martes, 9 de julio de 2013

Grande Imamura



Aunque sea inusual empezaremos con una emisión de ese mítico programa que hubo y que con variantes permanece en La2 de televisión española. Una cadena que hace lo que debe hacer en gran medida una cadena de servicio público y de difusión de la cultura, que debería de recuperar ese lema que tuvo - y que tanto me recuerda a unos de nuestros Nobel, Juan Ramón Jiménez y que daba ese marchamo que la caracterizó: para la inmensa minoría. Hablamos del Cine Club de la 2.


Yo grabé la película y seguramente está en esa magnífica colección de VHS que guarda mi padre. Lo que es cierto es que había visto la película con anterioridad. Recuerdo que antes de verla por primera vez , es la tercera vez - creo- que la veo, leí una breve sinopsis que presentaba en la penúltima página del Diario “El País” sobre las diversas películas que echaban ese día en la televisión. Recuerdo que me gustaba mucho la mordacidad de las comentadas por un periodista que firmaba como Antonio Albert. No tengo claro que la que leí fuese de éste, pero me llamó la atención lo que decía de la película: era una película que tenía más valor por su enfoque antropológico que por el meramente cinematográfico. Yo creo que realmente aúna magníficamente los dos. 
Esa experimentación entre la antropología y el séptimo arte no es nueva. Recordad que una de las películas más grandes del cine fue la filmada por O´Flaherty titulada Nanouk el esquimal. No es la única pero, posiblemente sea la más representativa del cine entendido como muestra antropológica. 
De todas maneras La balada de Narayama (Narayama bushiko) es una gran película y como tal fue reconocida con uno de los más importantes galardones del cine: la Palma de oro de Cannes en el año 1983. Esta película japonesa está dirigida por Shohei Imamura. 

Es una casualidad que la anterior entrada sea también sobre el cine de ese país, uniéndose a las anteriores entradas vinculadas ( Harakiri , Los siete samuráis de Akira Kurosawa). Por cierto, tengo que decir que un tramo de la balada me ha recordado a un fragmento de una obra de este director: Los sueños. 

La balada de Narayama está producida por Goro Kusakabe y Jiro Tomada para la productora Shochiku Kinema Kenkyû-jo. Como se dice en el reportaje de la 2 existe una película homónima anterior del año 1958 dirigida por Keisuke Kinoshita y que también se inspiró en la historias del libro Narayama bushiko escritas por Shichiro Fukazawa. Esta obra será transformada en guión por el propio director, Shōhei Imamura. La música es de Shinichiro Ikebe, mientras que la fotografía fue de Masao Tochizawa. El montaje fue labor de Hajime Okayasu. La película se presentó en Japón el 29 de abril 1983 , y una año más tarde (en septiembre de 1984) lo hará en los Estados Unidos, siendo las distribuidoras la Toei Co. Ltd. y Umbrella Entertainment. 
Está protagonizada por Ken Ogata como Tatsuhei y Sumiko Sakamoto como Orin en los principales papeles protagonistas. A estos se suman Tonpei Hidari como Risuke, Aki Takejo como Tamayan; Shoichi Ozawa como Katsuzo, Fujio Tokita como Jinsaku; Sansho Shinsui como Zeniya ; Seiji Kurasaki como Kesakichi; Junko Takada como Matsuyan; Mitsuko Baisho como Oei ; Taiji Tonoyama como Teruyan; Casey Takamine como Arayashiki; Nenji Kobayashi como Tsune; Nijiko Kiyokawa como Okane y Akio Yokoyama. 
La película se inicia sobre un plano aéreo de una comunidad campesina en la montaña japonesa y en un invierno nevado. De esa comunidad veremos a lo largo de todo un año – la película acaba con la imagen de las montañas nevadas, supuestamente, un año más tarde del inicio de la película. 
En la película se reflejará las duras condiciones de vida de la sociedad campesina japonesa del Japón del siglo XIX. Se trata de una sociedad agrícola, centrada en el cultivo del arroz y la patata. Todos participan del cultivo ayudando y esforzándose en sacar adelante los campos y las tareas, aunque se ve cómo pescan truchas – la más experta es Orín- , cazan liebres con escopeta aunque solo lo hace el primogénito Tatsue (Tatsuhei). Con pocos animales domésticos, en los que el caballo y algún perro son especialmente importantes – llama la atención el papel de la perra blanca-. 
Los protagonistas son Orin y Tatsue . Orin es la abuela y la más anciana del clan familiar. Quedo viuda en su juventud, aunque ya había tenido una buena cantidad de hijos. Está próxima a cumplir los setenta y está en perfecto estado, cosa que se refleja en la dentadura “ de dragón” que tiene. Está profundamente preocupada por la familia y el futuro de la misma, y cree, especialmente, en el respeto a las tradiciones de la comunidad y de los espíritus de la montaña. 

La casa familiar, la del árbol, la preside en ese momento Tatsue, el primogénito de ella y escrupuloso cumplidor de la voluntad de su madre. Es riguroso igualmente con las tradiciones, a pesar de que le sobrepasan y le han jugado una malas experiencia en el pasado, especialmente con su desaparecido / difunto padre su marido, Riei, quien avergonzó a toda su familia al no tener el valor de subir a su padre al monte Narayama. Pero él que es más tradicional las va a cumplir. 
La comunidad no es pobre, sino paupérrima. El campo es poco productivo y las condiciones de trabajo y productividad muy limitadas. La sociedad apenas subsistencia por lo que para ello no tienen reparo en el infanticidio o en acabar con una familia si ésta es perjudicial con la comunidad, por ejemplo si roba a los demás. Orín en estas difíciles condiciones de vida no quiere ser una rémora y quiere cumplir con la vieja tradición de la comunidad: Los viejos de setenta han de ser dejados en la cima del monte Narayama, para morir de hambre, en una práctica conocida como ubasute, pues así lo desea el Dios de la montaña. A pesar de la salud de hierro de Orin, ésta decide demostrar su debilidad provocándose la caída de sus los dientes; ya que según la creencia, los viejos que ya no tienen dientes. 
En su último año de vida la anciana va poniendo en orden todos los asuntos familiares y de la comunidad. Su vida se encamina al Narayama, es el destino tanto de Orín como de los demás ancianos de la villa, pero para ella es todo un lujo y un honor hacer este viaje que significa acabar con dignidad sus últimos días. 
El dilema que se le plantea a Orin es que si no se va, Tatsue el hijo y hermano mayor y cabeza de familia de la casa del árbol.. Es él, el hermano mayor, Tatsue, el que manda y toma las decisiones en la familia. Es el heredero del estatus y los bienes materiales -evitándose así la división de tierras. Orin buscará una nueva mujer para Tatsue. Así que empieza a buscar en las aldeas cercanas a alguna para su hijo. Gracias a un negociante de sal entra en contacto con una joven, Tamaian (Tamayan) , que ha enviudado, y a pesar de ser muy alta y no muy guapa- según afirma Orín- podrá cuidar de su hijo, del clan familiar, y aportará otra mano en el trabajo del campo. De esta manera su nieto ha de esperar al mandato del padre para dominar el clan evitando así una posible complicación de la sucesión hereditaria. 
Frente a la nobleza y claridad de ideas de Orín la historia contrasta con la del vecino de la madre, quien ya ha superado los 70 años, y que está atado para que no huya, ni coma más de lo que se merece. Es por este motivo que el hombre en cuestión es agredido por su propia familia y obligado a subir al Narayama a pesar de su resistencia. Es la imagen del temor a la muerte que traerá como consecuencia una vida miserable. 
Orin desea resolver todos los conflictos familiares (satisfacer las necesidades de su otro y apestado hijo que lo hace ser – en ocasiones violento- , la de frenar los impulsos sexuales, la falta de criterio y la falta de respeto de su nieto mayor, y posible sucesor del clan); enseñar a su nuera a pescar truchas; y dar estabilidad en la comunidad hablando con unos y con otros.
Antes de la fecha en la que Orín cumpla su setenta aniversario, su ex marido se manifiesta en un lugar y en un árbol. Su primogénito le confiesa que fue él quien mató a su padre de un disparo al no respetar las tradiciones familiares y de la comunidad. Su sentido del honor le obligó a ello. Su madre, que lo creía desaparecido lo entiende. 
Tras superarse las estaciones, las labores del campo y los asuntos del pueblo, y tenerlo todo controlado, a Tatsue no le queda otra que, al final, trasladar a su madre al monte, donde ésta ha de perecer. 
En la noche previa a la salida hay una ceremonia con sake en la que se dan estrictas órdenes de la tradición a la subida del Narayama. Se ha de cumplir con los requisitos de la tradición. Entre ellos el salir sin que a uno de vean, el no hablar con el porteador y el dejar a la persona porteada al sitio adecuado tras un peligroso camino. La madre, al ser conducida al monte Narayama por su hijo, deja de hablar. 

Las maravillosas imágenes del ascenso a Narayama causan un doble efecto: las mágicas composiciones y el uso del color hallan su contrapunto en el dramatismo por el inmenso dolor que siente su hijo. Es la lucha entre el cariño y la devoción y el deber con la tradición y la comunidad. Orin calla en la subida y Tatsue le dice “Madre por qué no hablas si aún no estamos en el Narayama”. 

La escena de la cima del Narayama, mientras nieva, es extraordinaria, sobre todo por el silencio en que se mueven los dos personajes. La madre al preparar el rito para esperar la muerte y el hijo al esperar poder irse cuando su naturaleza le pide lo contrario. 

La película acaba con una imagen de la aldea nevada, similar a la que vimos al principio. Es una imagen de continuidad y permanencia de la tradición y con la tradición. Con ésta y con la vida, que, a pesar de todo y de todos, continua.

Como hemos dicho la película fue premiada con la Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes 1983 Igualmente obtuvo tres Premios de la Academia Japonesa en el año 1984 al mejor actor Ken Ogata, a la mejor película y al mejor sonido para Kenichi Benitani. Recibió el premio de la prensa japonesa, los Rubbon Blue Awards, de 1984 al mejor actor Ken Ogata, así como el premio de excelencia cinematográfica de 1984 para Masao Tochizawa y los Premio Hochi de Cine en 1983 a la mejor actriz de reparto para Mitsuko Baisho, los Mainichi Film Concours de 1984 al mejor actor ( Ken Ogata ) y a la mejor grabación de sonido para Kenichi Benitani. 
La película se filmó en Japón en Itoigawa y Niigata, así como en Kotani, Misatomura y Ueda, éstas últimas en Nagano. 
La película tiene algunas escenas duras como el infanticidio o el asesinato colectivo de la familia que roba, incluida la chica embarazada y perteneciente al clan del árbol, pero que colabora con el robo. Se muestran las brutales condiciones de vida de la comunidad en la montaña. Intercalada con la historia de la comunidad y sus habitantes, aparecen en la película breves estampas de la naturaleza - pájaros, serpientes y otros animales de caza que observan , cazan, cantan, copulan o dan a luz como si de los mismos seres humanos se trataban. La película no deja de ser si no un canto a la naturaleza. Además como dice Javier Castro en sus “Miradas de cine” es tan grande la semejanza en sus comportamientos y actitudes, la afinidad entre los seres, ya caminen o se arrastren o vuelen o naden, que Imamura no deja de hacer paralelismos y enfrentamientos, mostrando con precisión, a veces con ensañamiento, las similitudes de esta forma de enfrentar la supervivencia. 
En ocasiones y tras los diálogos o las imágenes de los seres comunitarios se intercalan canciones o poemas tradicionales en off para realzar los pasajes de esta balada. No olvidemos lo que es una balada. Es una composición poética de tono sentimental en la que se narran sucesos tradicionales, legendarios o romántiscos. ¿Y no confluye todo esto en la película?
Retomando a Javier Castro estamos ante “ Una visión totalmente desmitificada, opuesta a la autoindulgencia, ajena al efectismo y, por tanto, mucho más verosímil que cualquier otra visión del Japón medieval que yo conozca. Y una de las películas que con más precisión han descrito las grandezas y miserias de una de tantas especies animales que habitan la Tierra: el hombre”. 
Pero yo añado que estamos ante una historia tan emotiva como trágica sobre las etapas de la vida, la aceptación de la muerte, la resignación ante lo inevitable, ante la despreciada y , a la vez, venerada vejez, ante el amor materno-filial y sobre el relevo generacional consustancial al ciclo de la vida.




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