martes, 13 de diciembre de 2016

Una foto: deprisa, deprisa




Hay una foto, perdida hace ya años. La foto es del año 1983 y en la misma estamos un grupo de compañeros y amigos sentados en el bordillo de una acera, en la calle, frente a nuestro centro escolar. Teníamos por entonces 17 años y pensábamos que eramos inmortales. Años después descubrimos que no era así, que la vida nos llevaría por derroteros que te ayudan a comprender la finitud de la cosas. Lo cierto es que en esa foto, un grupo de chicos con pelo lago, camisetas de manga corta y vaqueros parecíamos pertenecer a parte de un cartel anunciador de una película que yo, al menos, no había visto, pero que reconocía por los muchos carteles que de ella había visto por algunas de las muchas carteleras callejeras que había repartidos por una cine, por aquel, entonces con un cine en cada barrio. Se tratada de una película que se anunciaba como la que había ganado el premio, el Oso de Oro, en el Festival de Berlín del año 1981. Su título era Deprisa, deprisa y había sido dirigida por Carlos Saura en 1981.

Se trataba de la historia de una banda de delincuentes juveniles, cuatro amigos del extrarradio madrileño de la transición, cuya falta de expectativas era suplida por la búsqueda del dinero fácil y las drogas. Nosotros podíamos ser los del cartel, pero afortudamente nunca lo fuímos. 

Deprisa, deprisa es una película de Carlos Saura y es su última colaboración con Elías Querejeta , una colaboración que ya habíamos visto en una película ya comentada aquí, La caza. En este caso participa en Coproducción hispanofrancesa por medio de Elías Querejeta P.C. y Les Films Molière.  Se basa en un guión firmado por Blanca Astiasu y el mismo Carlos Saura.

En cuanto a la fotografía fue labor de Teo  Escamilla y cuenta en el sonido con Bernardo Menz , el montaje de Pablo González del Amo y los efectos especiales de Reyes Abades. En cuanto a la música  no existe una banda sonora específicamente diseñada para la misma, sino que se basa en canciones que van desde las rumbas de Los Chunguitos, con varias composiciones como "Me quedo contigo" , ¡Ay! Qué dolor y  "Amor", así como por Lole y Manuel con dos composiciones escritas por Lauren Postigo como son Un cuento para mi niño y  Yo le pido al Dios del cielo. De este mismo compositor de enorme éxito en los setenta y ochenta aparece Yo no sé qué hacer einterpretada por La Marelu ;así como otra rumba como Caramba carambita de Los Marismeños, mientras que en  discoteca suena Hell Dance With Me y Georgeus Things escrita por Ewain y Pancho Varona.

El reparto de la película estuvo formado en sus principales papeles por actores y actrices no profesionales del área de Villaverde y Vallecas situada al sur de Madrid y está integrado por Socuéllamos Zarco (Ángela), José Antonio Valdelomar (Pablo) , Jesús Arias Aranzueque (Meca),  José María Hervás Roldán (Sebas) María del Mar Serrano (María) Consuelo Pascual (abuela de Pablo) Lucio Fernández Felipe (Julio) . Junto ellos aparecen André Falcon, Yves Arcanel, Yves Barsacq, Suzy Hannier, Alain Doutey, Joaquín Escola, Matías Prats

La película narra la historia de cuatro amigos, Pablo, "el Meca", "el Sebas" y Ángela, y especialmente la de la pareja formada por Ángela y Pablo, la mayoría de ellos provenientes de un ambiente marginal y que encuentran diversión y una salida fácil en los robos a mano armada. 

La película comienza con dos de ellos Pablo (José Antonio Valdelomar) y Meca (Jesús Arias Aranzueque), que están robando un coche ante un portal. En esto que llega el dueño acompañado de la familia y descubre el percal e intenta por todos los medios abrir el coche, aunque los chicos van echando los cierres del mismo. Instantes después se personan unos vecinos que van  en auxilio del señor, así que Pablo saca una pistola y apunta a los que los rodeos. En ese momento, arranca el coche y Pablo grita: Desprisa, deprisa.

Tras el golpe se dirigen al extrarradio de Madrid y van a un bar donde uno pide una cerveza(Pablo) y el otro, Meca,  un vaso de leche. Desde su sitio en el bar Pablo no para de mirar a Ángela, la chica que sirve en el mismo y de la que se siente fuertemente atraido. Tras insistirle Meca, Pablo le dice "eres muy guapa, me gustaría quedar contigo". Ella responde; "vale". Yle pide salir para dar una vuelta en su coche- el robado- y ella le dice espera a los ocho, porque a esa hora sale. 

Esa noche salen a la disco y Pablo y Ángela se enrollan. Esa noche Pablo le invita a ir a su casa y , finalmente, lo hacen.

A la mañana siguiente Pablo le hace partícipe de lo que se dedica, el robo. Junto a Meca van a un descampado y allí éste le mete fuego al coche, poco antes de que llegue lapolicía, ante la que huyen. 

Poco a poco ella se va integrando en la banda junto a otro miembro amigo de ellos, Sebas (José María Hervás Roldán ) con lo que van planificando un rodo en un banco.

El robo tiene éxito y tras el mismo el grupo de asaltantes y una amiga ( María) marcha al Cerro de los Ángeles en Getafe para pasear y mofarse de unas ancianas. Finalmente, allí se personan un grupo de policías que los cachean , pero antes tiran la droga que llegan, papelinas de heroína,  y que usan para divertirse.

Tras ello van a un picadero y montan a caballo , y durante el recorrido consumen un poco de perico , aunque Ángela se niega. 

Después siguen planificando más golpes, pero a la vez la relación entre Pablo y Ángela se intensifica y van pensando en proyectos de futuro como comprarse un piso, escapar del ambiente marginal en el que viven o cumplir con uno de los sueños de Ángela como es ver el mar. 

Para ello, necesitan conseguir dinero, aunque no están dispuestos a trabajar. Ellos sólo piensan en conseguirlo rápidamente y en vivir deprisa. 

Entretanto, los cuatro llevan una vida apática y donde únicamente se dedican a ver pasar el tiempo, disfrutar de su compañía y utilizar las drogas como vía de escape. Finalmente, planifican un atraco. Antes del mismo una noche deciden marchar a ver el mar. Tras una noche de conducción por partede Pablo finalmente llegan a la costa de Almería. Ángela ve amanecer dejando a los demás dormidos en el coche, y , finalmente, despierta a Pablo que la acompaña en ese momento especial.

Por último, diseñan el último golpe. Son conscientes de que se puede conseguir mucho dinero, pero también de la dificultad del mismo. Se trata de na zona muy urbanizada, dentro de la ciudad, con pocos salidas rápidas y con una entidad con importantes medidas de seguridad. Planifican que el golpe se hará a mediodía y que tomaran un coche de los que allí hay aparcados en los alrededores, para que la salida sea la más rápida.

El día del robo empieza mañ, pues tanto Meca como Sebas se retrasan. Nada más llegar ven las posibles opciones y dificultades. La primera es que Sebas espera en las cercanías y cuando Pablo y Meca optan por un vehículo , se le une una Ángela caracterizada como un hombre con su bigote, así entran los cuatro. Dando vces avisan de que aquello es un atraco e intimidan a todos con sus armas y sus pasamontañas. Una vez todos en el suelo, sale Meca para robar el coche y ponerlo enmarcha, pero ninguno percibe que han activado la alarma policial. 

Pablo tiene dificultades con el interventor ya que la caja ha de abrise con dos llaves, una vez abierta se disponen a llevarse los millones que contiene. Mientras van a salir Sebas no percibe que uno tiene una escopeta y recibe un balazo, que es respondido por Pablo. Sebas queda tirado en el suelo herido de muerte.

En ese momento en la calle llega la policía que dispara con sus ametralladores hierendo a una señora que hablaba desde una cabina. En la calle ya con el coche en marcha se monta Ángela y tras ella entra Pablo. En el tiroteo posterior es alcanzado el coche y con el mismo Pablo.

Meca , con habilidad sale del bloqueo policial, y los tras llegan a casa.  Suben a Pablo con dificultad y malherido. Se desangra. Meca decide salir a desprenderse del coche, mientras que Ángela, tras unas dudas y ver que son noticia de un telediario en el que sabe un jovencísimo Matias Prats, decide buscar en la guía telefónica para llamar a un médico. 

Mientras Meca quema el coche , pero se queda observando como se consuma como hace habitualmente , pero en este caso es divisado por una policía que busca a los asaltantes. Tras ser rodeado sin que Meca lo perciba cuando le piden que se entregue se pone a disparar y productor del tiroteo es abatido.

Por su parte, Angela (Berta Socuéllamos) espera al médico que finalmente llega. Cuando el médico observa que ha recibido una bala, le dice que ha de dar parte y que debe ser atendido en un centro hospitalario. Pero ella primero le amenaza con su pistola y luego cree convencerle con dinero. Le suelta un millón de las antiguas pesetas al médico para que atienda a su chico malherido y éste, bajo el pretexto de ir a por el instrumental, se va. 

Ángela espera. Comprueba que Pablo respira con dificultada hasta que deja de respirar. Una vez que muere Ángela coge el dinero y la pistola, lo mete todo en una bolsa,  y se va. Sale a la calle y vemos como se desplaza en una caída de la tarde, mientras los niños del suburbio juegan en la calle. Acabando así la película, con este final seco, triste, abierto y con música de los Chunguitos.

Carlos Saura, director y guionista de la película Deprisa, deprisa contó con un presupuesto de 36 millones de pesetas (216 000 euros) cuyo rodaje tuvo lugar en Madrid, Getafe y en la Villa de Vallecas. Deprisa, deprisa tuvo un presupuesto de 36 millones de pesetas, y el rodaje duró nueve semanas.

Deprisa, Deprisa es un crudo y triste retrato de una generación, y un claro reflejo claro del impacto que sifrimos toda una generación, la nacida entre 1960 y 1968, a la que nos estalló la transición política y con ella la llegada de las drogas consideradas menores, pero también de otras como la heroína que empezó a consumirse masivamente en la España de finales de los años 1970 y principios de los años 1980.

No era la primera vez que Carlos Saura apostaba por una película de tema social. De hecho , su primer film Los golfos (1959) ya mostraba el cambio sociopolítico y económico producido desde los años 60 a los ochenta,  en donde los maletillas de antes son drogadictos y gente sn oficio ni beneficio. 

Según he leído antes de plantearse Deprisa, deprisa, estaba en mente un proyecto documental sobre esa clase de juventud, una especie de Callejeros. Y es así porque fue recogiendo un vasto material periodístico hasta que, de golpe, que tenía a mano un tema válido para un film; un film que se había ido construyendo gradualmente.

De ese extrarradio de Madrid abandonado a su suerte  -donde Pablo y Ángela viven—  nos muestra la marginalidad socioeconómica y moral de unos desarraigadas que, sin oficio ni benefico, se van a convertir en una generación maldita en la que ellos, al igual que yo, pudimos decir que no, aunque, aveces, lo cómodo y divertido era decir que sí. 

Carlos Saura describió la película como una historia romántica, en el sentido histórico de la palabra, como lo expresa la perspectiva del siglo XIX, que expresaba rebeldía ante la sociedad y sus reglas. De hecho he visto la película grabada como parte de Historia de nuestro cine, en concreto, en la semana destinada a Cinco amores desbocados programa de Elema E. Sánchez, en la que ha estado acompañado del crítico Luis E. Parés y en el aparecen entrevistas de archivo con Saura. 

Decía Elena Sánchez que desde la pureza del amor uno conduce a otro hasta la puertas del abismo. El título hace referencia a la repetición del Depresa, deprisa. para Saura, ya un peso pesado de nuestro cine y del cine europeo, la película fue un cambio de registro abandonando su estilo metafórico y crítico para ir a realizar una crónica más social, un poco en la línea de una de sus primeras películas, Los golfos, y en correspondencia con ese cine quinqui que triunfaba en España en los años 80, cercano igualmente al cine de acción . Sin embargo, después se alejó de este camino. A Saura lo que le interesa era reflejar que en la periferia de una gran ciudad podía haber una historia de amor comprometida . Fue la última colaboración entre Saura y Querejeta, y fue la que mejor funcionó en taquilla. 

Una parte de la crítica destacó la fuerza y la verdad de unas imágenes que seguían la vida de cuatro adolescente, pero otra, crítica de la época polemizó con el director pues la vio como una película que parecía hacer una apología del robo y de la delincuencia. Eran jóvenes desarraigados dispuestos a beberse la vida, deprisa, deprisa.

Deprisa, deprisa fue un éxito de crítica y público, y ganó el Oso de Oro de Berlín en 1981. La película tuvo excelentes críticas en Madrid y fue el mayor éxito del productor Elías Querejeta durante sus quince años de colaboración con Carlos Saura.

Sin embargo, hubo algunos críticos que juzgaron el film como uno de los peores de la extensa filmografía de Carlos Saura. Desde luego, dentro de ese género que triunfará en la España de los ochenta y que recibe el nombre de cine quinqui, y de la que yo he comentado aquí Perras Callejeras, no creo que sea la más brillante de todas.

La película también desencadenó una gran polémica por razones extracinematográficas. En Francia y Alemania Occidental se prohibió al considerar que glorifica la violencia y la cultura de las drogas. Posteriormente, sin embargo, fue admitida con clasificaciones restrictivas en ambos países.

En España, el diario ABC criticó la película por su realismo social y acusó a Saura de pagar a sus actores con drogas duras, cosa posteriormente fue confirmada por Enrique San Francisco en una entrevista para el diario El Comercio. 

Saura negó la acusación, diciendo que su reparto estaba formado por delincuentes reales, entre ellos Jesús Arias, alias el Susi, que empleaba sus permisos carcelarios para el rodaje y que tenía recursos de sobra para obtener las drogas que consumía de manera habitual, y José Antonio Valdelomar, un delincuente que cometía atracos con asiduidad. 

Para el crítico que participó en el debate de Historia de nuestro cine, Parés, Deprisa, deprisa sigue ejerciendo un extraño poder de atracción que va más allá del simple elemento quinqui de la trama y la sensación de fatalidad que la acompaña desde el primer minuto. Es probable que tenga que ver con los actores, todos aficionados y de escasos registros, pero capaces de condensar en un simple gesto toda la confusión y verosimilitud que exigen sus personajes, pero puede que sean menos convincentes que los personajes que participan en la películas de José Antonio de la Loma o Eloy de la Iglesia, dos de los principales representantes de este cine quinqui.

Carlos Saura, manifestó que no tuvo la intención de hacer un documento sociológico sobre la juventud suburbana, la delincuencia juvenil o la marginación social. La película era ficción, una historia de amor entre jóvenes y su forma de vivir deprisa en el cinturón industrial de una ciudad determinada, en su caso Madrid. Saura quiso reflejar una forma de vida, sin imponer una moral a los personajes y hechos que recogía su película. 

Durante la preparación de la película, Saura conoció los ambientes de los barrios periféricos de Madrid y durante dos meses realizó pruebas con vídeo entre la gente joven que los habitaba, hasta concretar los actores naturales que intervendrían en su filme. 

El rodaje se realizó en el verano de 1980 en diversas calles, discotecas y paisajes de Madrid. La naturalidad de los desconocidos intérpretes fue una de las aportaciones de la película, y la misma frescura de la pareja protagonista impresionó al público berlinés. En aquella ocasión los protagonistas declararon que el cine había llegado por casualidad y de la misma forma se marcharía de sus vidas.

Sin embargo, lo que más me ha gustado de la película es ver el estado de esa España de los ochenta, con sus cabinas, sus Seat 127, sus Ritmo y sus 124 o los Supermirafiori, de un Madrid cutre con su reluciente M-30 y con unas barriadas que han cambiado de habitantes, pero , a veces, no han ganado calidad de vida.

Por supuesto, Saura maneja bien el lenguaje de la época y la música de esos ambientes marginales, alejados de la movida madrileña que parecía gustar, aunque parezca increíbles de la música de “Los Chunguitos”, cuando otros con sus edades y en esa misma época lo haciamos con Los Secretos, Nacha Pop, Siniestro total o Golpes Bajos. En eso  Saura parece que apostó por el mal gusto, pues el dial de la radio podía moverle a un lado y a otro.

Pero no olvidemos que la realidad supera a la ficción y que el 12 de marzo de 1981, el diario El País anunciaba esta noticia. El protagonista de "Deprisa, deprisa", detenido tras atracar un banco.

José Antonio Valdelomar González, de veinticuatro años de edad, protagonista principal de la película de Carlos Saura Deprisa, deprisa, galardonada hace dos semanas con el primer premio del festival cinematográfico de Berlín, fue detenido ayer en Madrid tras atracar un banco en la madrileña calle de Ríos Rosas. A poco de conocerse la noticia, tanto el director de la película, como su productor, Elías Querejeta, se mostraron totalmente sorprendidos por el comportamiento de Valdelomar. 

El actor de Deprisa, deprisa, que se estrenará en España el próximo día 30, cuya historia trata del mundo de los delincuentes juveniles y que está interpretada en algunos papeles por personajes reales, fue arrestado en compañía de Manuel Sola Téllez, de veintitrés años. Ambos poseen antecedentes penales y están considerados por la policía como delincuentes.El atraco tuvo tintes cinematográficos, y los dos detenidos utilizaron la ya vieja técnica de los atracos bancarios. Los dos jóvenes irrumpieron en el Banco de Vizcaya, ubicado en Ríos Rosas, 46, alrededor de las once de la mañana, armados con una pistola Vesta del calibre 7,65 milímetros y una Star del nueve corto, y con los rostros cubiertos con medias de naiIon. Uno de los dos permaneció vigilando a empleados y clientes, a los que obligó a arrojarse al suelo, mientras el otro logró apoderarse de 167.000 pesetas.A continuación huyeron a pie por la calle de Modesto Lafuente, en dirección a la de Espronceda. Frente al número 91 de la calle de Zurbano, los atracadores robaron a punta de pistola un taxi, del que obligaron a descender a su conductor, Felipe Moreta Solano, el cual presentó la correspondiente denuncia. 

Tras apoderarse del vehículo, emprendieron una rápida huida a través del paseo de la Castellana, en cuya confluencia con la calle de Bárbara de Braganza colisionaron con un Renault-6 ocupado por dos personas, al parecer una pareja de novios, que sufrieron heridas de carácter leve. Fueron detenidos por inspectores de policía que les perseguían a bordo de un coche «K» (camuflado) de la Brigada Central de Información. 

José Antonio Valdelomar llevaba aún entre su documentación el contrato del filme que le ha hecho famoso. Elías Querejeta, productor de Deprisa, deprisa, declaró a Efe que el comportamiento de José Antonio Valdelomar fue espléndido en todo momento durante las sesiones de trabajo. «Tanto durante el rodaje de la película, como en Berlín, en el transcurso del festival y de la rueda de Prensa a la que asistió, su actitud ha sido en todo momento irreprochable», manifestó. «Estoy conmocionado por el suceso. Es una persona encantadora, de trato inmejorable y con un gran sentido de la amistad, así como una absoluta responsabilidad en el trabajo. Esta opinión es compartida por todos los que han participado en el rodaje de la película y han tenido relación con él ». 

Por su parte, Carlos Saura, director de la película, declinó hacer declaraciones sobre el tema hasta tener datos más concretos, ya que, al igual que Querejeta, considera lo ocurrido como «un hecho gravísimo para tomarlo a la ligera ». 

Sin embargo, la vida es como es y lo cierto es que los caminos recorridos por sus cuatro protagonistas fueron diferentes. Berta Socuéllamos, extremeña, de 17 años , (Ángela  en la película) , nunca más se puso delante de una cámara, y no quiso volver a saber nada el cine. Se casó con un actor de esta película, José María Hervás Roldán, Sebas El Peque, que desapareció del cine como entró, sin ruido, al igual que María del Mar Serrano ( María en la película) .

José Antonio Valdelomar (Pablo) murió por una sobredosis de heroína el 11 de noviembre de 1992 y era vecino del barrio de Villaverde Alto. Era adicto a las drogas , fue reclutado por Saura en un casting para actores no profesionales. Por su papel, cobró una suma de 300.000 pesetas , dinero que invirtió en un negocio familiar de venta de discos que fue a la quiebra. 

Después del rodaje y antes del estreno, tal y como hemos leído y reflejado aquí, Valdelomar fue detenido en ocasión de un atraco a mano armada en una sucursal bancaria . 

Después de pasar varias veces por la cárcel por distintos hechos delictivos, fue encontrado muerto de sobredosis por heroína en noviembre de 1992 en la ya desaparecido cárcel de Carabanchel (Madrid), donde se encontraba detenido. El cadáver de Valdelomar, de 34 años y apodado El Mini tenía ya anticuerpos del SIDA. Carlos Saura comentó de él que " El Mini era un chico encantador",  "nunca tuvimos problemas con él. En Berlín nos lo pasamos muy bien". 

Las malas lenguas dijeron que se drogaba con heroína durante el rodaje del filme, con el fin de darle un mayor realismo. Sin embargo, Carlos Saura, como el productor de la misma, Elías Querejeta, desconocían que Valdelomar acudiera a los rodajes bajo los efectos de la heroína. 

Por su parte, Jesús Arias Aranzueque, Meca en la película, 1960-1992, si retornó una segunda vez al mundo del cine y trabajó igualmente en El bosque animado. Fue reclutado por Saura en un casting para actores no profesionales. 

Después del rodaje y antes del estreno, Jesús Arias fue detenido, pasando por la cárcel de carabanchel y otros centros penitenciarios. Falleció en Zumárraga antes de cumplir los 32 años. Sus restos, no reclamados, fueron incinerados en Zumárraga lugar al que fue a intentar desintoxicarse 2007. La causa de su muerte fue una hemorragia digestiva y el sarcoma de Kaposi, que tenían su origen en el SIDA, siendo esta , oficialmente, la causa de la muerte. 

De los que nos hicimos esa foto y que viviamos con nuestros 17 y 18 años en un mundo con las mismas opciones que los protagonistas encontramos en un momento dado que el camino de nuestra vida se bifurcaba. Podiamos optar por cualquiera de las dos opciones. Estaba en nuestra mano y podíamos proseguir por uno y por otro. A un lado estaba el camino que te llevaba al exceso y al entretenimiento, a la vida loca, a lo mucho guay que había; el otro, era un camino largo, tortuoso, lleno de los sinsabores que supone el estudiar, a veces cosas que te interesaban, y otras que detestaban. Optamos por lo difícil.   Tomamos el segundo. 

Desde luego, hoy no me arrepiendo. Muchos de mis compañeros de banca y de escuela, compañeros de juegos en el patio, aunque no de los que salimos en la foto que comentaba al principio, tomaron la primera vía, ese camino que te permitía acortar y tomarte la vida deprisa, deprisa. Hoy, muchos de ellos - muchos, porque fueron muchos- ya no están entre nosotros. Lo siento por ellos hasta el infinito, sin embargo, tengo que reconocer que me alegro por nosotros, por todos los que estamos en la foto. Es cierto que vivimos más lentamente, pero hoy, al menos, lo contamos.


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