorías, y, para la gran alegría de Basilio, otorga su beneplácito para el amor de los jóvenes. 

Por fortuna, a pesar de este final tan convencional, Neville aún mantiene ese humor que salva a la película de sus excesos comerciales, y mientras la cámara muestra en primer plano a la pareja besándose, lentamente hace un travelling circular hasta mostrarnos la cara feliz de Robinsón, quien se aleja de la escena con su adorada réplica de la Venus de Milo, mientras se evapora. Y hasta aquí la película. 

Veinte años más tarde de haber sido escrita , La torre de los siete jorobados, saltaba del papel a la pantalla grande gracias a la adaptación que hizo Edgar Neville (Madrid, 1899-1967), quien por ese entonces ya era uno de los directores españoles más populares y actualmente un autor de culto obligado de la cinematografía ibérica. 

Neville fue además poeta, dramaturgo, novelista, miembro recién rescatado de aquella llamada “otra generación del 27”, aunque dentro del teatro y el cine siempre gozó de reconocida fama. Tras estudiar sin gran afán la carrera de Derecho y entrar a servir en el cuerpo diplomático, sus cargos lo llevan a los Estados Unidos y allí se relaciona enseguida con las grandes figuras de Hollywood: Charles Chaplin, Buster Keaton, Douglas Fairbanks, Mary Pickford, y tantos otros. 

A su regreso a España dirigirá y escribirá al ritmo de casi una película por año, la mayoría de las cuales resultan éxitos de taquilla. 

El 23 de noviembre de 1944 estrena su versión de la novela de Carrere, con un guión que escribió junto con José Santugini; sin embargo, en esta ocasión y no obstante las modificaciones realizadas para su efecto, la película no llegó a alcanzar la popularidad de otras cintas de Neville y cayó pronto en el olvido, mencionada apenas en los listados de su filmografía y sin que él mismo llegara a hacer mayores comentarios sobre la misma. 

Realmente, Neville tomó la anécdota base de la novela y creó una película que se diferencia en muchísimos aspectos del texto que la hizo germinar, en ocasiones enriqueciendo la historia, en otras limitándola debido a numerosos factores, entre los que podrían destacarse sobre todo la dificultad de filmar muchos pasajes que en aquella época resultaban impracticables, debido a cuestiones de tecnología. Hubo cambios de personajes, eliminando algunos, revistiendo de nuevas funciones a los más, y el sustrato mismo del film dejó de lado el aspecto, tan relevante en la novela, de la magia, rescatando sólo la esencia de lo sobrenatural. Pero lo inherente a ambos productos y que se desarrolla con fuerza propia en cada uno de ellos, es sin duda el humor, en un caso más irónico, más negro (el de Carrere), y más espontáneo y festivo el de Neville. 

La película se rodó en los estudios CEA (Madrid) con el añadido de algunas tomas exteriores de Madrid. Producido por Luis Júdez para Germán López Prieto (España Films), y se estrenó el 23 de noviembre de 1944 en Madrid. 

Sin duda alguna uno de los aspectos más logrados del film de Neville es la recreación de la ciudad subterránea, que también muestra las influencias del cine gótico, pues fue el alemán Pierre Schild, heredero de estas tendencias, quién creó la escenografía y decorados. Una de las entradas a la ciudad se encuentra en una derruida casa de los viejos barrios madrileños, abandonada y cubierta de telarañas, con todo el aspecto espantoso de un lugar abandonado. Pierre Schild, concibe la ciudad como centro de gravedad de una escenografía más que notable y pertinente. Otro motivo visual de importancia viene dado por la presencia de grandes espejos que cumplen funciones de nexo entre el mundo real y el imaginario.

Los estrechos pasadizos que conforman la complicada red de túneles se caracterizan por su juego de luces y sombras, y podría aventurarse que es una alegoría de los vericuetos del subconsciente humano. 

Pero las partes mejor logradas de la escenografía son sin duda la torre misma, que muestra, en picada, un profundo abismo al que se llega por una escalera que lo circunda, con lúgubres candelabros situados estratégicamente; y la galería por donde se accede a la sinagoga, donde hay otra salida, y que está llena de esqueletos y momias, decorado muy del gusto del cine de aquel tiempo 

Con cambios superficiales respecto a la novela original como son la eliminación de personajes, tomando lo esencial de lo sobrenatural y fantasmal, y sin profundizar en la magia, entre otros motivos, para intentar eludir la censura de la época. Podría considerarse una película un tanto híbrida donde se une lo castizo de la época con la leyenda, lo policíaco, el terror, la aventura y la ficción. 

En esta película podemos ver que Edgar Neville tuvo influencias del cine expresionista alemán  y del cine gótico, por ejemplo en la recreación de la ciudad subterránea, la torre de los siete jorobados que se hunde en la tierra. Eso sí, a pesar de que no fue un gran éxito fue rodada con el fino sentido coercial y de calidad propio del sello de Neville. 

Los personajes, tanto los fantasmogóricos coo los reales, son muy cercanos a la realidad por su naturalidad, humor y hábitos entre los que está el cotilleo, el comentario certero por la espalda, con esas ansias de confidencia justiciera.. Todo ese ambiente proporciona una amena y extraña de géneros (comedia romántica, el cine fantástico, las obras de misterio e intriga, el relato costumbrista, el drama de terror y la historia surrealista) , destila un humor sorprendente, cercano a lo surrealista. Es una joya del cine fantástico español. 

Contrasta toodo n la película el mundo real y el fantástico, las escenas diurnas y nocturnas, la primera parte del film y la segunda, el antihéroe y el malvado, el mundo exterior y el subterráneo, los vivos y los espectros, etc. Adicionalmente el film explora los misterios del azar, la muerte, la búsqueda de la verdad, etc. 

Basa el humor en la autocrítica amable de estereotipos como la glotonería, la presunción, las supersticiones, la intolerancia, el comercio de favores por dinero, etc.una escalera en espiral que desciende hacia las profundidades del averno. 

La banda sonora, de José M. Ruiz de Azagra, aporta un breve tema romántico, dedicado a Inés, junto a pasajes oscuros de notas profundas. Es memorable la secuencia del casino de juego, o la de las cenas con la Bella Medusa y su madre. 


Un dato curioso e importante es que La torre de los siete jorobados la comenzó Emilio Carrere y se publica en 1924, bajo el auspicio del editor de La novela corta, Juan Palomeque pero Carrere entregó a éste un amasijo de prosas incompletas, retazos de otros escritos y hasta hojas en blanco, y peor fue su desasosiego cuando Carrere se negó de manera contundente a completar la obra. A pesar de todo, el editor Palomeque no podía arriesgarse a perder la venta de un escritor tan popular, y fue entonces cuando recurrió a una práctica socorrida hasta nuestros días: contratar un “negro”, es decir, un escritor novel o desconocido, pero de quien se sabe tiene las suficientes dotes, para que arreglara el embrollo. El editor se lo encargó a Jesús de Aragón Soldado, apodado "El Julio Verne español" que firmaba con el pseudónimo J. de Nogara o Capitán Sirius. Hablamos del año 1924. Visto el éxito obtenido, comenzó su carrera como autor de ciencia ficción y misterio.

Para Lenina M. Méndez, que conoce la autoría a mdias de Carrere, el valor de Neville estriba sobre todo en el manejo que hace del humor, a la vez irónico e ingenuo, en la maravillosa fluidez de sus guiones y en su perspicacia a la hora de llevar historias innovadoras al celuloide, porque incluso en cuestiones más “artísticas”, como el manejo de planos y juegos de montaje, no fue dado a las experimentaciones vanguardistas de muchos de sus contemporáneos, contentándose con centrar su mayor esfuerzo en el desarrollo de la trama.

No es la primera película de “terror” del cine español, pero si la más notoria, que no en su día, que fue un fracaso. Conseguir mezclar el Madrid castizo con el expresionismo alemán es mérito suficiente para ser recordada por siempre.

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